martes, 28 de octubre de 2014

La investigación y los apoyos a la innovación deben estar al servicio de un modelo de agricultura y alimentación sano, sostenible y socialmente justo


Comunicado de Prensa, Bruselas 28 de Octubre 2014


La innovación es un proceso clave para el mantenimiento de la pequeña agricultura y la agricultura familiar y para construir un modelo de producción agrícola y alimentaria, socialmente justa, sostenible y sana. Este modelo perdura en el tiempo y es viable pero necesita un apoyo claro a través de las políticas y si se le reconoce y apuntala su compromiso con la innovación. El futuro del medio rural reside en el adecuado enfoque y en la correcta solución a los problemas que afrontamos diariamente los y las agricultores campesinos a través de procedimientos innovadores, que permitan el desarrollo de una agricultura acorde con su entorno y con el medio en el que se tiene lugar.
Por ello, la Coordinadora Europea Vía Campesina celebra el seminario “Pequeñas granjas y mejores sistemas alimentarios ¿Cuál es la mejor manera de integrar a estos actores de la innovación local en las políticas y la investigación en Europa?”.
El principal objetivo del mismo es trazar las vías para que la investigación y las políticas de innovación puedan acompañar a la necesaria innovación en el medio rural, en estrecha relación con los campesinos, los consumidores y otros agentes de la sociedad civil y para una alimentación más local, sostenible y de calidad, y en el marco de la Política Agrícola Común (PAC). Para ello, se contará con un variado grupo de testimonios de interés de campesinos y de distintos ámbitos de la sociedad civil, así como representantes de las diferentes instituciones Europeas.
Una vez se ha reconocido que el modelo de agricultura industrial y productivista genera múltiples problemas, desde el punto de vista medioambiental, social y de abandono del medio rural, como ha hecho incluso la Comisión Europea, se debe dar un paso adelante, de manera que la investigación y los fondos asociados cambien esa dirección.
En este sentido, es crucial la participación de la sociedad civil desde el primer momento y todos los procesos de decisión: la innovación debe incluir, de una manera clara, a los y las campesinas y los consumidores, para desarrollar una agricultura y una alimentación en el marco de la soberanía alimentaria. El agricultor, el campesino y la construcción de un modelo de agricultura social, sostenible y sano deben estar en el centro y ser objetivo final de la innovación y la investigación.
Algunos campos relevantes en los que se ha de trabajar son, entre otros, la innovación en respuesta a las demandas del consumidor para el desarrollo de nuevos modelos de comercialización, especialmente en circuitos cortos de comercialización y venta directa; la innovación en modelos agroecológicos, mediante el desarrollo prácticas agrarias sostenibles social, económica y medio ambientalmente; o en el fomento de estrategias de innovación en recursos fitogenéticos, apartándonos del error de financiar la I+D+i en cultivos transgénicos, para centrarnos en actuaciones de conservación in situ por agricultores o en el fomento de la investigación participativa en conservación, caracterización y el uso de variedades locales de cultivo.
La Unión Europea debe apostar por una investigación e innovación que posibilite y favorezca la agricultura dirigida a la alimentación, con el agricultor campesino y el consumidor como pilares, frente la investigación y la innovación que prime una agricultura para el negocio.
Contactos:
  • Genevieve Savigny (FR-EN) móvil: 0033625551687
  • Jose-Miguel Pacheco (PT) móvil: 00351918736441
  • Andoni García Arriola (ES) móvil: 0034 636451569

Presentación de Francisca Rodríguez en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares


(En representación de La Vía Campesina)

Roma, 27-29 octubre 2014

Saludamos y celebramos esta oportunidad de diálogo por la inclusión social entre los movimientos populares, el Pontificio Consejo Justicia y Paz, el Papa Francisco y los Obispos aquí presentes. Esperamos contribuir y cooperar en pos de hacer realidad en todo momento y lugar  los principios de dignidad de la persona humana, del bien común y de la solidaridad.
Las y los campesinos del mundo somos pueblos, comunidades, organizaciones y familias altamente diversas. Representamos distintas culturas, visiones de mundo, formas de trabajo, visiones y convicciones políticas y religiosas, pero nos unen nuestros sueños y nuestras luchas por seguir siendo mujeres y hombres del campo y por seguir existiendo como pueblos originarios, agricultores, criadores, recolectores, pastores, pescadores.
Nos enorgullecemos de ser lo que somos, no queremos migrar forzadamente a las ciudades o al extranjero. Queremos seguir cumpliendo nuestro papel fundamental: alimentar a la humanidad con nuestro trabajo, nuestros saberes y nuestros bienes naturales,  asegurando que el derecho a la alimentación se cumpla para todos y todas sin excepción, y que la Madre Tierra sea cuidada mientras de ella obtenemos el sustento. 

En este caminar y batallar, reconocemos  la influencia de la Iglesia Católica y los esfuerzos de sectores importantes de ella  por acompañar a los sectores populares.

