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Los procesos políticos progresistas que han venido hegemonizando el escenario latinoamericano los últimos quince años viven momentos cruciales. Cuestiones que afectan al eje vertebrador de las identidades programáticas e históricas de las fuerzas que componen estos gobiernos están encima de la mesa, tornándose objeto de disputa, no sólo frente a los enemigos de los procesos, situados en la derecha, el neoliberalismo y, en no pocos casos, en el golpismo, sino también en el ámbito interno de las complejas redes y movimientos que han venido ejerciendo un rol de sostén externo de las políticas de esta oleada progresista, y que suponen su expresión más genuinamente popular.El 11 de diciembre de 2014, el Ministerio de Inclusión Económica y Social de Ecuador trasladaba a la CONAIE, organización que encabezó con altas dosis de combatividad la resistencia al modelo neoliberal en los años noventa, la finalización del derecho de usufructo del que gozaba sobre su histórica sede en Quito, lo que se ha interpretado como un ataque motivado por sus posturas críticas respecto a la línea de priorización de grandes proyectos de desarrollo que parece ganar peso, no sin debate, en el seno del ejecutivo de Correa en los últimos tiempos.
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