jueves, 20 de noviembre de 2014

Ayotzinapa, la encrucijada de la nación







El desenlace del movimiento popular que busca la justicia por lo sucedido en Iguala marcará el futuro inmediato del país. Hasta donde hoy podemos vislumbrar, hay dos escenarios. En el primero, el movimiento se sostiene y hasta crece en cantidad y vigor, y sus demandas poco a poco van haciéndose más radicales. Esto podría conducir a la caída de Peña Nieto. Sería un colapso del régimen neoliberal similar al de Venezuela en 1989, Argentina en 2001 o Bolivia en 2003. Esto abriría las puertas a una nueva etapa del país y las posibilidades de construcción de un gobierno popular. El segundo escenario es el de la derrota del movimiento, sea por el desgaste, por la represión o ambos. Esto abriría la puerta para que el régimen se recomponga y el año próximo pueda realizar en relativa calma las elecciones intermedias, con lo cual recuperaría ante el mundo la imagen de legalidad, estabilidad y fuerza que ha perdido. En las líneas siguientes analizaremos cómo han afrontado la situación tanto el gobierno como las fuerzas populares, cada uno buscando el desenlace más favorable para sus intereses.
La respuesta inicial del régimen: guardar silencio y pasar la factura al PRD

En un primer momento, el Gobierno Federal trató de ignorar lo sucedido, guardó silencio con la intención de que toda la atención se dirigiera al gobierno local, hacia el gobernador de Ángel Aguirre. Conforme se conocieron los detalles de los hechos y se hizo evidente la responsabilidad del ejército, y por tanto del gobierno Federal, sea por acción y omisión, y conforme el movimiento iba tomando cuerpo, desde la presidencia se trató de aparentar que también se buscaba la solución del caso. El presidente desde entonces trató de convencer al país primero de que no tuvo nada qué ver y, segundo, de qué el también, y aún más que la sociedad entera, estaba interesado en el esclarecimiento del caso y el castigo a los responsables.

Victor Serge nos cuenta que el revolucionario ruso Egor Sazónov escribió desde prisión a sus camaradas: “¡Recuerden que el enemigo es infinitamente vil!”. Efectivamente, la burguesía y su gobierno utilizan cualquier desgracia, incluidas las que ellos provocan, para enriquecerse, para afianzar su poder, para eliminar a los opositores. Aprovechan la crisis económica para enriquecerse más usando subsidios o apelando a “rescates” gubernamentales o eliminando derechos laborales. Del mismo modo el gobierno federal aprovecha la tragedia de Iguala para golpear a su socio menor, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), y en la medida de lo posible al Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA). El gobierno federal busca usar la tragedia para que en el mediano plazo, que el PRI vuelva al gobierno del estado de Guerrero.

Evidentemente, el PRD tiene una gran responsabilidad en lo sucedido. El presidente municipal de Iguala, Abarca, y el gobernador de Guerrero, Aguirre Rivero, llegaron al cargo con las siglas del “sol azteca”. Ese partido es responsable por avalar a esa gente y, en general, por haberse convertido en una maquinaria burocrática sin discusión ideológica y programática, en una agencia de colocación para cargos públicos donde opera un pacto entre las distintas tribus de que una vez recibida su cuota de poder (de puestos públicos y partidarios), no se cuestiona a las demás tribus por el modo en que usan y asignan los puestos de su propio botín. Los asesinatos, la tortura y la desaparición de los normalistas representan el hundimiento definitivo del PRD como partido popular y de oposición. Podrá sobrevivir, quizá, como cascaron burocrático, pero un partido popular, como lo fue en su inició, jamás lo será de nuevo. En lugar de deslindarse, de sacrificar a Ángel Aguirre lo más pronto posible, como aconsejaba el más elemental cálculo de conveniencia, ya que decencia y principios no tienen, la dirigencia del PRD se empeñó en sostenerlo y la caída del gobernador los ha arrastrado también. Aún ahora, la demanda de Cuauhtémoc Cárdenas de que renuncie toda la dirigencia del partido ha llegado tarde.
La maniobra de Peña Nieto consiste en lavarse las manos de la propia responsabilidad y hacer recaer toda sobre el PRD. Esto no con el fin de destruirlo como partido, sino de tenerlo aún más sujetado y amarrado para futuros pactos de colaboración con el proyecto neoliberal y contrainsurgente y para simular que hay democracia, contrapesos, oposición. Entre más débil y desprestigiado esté el PRD, más dependiente se vuelve de su alianza con (sometimiento al) priismo.