Somos la inmensa mayoría de quienes trabajamos y vivimos en el campo y casi la mitad de toda la humanidad, pero accedemos a menos de un cuarto de toda la tierra, luego de siglos de despojo creciente y violento. Con la poca tierra que aún logramos mantener, producimos la mayor parte de los alimentos en el mundo.
Sin embargo, la concentración de la tierra en manos de los capitales y la especulación  continúa, aumentando su violencia en la medida que resistimos.
Este despojo y  acaparamiento de la tierra y los territorios, el agua, los recursos naturales y hasta el aire,  han sido las consecuencias del avance sin freno del capital sobre el campo y sobre los trabajadores rurales. Los Estados y Organismos Internacionales, incluso las propias Iglesias, han ido cediendo a las presiones y  aceptando que se les despoje de sus poderes, deberes y funciones de proteger y defender el bien común.
Estamos así atrapados en un mundo dominado por el capital y las lógicas de mercado. La expansión del agronegocio y los monocultivos, el uso cada vez mayor de los agrotóxicos, la explotación del trabajo, la eliminación alarmante de fuentes de trabajo, la concentración cada vez mayor de los mercados y el secuestro de la ciencia y la tecnología para ponerla al servicio del capital, son  procesos que se impulsan desde las esferas del poder como una realidad incuestionable.
Las consecuencias son claras. A la contaminación y el deterioro de nuestro entorno, se suma el aumento de la desigualdad y el número de personas hambrientas, obesas y enfermas. El agronegocio no busca alimentarnos, sino aumentar sus ganancias. Las enfermedades son parte importante de su negocio: las mismas transnacionales que nos enferman nos venden luego los fármacos que no nos curan, pero nos mantienen funcionando.
Los problemas que sufrimos en el campo tienen un impacto fuerte en la ciudad. La migración deteriora la vida de todos, la pérdida de los valores y la  cultura. El abandono de nuestros sistemas alimentarios nos va enfermando y quitando el sentido de comunidad. La inseguridad laboral y de fuentes de ingreso se combinan con  el endeudamiento y el consumismo, lo que  va rompiendo lazos de solidaridad y reciprocidad, despojándonos de la conciencia social. Aumenta la violencia doméstica e institucional, vemos cómo la droga se abre paso mientras las autoridades se niegan a ver a los verdaderos traficantes y criminalizan a la población. El respeto a los derechos sociales y económicos se ha transformado en asistencialismo, con políticas y programas que sólo buscan compensar algunos impactos, pero no nos permiten avanzar en una senda liberadora.

Queremos enfatizar que no dejamos la tierra de manera voluntaria. La mayoría de nosotros y nosotras  recurrimos a diversos trabajos y generamos múltiples estrategias de sobrevivencia por mantenernos en la tierra. Esa tenacidad es lo que las autoridades llaman la “multifuncionalidad”  o nos señalan como trabajadoras “polivalentes”, como si fuera un titulo importante o algo deseado. 

Las verdaderas causas  que nos obligan a emigrar y dejar la tierra están en  la falta de adecuadas políticas agrarias y  de programas  acordes con las necesidades de la agricultura campesina y de nuestras prácticas productivas para la alimentación de los pueblos. 

Todo esto  contrasta con el apoyo amplio de la mayoría de los gobiernos y los organismos internacionales al gran capital, permitiendo el estrangulamiento económico, el arrinconamiento físico, el abuso cada vez mayor por parte de las grandes empresas que van despojando de los derechos laborales a las y los trabajadores y conformando nuevos enclaves de trabajo esclavo.

A eso se suman  las trabas cada vez mayores que nos van imponiendo para comercializar nuestra producción de manera justa, el no reconocimiento de nuestros derechos sobre la tierra, el agua,  los bosques,  el desprecio de nuestros conocimientos y  culturas,   en fin, el despojo de nuestra propia identidad. 

Es extremadamente grave el ataque que hoy sufren nuestras semillas.  Hace ya más de doce años que levantamos una campaña mundial por su defensa, por defender  nuestras prácticas  milenarias de cuidarlas, mejorarlas, cultivarlas e intercambiarlas. Son prácticas que  con el paso de los siglos se han constituido en derechos fundamentales y sagrados los pueblos indígenas, y para los hombres y mujeres del campo. 

Este ataque,  dirigido por las mayores transnacionales del mundo, encabezadas por Monsanto, es  apoyado o avalado por la mayoría de los gobiernos y organismos internacionales que sucumben ante sus presiones y amenazas.  

Estamos en un momento crítico, en que necesitamos juntar fuerzas con los más amplios sectores para que nuestra resistencia logre evitar que las leyes conviertan en un crimen nuestras prácticas de cuidado e intercambio que hicieron posible la creación y expansión de la agricultura.

La ciencia al servicio del capital no solo  pone en peligro nuestras semillas y cultivos, también la vida de la Madre Tierra. La ingeniería genética en sus muchas formas y los organismos transgénicos son un ataque a la sacralidad de la vida por parte de empresas que juegan a ser dioses con el único fin de maximizar sus ganancias y dominar el mundo. 

Bajo falsas promesas de mayor productividad, a pesar que las pruebas indican lo contrario, las empresas con la ayuda de muchos gobiernos están imponiendo los organismos y cultivos transgénicos, que contaminan nuestros suelos, nuestros cultivos, nuestros alimentos y nuestros cuerpos.

Mientras resistimos, conservando y cuidando nuestras propias semillas, las transnacionales de los agronegocios presionan a los gobiernos del mundo para que acepten las semillas Termineitor, semillas desnaturalizadas que no pueden vivir si no reciben sustancias químicas que nos venderán las mismas empresas. 

También hay complicidad entre empresas y muchos gobiernos cuando buscan imponer como solución la mal llamada agricultura climáticamente inteligente, que profundiza la destrucción ambiental, aumenta la concentración y control de las transnacionales, y agrava los ataques a nuestra autonomía y todos los procesos que nos expulsan de la tierra.

