Esta frase archirrepetida de Simone de Beauvoir conforma la cara de un cubo anunciando, en una de las puertas del parque de doña Casilda de Bilbo, el 8 de marzo de 2015: “La mujer no nace, se hace”. Una frase de ayer aviso a navegantes de hoy. Pero para que no se nos olvide, la escritora Coral Herrera nos recuerda en su libro “Más allá de las etiquetas” que asimismo “los hombres no nacen, se hacen”. Porque como ayer, la reivindicación y deseo de mujer sigue tropezando con la realidad del hombre macho de hoy; no lo olvidemos, también ellas viven una sola vez.
Hasta el 15 de junio de 2012, muy poca gente sabía en Paraguay quién era Rubén Villalba. Campesino como muchos, dirigente de su comunidad, como muchos también, Rubén pertenecía a una organización campesina pequeña con base en la zona de Curuguaty. No hacía muchos años se había asentado en ese lugar. Nacido en un pequeño pueblo del departamento de Paraguarí, la historia de Rubén es similar a la de muchos campesinos sin tierra que migran en busca de un lote en alguna parte.
Pero en la historia de Rubén hay algo más que marcó su militancia campesina: el servicio militar obligatorio, que le tocó cumplir siendo un adolescente. La tarea que le asignaron fue la de participar de desalojos a campesinos. Después de dos años de ser parte forzada de la violencia contra su propia gente, desertó. Transcurrían los tiempos tenebrosos del gobierno de Stroessner.
Imposibilitado de volver a su pueblo, migró como tantos campesinos desplazados a la capital. En esa vida de vendedor callejero se convenció de la necesidad de regresar a la tierra.
Pero en la historia de Rubén hay algo más que marcó su militancia campesina: el servicio militar obligatorio, que le tocó cumplir siendo un adolescente. La tarea que le asignaron fue la de participar de desalojos a campesinos. Después de dos años de ser parte forzada de la violencia contra su propia gente, desertó. Transcurrían los tiempos tenebrosos del gobierno de Stroessner.
Imposibilitado de volver a su pueblo, migró como tantos campesinos desplazados a la capital. En esa vida de vendedor callejero se convenció de la necesidad de regresar a la tierra.



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