El intento de involucrar a MORENA no ha sido exitoso. Las maniobras burdas para vincular a López Obrador con Abarca no convencen a nadie, tampoco han logrado convencer a la gente de que apoyaba a Aguirre o tenía cercanía con él. El hecho de que el precandidato de ese partido al gobierno de Guerrero sea parte del gabinete de Aguirre no ha logrado construir la precepción de que haya alguna complicidad. Más adelante, cuando hablemos de las vías de solución de la crisis, retomaremos el análisis de MORENA.

El régimen realiza un repliegue táctico

Ante el movimiento popular que rápidamente se articuló en torno a la demanda de la presentación con vida de los 43 normalistas desaparecidos y el castigo a los culpables de ello y los asesinatos sucedidos el 26 de septiembre en Iguala, la primera reacción del gobierno federal fue replegarse. Desde días antes, había tomado hacia el movimiento del Politécnico una actitud conciliadora, tolerante, de aparente apertura, sin duda una maniobra encaminada a enredar al oponente, de atraerlo al campo propio para golpearlo mejor llegado el momento.
Desde el día de su regreso a la presidencia de la República y con la decidida colaboración del gobierno de la Ciudad de México, el PRI echó mano de la represión. Las detenciones arbitrarias del 1 de diciembre de 2012 sólo fueron el comienzo de una nueva etapa en la Ciudad. Los mexicanos habían conquistado el derecho a manifestarse, a la protesta y durante años lo ejercieron en la Capital con cierta libertad y seguridad pero a partir de que Peña Nieto tomó posesión del cargo, en cada manifestación se dieron detenciones arbitrarias por parte de la policía capitalina, golpizas y todo tipo de vejaciones. El pretexto para la represión siempre fue los destrozos que grupos de supuestos anarquistas realizan en el comercio, transporte público y oficinas de gobierno. Por regla, los encapuchados que causan los desmanes nunca son detenidos mientas que las personas que sufren la violencia gubernamental no participan en los destrozos y muchas veces ni siquiera participan en las marchas. La muestra más fehaciente del rostro represivo de este gobierno la tuvimos el 13 de septiembre de 2013 cuando un amplio operativo policiaco-militar desalojó a la CNTE del Zócalo.

Con estos antecedentes, a finales de septiembre de 2014 había fundados temores de que los politécnicos fueran objeto de la represión; especialmente, se esperaba que en la marcha del 2 de octubre hicieran presencia los famosos supuestos anarquistas encapuchados y desataran la violencia, como el 1 de diciembre de 2014, y dieran ocasión al gobierno para aplastar en la cuna al movimiento de los politécnicos. Muchos temíamos que la marcha del 2 de octubre estuviera marcada por las golpizas y detenciones arbitrarias contra inocentes que se han vuelto regla en la Capital. Sin embargo, eso no sucedió. A diferencia de las marchas del par de años anteriores, en la del 2 de octubre de este año prácticamente no hubo presencia policiaca. Eso lo podemos entender como una decisión consciente del gobierno federal y capitalino de no reprimir la marcha de los politécnicos y estudiantes en general. Pero, ¿cómo explicar que el numeroso contingente de “anarquistas” y encapuchados que cada marcha causan destrozos en comercios y agreden periodistas, en esta ocasión haya decidido no actuar de esa manera? Hasta el momento, los diversos grupos que se reivindican como anarquistas no han dado una declaración al respecto. Es una coincidencia muy curiosa que unos y otros, fuerzas policiacas y “anarquistas”, hayan decidido no actuar en la marcha conmemorativa de la matanza de Tlatelolco. Si partimos del discurso que sostienen los propios encapuchados, justo ese hubiera sido el mejor momento para su “acción directa”, ya que no había policías que se los impidieran. ¿Será que estos grupos que generan violencia no le encuentran sentido a sus acciones si no hay fuerzas policías a las cuáles enfrentarse y provocar? ¿O será que unos y otros, “anarquistas” y policías, formaban parte de una sola estrategia de dejar que la marcha del 2 de octubre se desarrollara en paz?