La ciencia ha sido censurada para que no investigue seriamente y de verdad los efectos de los transgénicos a corto y largo plazo. Así, las y los científicos honestos no puedan dar la voz de alarma sobre lo que efectivamente está ocurriendo. 

Visto de esta manera nos atrevemos afirmar que estamos frente a un proceso de destrucción masiva de las distintas formas de vida -incluida la nuestra-  donde no se permite que la ciencia real  haga su trabajo de ir descubriendo lo que ocurre y alertando al respecto.

Las comunidades y las familias rurales que tienen la desgracia de quedar encerradas en un mar de cultivos transgénicos sufren graves daños en su salud con tasas alarmantes de cáncer, abortos espontáneos en las trabajadoras  y  nacimientos de niños con deformaciones congénitas, condenados  a morir. 

Las intoxicaciones masivas conllevan pérdidas de vida y no sólo de la vida humana. También nuestros animales se afectan, las aves  se enferman y mueren  por los agrotóxicos, la tierra y las  fuentes de agua son agotadas o contaminadas. Lo cierto es que, por sobre todo, los cultivos transgénicos producen hambre y pobreza, ya que nos expulsan y su fin primordial es producir materias primas industriales, no alimentar a las personas.

Nuestras tierras y territorios así como nuestros bosques y nuestras  aguas están siendo arrasadas igualmente por la minería y los mega-proyectos

En muchos países sufrimos las consecuencias de  las guerras declaradas y no declaradas por las fuerzas armadas regulares, los paramilitares o los narcotraficantes, cuyo fin es oprimirnos, mantener la industria bélica  y otros negocios de los grandes capitales. Para esto, criminalizan nuestras luchas y cada día sufrimos la muerte, encarcelamiento y el montaje de juicios contra las y los dirigentes líderes y  militantes. 

Las situaciones son graves, alarmantes e indignantes, como por ejemplo en Afganistán, África Occidental, Colombia, Guatemala Honduras, Kurdistán, Paraguay, México,  Palestina, Siria, Sudán, sólo por nombrar algunos de los casos más dramáticos y serios.  

A pesar de todo lo señalado,  seguimos resistiendo aferradas y aferrados a la tierra  para mantenernos en el campo y defender su función social,  que es  “Alimentar a los pueblos.” 

Estamos acá,  amigos y compañeras y compañeros,  porque entendemos que ésta es una lucha difícil y de largo aliento. Somos hombres y mujeres organizados. Somos parte de la Vía Campesina, un movimiento amplio, con presencia mundial donde defendemos el derecho y el sueño a seguir siendo campesinos y pueblos del campo, donde luchamos por el buen vivir de todas y todos. Somos un movimiento que ha logrado elaborar propuestas de vida, trabajo y convivencia digna entre todos y todas. 

Cuando los gobiernos dijeron que  garantizar  la seguridad alimentaria se basaba en generar la  capacidad para adquirirla, tuvimos la convicción y la sabiduría de afirmar que la alimentación no podía convertirse en un negocio por ser un derecho humano fundamental. Entonces  proclamamos  la Soberanía Alimentaria,  como un derecho  fundamental  de los pueblos a definir, desarrollar y mantener   la agricultura campesina y sus sistemas de alimentación. 

La fuerza y justeza de nuestro planteamiento  radica en que junto a un gran número de otros movimientos y redes sociales, fuimos llenándolo de contenido hasta concluir que la Soberanía Alimentaria es  un principio de vida que se sostiene, se defiende y no se negocia.  

La Soberanía Alimentaria comprende  nuestro derecho a la tierra y los territorios, al agua,  a nuestras semillas y nuestro ganado, a los bienes naturales,  a nuestras formas culturales de producir y cuidarlos. 

La soberanía alimentaria da prioridad a las economías  y a los mercados locales y nacionales para asegurar que nuestro trabajo sea compensado de manera justa y nos permita vivir dignamente.  

La soberanía alimentaría exige nuevas relaciones sociales libres de opresión y desigualdades, y la libertad para ejercer nuestro trabajo,  para vivir dignamente y permitir la vida digna del resto de la humanidad. 

Luchamos por dejar detrás todos los prejuicios discriminatorios y sexistas para avanzar hacia una nueva visión del mundo, construida sobre los principios de respeto, de igualdad, de justicia, de solidaridad, de paz y de libertad. Asumimos que la lucha por erradicar la violencia en el campo y en particular la violencia que sufren las mujeres y  la igualdad entre los sexos es primordial. Ya no queremos soportar la opresión de sociedades tradicionales, ni de las sociedades modernas, que sostienen los sistemas patriarcales.

Esperamos de este encuentro herramientas importantes para avanzar en nuestras luchas y en la solidaridad entre todas las luchas populares: quisiéramos que este diálogo permita sensibilizar a los miembros de los movimientos populares y de la Iglesia Católica frente a los problemas específicos que enfrentamos. 

Buscamos esto convencidas y convencidos que la permanencia de la agricultura campesina y de los pueblos indígenas, junto a las otras formas populares de pesca, recolección, crianza animal y caza son la única garantía real de acabar con el hambre, la mala alimentación y el deterioro ambiental tanto en el campo con la ciudad.

El año que está terminando fue declarado por Naciones Unidas como el Año Internacional de la Agricultura Familiar. La organizaciones del campo abogamos por  que a esta definición había que ponerle nombre y apellido, por tanto  lo declaramos el Año Internacional de la Agricultura Familiar Campesina e Indígena.

