Un golpe institucional y antidemocrático que no reconoce la voluntad de 54 millones de electores
sábado, 14 de mayo de 2016
Declaración del MST sobre el Impedimento de la presidenta Dilma al pueblo brasilero
Colonialismo, neocolonialismo y balcanización: las tres edades de una dominación
Investig'Action
| Traducido del francés por Beatriz Morales Bastos |
Iraq, Libia, Sudán, Somalia, etc., la lista de naciones que han saltado en pedazos tras una intervención militar estadounidense y/o europea no deja de aumentar. Parece que al colonialismo directo de una «primera edad» del capitalismo y al neocolonialismo de una «segunda edad» les sucede ahora la «tercera edad» de la balcanización. Paralelamente se puede constatar una mutación de las formas del racismo. Después de la Segunda Guerra Mundial el racismo culturalista sucedió al racismo biológico y desde hace varias décadas el primero tiende a presentarse a partir de lo religioso bajo la forma dominante por ahora de la islamofobia. En nuestra opinión, estamos en presencia de tres historicidades estrechamente vinculadas: la del sistema económico, la de las formas políticas de la dominación y la de las ideologías de legitimación.
La disputa entre el Mercosur y los TLC
Semanario Voces
En la Agrupación Nacional de Gobierno del Frente Amplio (FA), realizada el 5 de mayo, se discutió abiertamente sobre la conveniencia de que el MERCOSUR mantenga o sustituya la Resolución 32/00: “el compromiso de los Estados Partes del MERCOSUR de negociar en forma conjunta acuerdos de naturaleza comercial con terceros países o agrupaciones de países extrazona en los cuales se otorguen preferencias arancelarias ” .
Mientras se procesaba ese imprescindible debate el
gobierno uruguayo ya había presentado una propuesta al Mercosur (ver
recuadro), para posibilitar que se puedan firmar Tratados de Libre
Comercio bilaterales o plurilaterales al margen de la posición de los
demás países miembros.
viernes, 13 de mayo de 2016
Paraguay: El caso de los seis dirigentes campesinos presos políticos del Estado Argentino y Paraguayo
Asalto al poder en Brasil
Una pandilla de bandidos tomó por asalto la presidencia de Brasil. La integran tres actores principales: por un lado, un elevado número de parlamentarios (recordar que sobre unas dos terceras partes de ellos pesan gravísimas acusaciones de corrupción) la mayoría de los cuales llegó al Congreso producto de una absurda legislación electoral que permite que un candidato que obtenga apenas unos pocos centenares de votos acceda a una banca gracias a la perversa magia del “cociente electoral”. Tales eminentes naderías pudieron destituir provisoriamente a quien llegara al Palacio del Planalto con el aval de 54 millones de votos. Segundo, un poder judicial igualmente sospechado por su connivencia con la corruptela generalizada del sistema político y repudiado por amplias franjas de la población del Brasil. Pero es un poder del estado herméticamente sellado a cualquier clase de contraloría democrática o popular, profundamente oligárquico en su cosmovisión y visceralmente opuesto a cualquier alternativa política que se proponga construir un país más justo e igualitario. Para colmo, al igual que los legisladores, esos jueces y fiscales han venido siendo entrenados a lo largo de casi dos décadas por sus pares estadounidenses en cursos supuestamente técnicos pero que, como es bien sabido, tienen invariablemente un trasfondo político que no requiere de mucho esfuerzo para imaginar sus contornos ideológicos. El tercer protagonista de esta gigantesca estafa a la soberanía popular son los principales medios de comunicación del Brasil, cuya vocación golpista y ethos profundamente reaccionario son ampliamente conocidos porque han militado desde siempre en contra de cualquier proyecto de cambio en uno de los países más injustos del planeta. Al separar a Dilma Rousseff de su cargo (por un plazo máximo de 180 días en el cual el Senado deberá decidir por una mayoría de dos tercios si la acusación en contra de la presidenta se ratifica o no) el interinato presidencial recayó sobre oscuro y mediocre político, un ex aliado del PT convertido en un conspicuo conspirador y, finalmente, infame traidor: Michel Temer. Desgraciadamente, todo hace suponer que en poco tiempo más el Senado convertirá la suspensión temporal en destitución definitiva de la presidenta porque en la votación que la apartó de su cargo los conspiradores obtuvieron 55 votos, uno más de los exigidos para destituirla. Y eso será así pese a que, como Dilma lo reconociera al ser notificada de la decisión senatorial, pudo haber cometido errores pero jamás crímenes. Su límpido historial en esa materia resplandece cuando se lo contrasta con los prontuarios delictivos de sus censores, torvos personajes prefigurados en la Ópera del Malandro de Chico Buarque cuando se burlaba del “malandro oficial, el candidato a a malandro federal, y el malandro con contrato, con corbata y capital”. Ese malandraje hoy gobierna Brasil.
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