Sin lugar a dudas, los estudiantes politécnicos despertaron casi en cuanto se empezaron a movilizar una gran simpatía entre la población. Por otro lado, las atrocidades de Iguala despertaron inmensa rabia e indignación entre todos los mexicanos. Conmovieron hasta a gente que tradicionalmente avala la represión contra quienes protestan. La extrema crueldad con que se trató a los estudiantes de Ayotzinapa ha generado hacia ellos y los familiares la más amplia solidaridad y respaldo. El gobierno federal percibió esto y concluyó que no podía atacar de frente este movimiento, al menos no en ese momento. Tenía que esperar a que a la gente se le acabara la energía, que se desgastara, que se le olvidara, que se resignara. Con este fin, cerca de un mes administraron la información, las noticias y sus acciones. Cuando vieron que la marcha del miércoles 22 de octubre exigiendo justicia fue multitudinaria, cuando comprobaron la vitalidad del movimiento y el tamaño de la indignación, decidieron ceder la renuncia de Aguirre Rivero al día siguiente con la intención de apaciguar la ira popular. Como las protestas grandes y pequeñas siguieron cada día a lo largo y ancho del país y se programó una nueva jornada nacional de lucha, un nuevo paro nacional estudiantil para el día 5 de noviembre, decidieron dar un día antes la noticia de que Abarca había sido aprehendido con la clara intención de desmovilizar a la gente y frenar las manifestaciones del día siguiente. Naturalmente, esto falló. Sobre todo, porque la gente tiene clara convicción de que la complicidad del gobierno con el narcotráfico se da a todos los niveles, de que no es un asunto local, como quiere hacernos creer la presidencia. Por otro lado, la gente desconfía con sobrada razón de que Abarca haya sido aprendido justo el día 4 de noviembre. Hay indicios de que se trata de un montaje y de que Abarca fue aprehendido muchos días antes en Veracruz y el anunció mediático fue reservado por el régimen hasta un momento que para él era conveniente.

Al gobierno se la acaban las cartas y empieza la contra ofensiva

El gobierno esperó pacientemente que pasara la tormenta pero la tormenta sigue. Las protestas son cada vez más frecuentes, cada vez más fuertes, cada vez involucran y suman a más gente, en México y en varios países. La imagen del gobierno mexicano se deteriora día a día en el mundo entero. Por úlitmo, las demandas se han radicalizado: a la exigencia de encontrar con vida a los 43 desaparecidos y el castigo a los culpables, se han sumado otras como la creación de una Comisión de la Verdad que aclaré lo hechos y cada vez toma más fuerza la demanda de que renuncie el Presidente Peña Nieto. Ante esto el gobierno se jugó su última carta: el anuncio de la supuesta muerte de los normalistas desaparecidos y el hallazgo de sus restos. El 7 de noviembre el procurador de la república, Jesús Murillo Karam, se presentó ante los medios para decir que tres sicarios del grupo Guerreros Unidos habían confesado que dieron muerte a los normalistas por órdenes del presidente municipal de Iguala, que habían incinerado los cuerpos en el basurero de Cocula, colocado en bolsas las cenizas y los habían arrojado a un río. Sin embargo, el propio procurador señaló que sería difícil y tardado identificar plenamente los restos, y por ello los estudiantes normalistas seguirían en calidad de desaparecidos para efectos legales. Con esto, el gobierno se juega su última carta, se le acaban los recursos para administrar el conflicto y no le queda más que dar por cerrado el caso. Con las declaraciones de Murillo Karam, el gobierno envía este mensaje: “los culpables ya están en la cárcel, los restos de los normalistas ya fueron localizados. El caso está cerrado, ya se hizo justicia y se aclararon las cosas. Ya no hay razones para la protesta”.