Pero también señalamos que frente a la situación en que se desenvuelve nuestra agricultura, no bastaba un año, pues no sólo vivimos y nos desarrollamos de halagos, reconocimientos vacíos  o de buenas intenciones. Lo que requerimos son políticas públicas basadas en el bien común y en el buen vivir de la gente. 

Requerimos pueblos soberanos para garantizar Soberanía Alimentaria a la humanidad. La alimentación no puede ni debe ser un negocio; es un derecho humano que los Estados deben garantizar y por tanto deben proteger sus agriculturas y a quienes continuamos en esta sagrada labor de producir los alimentos para los pueblos. Por tanto, aquí se requiere mas de un año para volver las aguas a sus cauces. 

Por eso clamamos ¡Soberanía alimentaria ya!

No podemos continuar  aceptando lo mil millones de hambrientos, ni un millón, ni cien mil,  ni un hambriento mas  en el mundo, como si esto fuera una causa natural. Los pueblos con hambre y que no producen su propia comida son pueblos atrapados en la sobrevivencia,  que no puede pensar y decidir libremente, no pueden ser independientes, no pueden resistir ni proyectarse a futuro, no pueden ser libres ni soberanos. 

Nos parecería importante un pronunciamiento de la Iglesia y los movimientos populares que ponga la defensa de la alimentación y por ende de la agricultura campesina e indígena,  en el centro de las luchas sociales.

No podemos subordinar el bienestar de todas y todos los trabajadores a las pretensiones de acumulación de capital.

Queremos explicar a todas y todos el porqué de nuestras luchas específicas:

Luchamos por una reforma agraria integral y popular, porque sin tierra y sin territorios no somos pueblos, no somos libres ni somos dignos y esta es no solo una lucha de las y los campesinos.
Luchamos por el fin del agronegocio. Creemos que la sociedad debe limitar las pretensiones de lucro cuando eso impide la dignidad humana,  el buen vivir y el cuidado de la naturaleza, poniendo en peligro el futuro de todas y todos.

Por las mismas razones, luchamos por el fin de los tratados de libre comercio en la agricultura.

Luchamos por recuperar y fortalecer nuestras formas de hacer agricultura campesina e indígena de base agroecológica. Solo así podemos asegurar la alimentación para cada persona mientras simultáneamente cuidamos la Madre Tierra y revertimos las causas del calentamiento global. 

Luchamos  por el fin de los cultivos transgénicos en todas sus formas,  porque no aportan al bienestar de nadie, porque desde nuestros saberes tenemos alternativas muy superiores.

Luchamos porque la dignidad, la justicia, la paz, la libertad, el bienestar, el respeto y el aprecio sea para todas y todos, luchamos por la igualdad entre los sexos, que incluye la valorización del papel de las mujeres en la agricultura y la alimentación, su aporte económico al sostenimiento de las familias y en la construcción cultural  y espiritual

Luchamos por poner fin a la violencia doméstica e institucional y por el derecho a la autodeterminación.
Porque no hay vida si no hay futuro, luchamos porque haya condiciones para que nuestros hijos e hijas, nuestros nietos y nietas, sus nietos y nietas, tengan la posibilidad real de permanecer en el campo y saber que tendrán una vida digna para ellas y ellos, y para las futuras generaciones.

Ofrecemos en reciprocidad nuestro esfuerzo y compromiso por comprender en profundidad los problemas  específicos del conjunto de los movimientos sociales, de sus resistencias, y unirnos para impulsar nuestras  luchas  comunes.
Del mismo modo, nos esforzaremos por comprender  las particularidades de las preocupaciones y los compromisos de la Iglesia Católica.
Nos comprometemos a participar en estos días y en el futuro en la búsqueda de tareas y esfuerzos comunes, a desplegar nuestra solidaridad de manera más cotidiana y a juntar fuerzas en la búsqueda de la dignidad, la justicia, la paz y el buen vivir.

¡GLOBALICEMOS LA LUCHA!  ¡GLOBALICEMOS LA ESPERANZA!

La Guerra entre narcos como continuación de la política por otros medios

Paraguay

Publicado en: El Correo de la Diaspora Latino Americane 




La muerte del periodista Paulo Medina acribillado a balazos en Curuguaty forman parte del asenso a la mafiocracia, es el poder de las mafias institucionalizada. Es necesario precisar que en Paraguay desde hace mucho tiempo han existido la Narco-política, después del horrendo crimen nuevamente salió en la palestra el termino Narco-política, siempre han existido denuncias, opiniones que en épocas electorales las mafia tenían su candidato que lo financiaban, también históricamente fue aliados de los partidos tradicionales y tenían vinculaciones con los grandes medios de comunicación privados, tales así que hechos y crimen de esta naturaleza en su mayoría quedaron  en absoluta impunidad, siempre los medios privados se encargan desde su teatro de operaciones sicológica para amortiguar los efectos utilizando las manipulaciones mediáticas, hasta quedarse en algún momento en el olvido.
Ahora el asenso del partidocracia a la mafiocracia va más allá de la Narco-política, en este procesos se van trascendiendo y surgen figuras conocidos de Político-Narco, es la transición de la Narco-Política a la aparición de Político-Narco al frente de las instituciones gubernamentales, el peligro que representa esta realidad es que llevan a imponer la criminalidad por encima a cualquier institucionalidad.
La mafiocracia se consolida con el pacto del poder político, entre los narco empresarios con sus aliados transnacionales, es una expresión y acuerdos entre Político-Narco para la narco-política en la globalidad. Mientras la mafiocracia se mueve con ese carácter transnacional, los Político-Narco se mueven en el ámbito local y regional, el proceso de colombianización que muchos se hablan en Paraguay, es una realidad y no solo una hipótesis, las consecuencia es traer más criminalidad, mas violencia y mas impunidad, convirtiendo el terror como cotidiano para la sociedad, todos ellos seguirán contando con el aval de los poderes judiciales, policiales, militares y paramilitares.   