Evidentemente, a nadie convence la versión del procurador sobre el destino de los estudiantes desaparecidos y a nadie satisface la detención de Abarca pues hay plena conciencia de que se trata de un crimen de Estado que involucra a todos los niveles de gobierno. Justamente por esto último ha ido tomando fuerza la demanda de la renuncia del presidente. Sin embargo, el PRI ha decidido dar por concluido su repliegue y pasar a la contra ofensiva, ha decidido poner fin al movimiento y para ello se valdrá de todas sus armas: campañas mediáticas, provocaciones y en última instancia la represión.

El contraataque mediático

Al igual que el gobierno, los medios de comunicación del régimen inicialmente aparentaron ser sensibles a la tragedia de Iguala, “solidarios” y respetuosos con los familiares de las víctimas y hasta comprensivos con las protestas; pero siempre descargando toda la responsabilidad en el gobierno local de Iguala y de Guerrero y salvaguardando la imagen de Peña Nieto. Pero ya empezaron a darle un giro a su discurso, primero, negando vehementemente que se trate de un crimen de Estado, que haya responsabilidad del gobierno federal. Un claro ejemplo de esto es el artículo escrito por la periodista María Amparo Casar destinado a defender a capa y espada al presidente. En los noticieros ya empezaron a aparecer las notas alarmistas sobre las afectaciones que las protestas provocan a los empresarios de Guerrero y en especial del puerto de Acapulco, sobre la supuesta pérdida de empleos, sobre la escasa afluencia de turistas, etc. (en esas notas el noticiero de Milenio TV, por ejemplo, utiliza un tono dramático que no ha utilizado para hablar de los desaparecidos). Sobre todo, los medios ya empezaron a dividir claramente las protestas en “protesta buena y pacífica” y “protesta mala y violenta”, a una de manera paternalista e hipócrita “la comprenden” y hasta dicen apoyarla y a la otra la condenan, de manera sutil empieza el linchamiento y los llamados a “poner orden”. El 14 de noviembre la gran burguesía del país, a través de Gerardo Gutiérrez Candiani, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), pidió al secretario de gobernación que “ponga orden” en el país y actúe con “mano firme” ante las protestas, sobre todo en Guerrero. El plan del gobierno es primero someter a una intensa campaña de linchamiento mediático a los normalistas, a los familiares de los desaparecidos y asesinados y a todos los que no se conformen con la verdad oficial de que el asunto está resuelto. Posteriormente, vendrá la represión. La amenaza ya fue lanzada por el propio presidente. El día 15 de noviembre por la noche, a su regreso de China, Peña Nieto dijo, palabras más palabras menos, que el Estado tiene la facultad de usar la fuerza “cuando se ha agotado cualquier otro mecanismo para restablecer el orden”. Un elemento importante de la campaña de desprestigio contra el movimiento que los medios ya echaron a andar es señalar que “hay grupos ajenos que se aprovechan del legítimo reclamo de los padres de los desaparecidos, grupos que utilizan la comprensible protesta de los padres, son grupos con intereses obscuros, grupos que generan violencia”.