La guerra desatada abiertamente entre los narcos en Paraguay en los actuales momentos, es la continuación de la política por otros medios, es resultado de una transición de la Narco-Política al nuevo rumbo con los Político-Narcos, en esta nueva coyuntura su papel no solo es financiar a los partidos políticos y sus candidatos, sino también es apoderar de los partidos para imponerse como caudillo y como única garantía a las mafias transnacionales, esta realidad infectan y permean a todos los poderes del estados,  golpean directamente a la gran mayoría del pueblo que lo eligieron con sus voto.
La nueva situación política convocan a todos y todas las ciudadanías que defiende y creen en la paz, la estabilidad, la justicia social, seguir exigiendo con responsabilidad una profunda revisión de los poderes públicos, el papel de los partidos políticos, de las instituciones, abrir un debate nacional e internacional de estos temas que amenazan a todas la sociedad, seguir unificando fuerza abarcadora de luchas para la refundación y restitución de una institucionalidad mas democrática por el bien y el desarrollo del país.   
Del Rosario Ignacio Denis. Ingeniero Agroecologico graduado en Instituto Latinoamericano de Agroecologia Paulo Freire (IALA)
Twitter: @yiyoparaguay
Blog del Autor : http://ayvuguasu.blogspot.com/
Nota:

lunes, 27 de octubre de 2014

El Brasil de Lula sigue adelante




ALAI



Por cuarta vez consecutiva, el Partido de los Trabajadores -PT- gana las elecciones presidenciales en Brasil (con 51,45% de los votos) que, también por cuarta vez, se han convertido en un plebiscito entre candidatos del PT y del PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña, el partido de Fernando Henrique Cardoso). Esta vez la campaña tuvo avances y retrocesos, especialmente desde mediados de agosto hasta la segunda vuelta, a fines de octubre, y terminó con la decisión de los brasileños de seguir con el camino iniciado en 2003 con el primer gobierno de Lula.

En el enfrentamiento entre el modelo neoliberal de la oposición y la vía de salida del neoliberalismo del gobierno, por cuarta vez los brasileños han reafirmado el camino que Lula empezó. Serán por lo menos 16 años seguidos de gobiernos del PT, el período más largo de continuidad de un partido en el gobierno, en período democrático en Brasil.

Lula decía que era mejor ganar en segunda vuelta, porque en la contraposición de dos proyectos, las alternativas y sus diferencias quedan más claras. Y así fue: se han contrapuesto políticas de centralidad del mercado, de libre comercio, de reducción del peso del Estado, de rebaja salarial, de aumento del desempleo, de contracción de los bancos públicos, de alianzas internacionales privilegiando a EUA, entre otras, por parte del candidato de la oposición.

Frente a ello, la orientación de continuidad de las políticas sociales, como eje central del gobierno, con una acción dinámica del Estado, fortaleciendo las alianzas regionales y con el Sur del mundo, de garantía del nivel de empleo y de aumentos de los salarios por encima de la inflación.

La duda era si el Brasil de Lula seguiría adelante o si la importante experiencia de los gobiernos del PT se terminaría en 2014. Hubo oscilaciones en la campana electoral, pero la disputa más grande fue alrededor de las agendas: cuales eran los temas que más importan a los brasileños.

La oposición jugó fuerte en dos planos, valiéndose del monopolio de los medios de comunicación: por una parte, una supuesta crisis económica, que tendría reflejos en el descontrol inflacionario, en el desempleo, en el estancamiento económico. Una encuesta de Folha de São Paulo ha revelado que una de las razones del crecimiento de Dilma ha sido el fracaso de ese terrorismo económico. La gran mayoría de los brasileños –incluidos los que votan por la oposición– son optimistas respecto a la situación económica de Brasil, creen que la situación mejorará el próximo ano, que los precios están bajo control y que los salarios van a aumentar.

El otro tema central son las denuncias de corrupción, que en el último período de la campana se han concentrado sobre Petrobras. El cansancio respecto a la campana de denuncias –tantas de ellas sin pruebas– ha hecho que ese tema perdiera efecto.
La campaña de Dilma Rousseff, valiéndose de los programas de TV y de la intensificación de la movilización política conducida por ella y por Lula en todo el país, asociada a una gran participación de la militancia del PT y de toda la izquierda, logró convencer a la gran mayoría que las conquistas fundamentales de los gobiernos del PT estarían en riesgo, caso ganara la oposición. A la vez, la contraposición de las trayectorias personales y políticas de los dos candidatos sirvió para enaltecer las cualidades de Dilma, en contraste con la fragilidad de las de Aécio Neves.

En su conjunto, se fue diseñando, desde el domingo anterior a la segunda vuelta, una situación en que el nivel de rechazo de Aécio superaba el de Dilma, prenunciando un viraje que se consolidó a lo largo de la última semana, hasta llegar a la victoria de ayer. La militancia de izquierda ganó las calles de todo el país; la segunda vuelta fue de una clara contraposición entre izquierda y derecha, lo que configuró el viraje y el triunfo de Dilma.
- Emir Sader, sociólogo y cientista político brasileño, es coordinador del Laboratório de Políticas Públicas de la Universidade Estadual do Rio de Janeiro (Uerj).

URL de este artículo: http://www.alainet.org/active/78300

jueves, 23 de octubre de 2014

Brasil: Dios y el diablo en la tierra del sol


Remedando al inolvidable cineasta Glau­ber Rocha, faltan pocos días para saber si el dragón de la maldad con siete cabezas (banqueros, latifundistas, empresarios, tecnócratas, poder mediático, narcos, sectas religiosas) revertirá el proceso de cambios y justicia social más profundo y prolongado que ha vivido Brasil, desde los tiempos de Getulio Vargas y Joao Goulart (1951-64).
¿Se inclinarán los brasileños en favor de sus explotadores, representados hoy por el candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), Aécio Neves? ¿Darán las espaldas a los avances logrados en 12 años de gestión presidencial por el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula Da Silva y Dilma Rousseff (6/10/02)?
Cuando el sociólogo y olvidadizo teórico de la dependenciaFernando Henrique Cardoso (PSDB) ganó la presidencia en 1995, la tasa de pobreza extrema era de 15 por ciento. Ocho años después, al concluir su doble mandato, el indicador estaba exactamente en el mismo lugar. Pero con Lula y Dilma bajó a 5.29 por ciento, y la pobreza relativa de 36.4 a 18.6 por ciento, según la Cepal.
Los estudios poblacionales de Brasil demuestran, sin excepción, los avances de la última década. Cambios que movilizaron a millones de familias pobres con subsidios, aumentos sostenidos del salario mínimo, caída del desempleo, disminución de la desigualdad, construcción de viviendas populares, acceso a la salud y a los tres niveles de educación, con baja inflación, relativa estabilidad y mayor politización.
Para el ex franciscano y referente de la teología de la liberación Leonardo Boff, los tres gobiernos del PT fueron una suerte de revolución democrática y pacífica, simbolizada por la llegada al gobierno de “…otro sujeto histórico y distinto del que gobernó Brasil durante siglos: los movimientos sociales” ( Página 12, Buenos Aires, 5/10/14).
“A pesar de ser capitalista –dijo Boff–, ese proyecto encontró la forma de aplicar políticas públicas con crecimiento e inclusión social… Mientras en la zona euro la crisis neoliberal dejaba 102 millones en la calle y los salarios a la baja, aquí, en Brasil, los salarios aumentaron 70 por ciento más que la inflación desde 2005”. Fenómeno que la revista The Economist, con hipócrita flema British, prefiere silenciar.

Hace pocos días, frente a la despiadada y mentirosa campaña de desinformación mundial, Lula manifestó: “como si no bastara la prensa brasileña (para apoyar a Neves), vi la revista The Economist pidiendo votos para el adversario de ella (Rousseff). Es la revista más importante del sistema financiero internacional, de los bancos, de los ladrones”.
De su lado, el investigador Vinicio Lima, de la Universidad de Brasilia, comentó: Considero que los grandes medios, o medios grandes, son pautados por un superditor. Digo superditor porque tienen la misma perspectiva editorial. Hay días en que las tapas de los diarios traen el mismo título, escrito con las mismas palabras. ¿Por qué lo hacen? Porque en realidad son el principal partido opositor al gobierno de Dilma Rousseff.
Lima subraya que los medios “…desinforman en conjunto sobre escándalos que afectan al gobierno y omiten las informaciones sobre las políticas oficiales exitosas. Anunciaron que el Mundial iba a ser un fracaso, y la realidad demostró lo contrario… Ahora acontece lo mismo con los números de la economía, anticipando que el año será una catástrofe, pero la verdad es que tenemos casi pleno empleo y el salario sube”.
Con otro estilo, el director de Le Monde Diplomatique en español, José Natanson, reconoce el acceso de millones a bienes durables que hasta hace poco resultaban prohibitivos, así como la “…mejora de la calidad de vida puertas adentro de sus casas, garantizando un piso mínimo de ingresos”. Subraya, de paso, los peros fuera del hogar: transporte público calamitoso, servicios de educación y de salud sobrepasados, y una crisis de seguridad (21.8 homicidios por cada 100 mil habitantes) que cuatriplica la de Argentina o Chile, y se dispara a niveles de guerra civil si se considera a los brasileños jóvenes, pobres y negros.
Lo cierto es que una encuesta reciente hecha por una consultora estadunidense revela que en los últimos dos años las instituciones de prensa de Brasil (donde seis familias controlan unos 500 medios) perdieron 10 por ciento de credibilidad.
No es poco, en fin, lo que se juega en el país que ocupa el quinto y octavo lugares en extensión territorial y peso de su economía en el mundo. Y en proyección subregional, el resultado de los comicios presidenciales compromete, desde ya, los esfuerzos mancomunados que al empezar el siglo rencauzaron Hugo Chávez, Lula da Silva, Néstor Kirchner, Rafael Correa y Evo Morales, en pos de una América Latina unida, independiente y soberana.

Sin embargo, nada está escrito. Y, como dijo Fidel, nada es irreversible. Por consiguiente, la premisa de que en elecciones libres y democráticas las derechas son por definición derrotadas frente a los candidatos de gobiernos populares o revolucionarios queda en suspenso. Hasta que en las últimas horas del domingo entrante, a boca de urna, los resultados canten la verdad.
(Tomado de La Jornada)

Fuente: CubaDebate

Cuenta regresiva sobre el histórico juicio por el campesino Cristian Ferreyra


En 12 días inicia el juicio en Monte Quemado


MOCASE

El próximo 4 de noviembre comienza en Monte Quemado, 300 km de la capital de Santiago del Estero, norte de Argentina, el Juicio Oral y Público por el asesinato del joven campesino indígena Cristian Ferreyra.

El histórico juicio tendrá apertura en Monte Quemado donde se escuchará testimonios de las partes involucradas en el homicidio finalizando con los alegatos, hasta el día 1 de diciembre cuando se espera la sentencia del Tribunal de Primera Nominación a cargo de la Dra. Elida de Suárez.

Cristian Ferreyra vivía en la comunidad indígena de San Antonio del Pueblo Lule Vilela, ubicada a 60 km de Monte Quemado centro norte de Argentina, cuando fue baleado el 16 de Noviembre de 2011 por el sicario Javier Juarez, quién cumplía órdenes del empresario Jorge Ciccioli. Ambos serán juzgados, juntos a los demás integrantes de la banda paramilitar que pretendía apropiarse parte del territorio comunitario.

El Movimiento Nacional Campesino Indígena de Argentina, considera un hecho histórico la posibilidad de enjuiciar y condenar a los asesinos materiales e intelectuales de Cristian y sentar precedente ante una problemática nacional, por tanto será una instancia para dialogar con la sociedad en torno a la necesidad que la tenencia de la tierra, su función social, la producción de alimentos y servicios por parte de las familias que garantizan la alimentación local, los mercados locales, y preservan los ecosistemas, generando trabajo, arraigo y desarrollo, y además cuestionar al sistema hegemónico de los agronegocios, porque genera desigualdad e injusticia para nuestros pueblos, concentrando el poder y los recursos en una clase privilegiada en estrecha relación con las empresas trasnacionales.

En el país existen tantas otras muertes de campesinos indígenas que han quedado impunes y tantos conflictos que aún afectan; según datos oficiales hay unas 63 mil familias campesinas e indígenas que se encuentran amenazadas y que hay más de 9 millones de hectáreas en disputa.

La conflictividad rural

La muerte de Cristian Ferreyra no es un hecho aislado ni fortuito. Once meses más tarde, el 10 de octubre de 2012 fue degollado el campesino Miguel Galván en el paraje El Simbol, frontera norte de Santiago lindante con Salta- Argentina:


El mes pasado, el 12 de septiembre de 2014, funcionarios del gobierno provincial que constataban los desmontes ilegales en territorio de comunidades campesinas, registraron las amenazas de muerte de un hacendado local hacia miembros del MOCASE- MNCI:


Y apenas hace días, el 15 de octubre de 2014, el empresario de la gasesosa MANAOS, Orlando Canido junto a 15 paramilitares al mando de Lachi y Pablo Letonai, irrumpieron en horas de la madrugada en territorio de la comunidad del Lote 5 y a punta de pistola desalojaron a la familia Sosa de su propia casa.


Ver Video de los tiros contra miembro del mocase vc https://www.youtube.com/watch?v=vr2Do24sYEc

Los episodios se multiplican empujados por la misma motivación y el mismo método: empresarios sedientos de tierras algunas veces convencen a unos pocos pobladores y arrojan sus sicarios contra comunidades que resisten, ante la pasividad de la justicia.

Y sostenemos firmemente que para frenar e impedir los desalojos contra los sectores populares de monte adentro, es estratégico la función social de la tierra y de los territorios.

Por la memoria de los caídos en la lucha por la tierra, el territorio

FUNCIÓN SOCIAL DE LA TIERRA YA!!!

¡Ni un muerto más por el derecho a la tierra, Cristian Ferreyra Presente!


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miércoles, 22 de octubre de 2014

Cómo convirtieron los y las cubanas su isla a la agricultura biológica








Kaizen

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos


Los y las cubanas han realizado aquello con lo que sueñan los ecologistas del mundo entero: desde hace veinte años, la isla se ha convertido a la agricultura biológica. Las claves de este éxito son necesidad, posibilidad y voluntad.En 1989 cae el Muro de Berlín y dos años después se desmorona la Unión Soviética. Cuba pierde entonces su suministrador de petróleo, de material agrícola, de abonos químicos y de pesticidas. Con la desaparición de la URSS y de los países del Este que compraban sus productos a precios constantes, la isla pierde también unos importantes mercados, sobre todo el del azúcar, un 85% de cuya producción exportaba. Se habían reunido todos los ingredientes para que el país se sumiera en el caos, tanto más cuanto que el bloqueo estadounidense se había estrechado. Empieza para Cuba una nueva era, el «periodo especial en tiempo de paz» anunciado en 1992 por Fidel Castro y que durará cinco años y, dicho con otras palabras, un periodo de grave crisis económica: el producto interior bruto (PIB) cae un 35%, el comercio exterior un 75%, el poder adquisitivo un 50% y la población padece desnutrición.
«No sabían que era imposible, así que lo hicieron» (Marc Twain)
Se hace de la necesidad virtud. La población se lanza a cultivar fruta y verduras para poder satisfacer sus necesidades alimentarias. «Las y los cubanos tenían hambre. Es la población cubana quien dio los primeros pasos ocupando tierras en un movimiento espontáneo», explica Nils Aguilar, director del documental Cultures en transition . Miles de jardines, «organopónicos», florecen en pequeñas parcelas de tierra, en las terrazas, entre las casas, en antiguos vertederos, en medio de solares, es decir, en el menor espacio que quede libre. Además de la agricultura se suele practicar también la cría de animales pequeños: gallinas, conejos, patos, cerdos. «Los actores principales del movimiento agroecológico son los propios campesinos», afirma Dorian Felix, agrónomo especializado en agroecología tropical, en misión en Cuba enviado por la asociación Terre et Humanisme . «Experimentaron estas prácticas, las validaron y las difundieron. Su movilización y la de toda la sociedad civil fue y sigue siendo muy importante».

El auge de la agricultura urbana

Acto seguido el gobierno emprende una transición forzada. La producción de comida se convierte en una cuestión nacional. A partir de la década de 1990, se pone el acento en la producción local, a partir de recursos locales y para consumo local. El Estado distribuye terrenos a quienes quieren cultivarlos y desarrolla una agricultura alimenticia y biológica de proximidad: al no tener petróleo para hacer funcionar los tractores se recurre a la tracción animal; al carecer de abonos químicos y de pesticidas se vuelve a descubrir el compost, los insecticidas naturales y la lucha biológica.
«Es una auténtica revolución verde», confirma Nils Aguilar. «En este país todo el mundo se implica, ¡tuve la sorpresa de escuchar a taxista elogiar las hazañas de la agroecología! Cuba desarrolla una agricultura agroindustrial y demuestra que estas técnicas pueden alimentar a las poblaciones». Hoy la mano de obra agrícola se ha multiplicado por diez. Exmilitares, funcionarios y empleados se han convertido o reconvertido a la agricultura, ya que muchos de ellos y ellas habían sido campesinos antes. Cada escuela cultiva su huerto, las administraciones tienen su propio jardín que suministra verduras a las cantinas de los empleados.
Fenómeno sin precedentes, la agricultura urbana se ha desarrollado como en ninguna otra parte del mundo. La isla cuenta con unas 400.000 explotaciones agrícolas urbanas que cubren unas 70.000 hectáreas de tierra que hasta antes estaban inutilizadas y que producen más de 1,5 millones de toneladas de verduras. La Habana es capaz de suministrar un 50% de fruta y verdura bio a sus 2.200.000 habitantes y el resto lo suministran las cooperativas de la periferia.
Revolución verde a la cubanaEn 1994 las granjas de Estado productivistas se transforman progresivamente en cooperativas para suministrar alimentos a hospitales, escuelas y jardines de infancia. El resto de la producción se vende libremente en los mercados. Universitarios, investigadores y agrónomos contribuyen a difundir las técnicas de la agroecología. Una red de tiendas vende semillas y herramientas de jardinería a bajo precio, al tiempo que propporciona a los clientes consejos de expertos. Y en todas las ciudades del país se enseña agricultura biológica por medio de la práctica, sobre el terreno. Mucho más que una simple transferencia de conocimientos tecnológicos se trata de «producir aprendiendo, de enseñar produciendo y de aprender enseñando».
El impacto de esta revolución verde es múltiple: reducción de la contaminación del suelo, del aire y del agua; reciclaje de residuos, aumento de la biodiversidad, diversificación de la producción, mejora de la seguridad alimentaria, del nivel de vida y de la salud; creación de empleos, sobre todo para mujeres, jóvenes y jubilados. También se establece una política menos centralizada, que da más margen de maniobra a las iniciativas individuales y colectivas autogestionadas. La consigna dominante es: «Descentralizar sin perder el control, centralizar sin matar la iniciativa». En las ciudades este principio ha permitido promover la producción en el barrio, por el barrio y para el barrio fomentando la participación de miles de personas deseosas de unirse a la iniciativa.
Cuba produce hoy para su consumo más del 70% de las frutas y verduras, lo que no le garantiza una autonomía alimentaria total, en la medida en que todavía depende de las importaciones, sobre todo de arroz y de carne. Pero, según los criterios de la ONU, «el país tiene un alto índice desarrollo humano y una huella ecológica débil en el planeta». Si mañara cesaran las importaciones de alimentos, los habitantes estarían mucho menos en peligro que los de un país como Francia, que solo dispone de algunos días de reserva en sus supermercados (según el Consejo Económico, Social y medioambiental Ile-de-France, CESER por sus siglas en francés, la región solo dispone de cuatro días de reservas alimentarias).
Ha sido necesaria una crisis para que Cuba descubra las virtudes de la agroecología, de los permacultivos, de la agrosilvicultura e incluso del silvopastoralismo. Aún así, ¿ha logrado la isla su transición energética? Solo en parte. El consumo de petróleo se reanudó en 1993 gracias a (¿o a causa de?) la producción nacional y la ayuda de Venezuela que le proporciona cerca de 110.000 barriles de petróleo al día. Pero se puede apostar que el país ya no podrá dar marcha atrás. Y es que, más allá de la revolución agrícola, las iniciativas individuales y colectivas han demostrado que las y los cubanos podían hacerse cargo de su destino, ¡una verdadera revolución cultural!
Texto extraído del dossier “Plus forts ensemble”de Kaizen 11.