Reaparece la provocación

Para que la represión pueda darse con un mínimo de aval en la sociedad, primero se debe restar fuerza moral al movimiento, quitarle legitimidad pero eso parece difícil, el día de hoy es tal el hartazgo y la indignación que incluso personas que comúnmente son ajenas u hostiles a los movimientos populares se han sumado a las protestas o al menos no las condenan. Aquí es donde juega su papel la provocación, los actos violentos que alejan a la gente de las manifestaciones, le restan apoyo al movimiento y desatan la histeria de la parte más conservadora de la sociedad para que pida “mano dura” y que se restablezca el “orden”.

Desde ahora debemos precisar que el movimiento sigue dinámicas muy diferentes en Guerrero y en el resto del país. En Guerrero se vive una verdadera insurgencia cívica, a lo largo y ancho del Estado hay protestas, plantones y toma de palacios municipales. Con los normalistas, los familiares de las víctimas de Iguala, la CETEG y las policías comunitarias como vanguardia, múltiples organizaciones populares y buena parte de la ciudadanía se han levantado contra el gobierno. Las protestas han sido cada vez más fuertes, lo cual ha incluido bloqueos carreteros, quema de oficinas de gobiernos municipales y del estatal, quema de oficinas de los partidos políticos involucrados en el crimen. Sin embargo, es preciso señalar que en esa entidad se encuentran la mayoría de los familiares de las víctimas directas y donde asentaban su poder los responsables inmediatos del crimen, además, estas acciones de fuerza tienen un carácter masivo, son realizadas por cientos de maestros, normalistas, ciudadanos y con el respaldo y a veces presencia de los familiares de las víctimas, son realizadas por organizaciones con una amplia tradición de lucha. Estas acciones han sido cubiertas por un amplio movimiento nacional e internacional de solidaridad con los normalistas.

Muy diferente es la situación de la mayor parte del país y especialmente de la capital. Aquí no se encuentran ni los familiares de las víctimas ni los responsables inmediatos, no hay organizaciones de masas con experiencia en la lucha callejera y en general la ciudadanía, aún la involucrada en el movimiento, no acepta las acciones violentas. Este es el momento donde debemos tratar el tema de la provocación. Llama poderosamente la atención que luego de más de un mes de no asomar la cabeza en las manifestaciones, los encapuchados hayan vuelto a aparecer justo en los momentos en que el gobierno pretende dar por cerrado en caso y los empresarios claman por la represión. Estos llamados a usar las fuerzas policiacas y militares para detener las protestas no tendrían eco si no tuvieran como marco acciones que les den pretexto como la quema del metrobús cerca de Ciudad Universitaria el 5 de noviembre o la “quema” de la puerta de palacio nacional el 8 del mismo mes. Existen fundadas sospechas de que estos actos fueron realizados por provocadores del gobierno, sobre todo, el intento de quema de la puerta de palacio nacional. En todo momento, palacio nacional tiene una guardia de policía militar pero ese día y en ese momento, no había un solo elemento resguardándolo y los “anarquistas” pudieron hacer y deshacer a su gusto cerca de una hora. Por otro lado, ninguno de los que atacaron palacio nacional fue aprehendido pero sí fueron detenidas en el centro histórico 18 personas que no tuvieron nada qué ver con los hechos. Con lo ocurrido el 8 de noviembre en palacio nacional vuelven las temidas detenciones arbitrarias. Parece que se acabó el repliegue del gobierno y viene el contraataque, reaparecen los siempre escurridizos encapuchados que con sus acciones lo “justifican” ante la opinión pública.

Suponiendo que quienes realizaron estos actos no son provocadores sino compañeros de lucha, podríamos decir que estas acciones son equivocadas y contraproducentes por muchas razones.

1) No son producto de un acuerdo de todo el movimiento, son obra de pequeños grupos que las realizan al margen del resto de los estudiantes, sin consultarlos, sin avisarles y, muy importante, sin prevenirlos, lo cual los hace vulnerables a la represión. Pero, aunque no son consensuadas con el movimiento amplio y de masas, casi siempre se realizan bajo su amparo. Los “anarquistas” realizan los actos violentos generalmente en el marco de una marcha más amplia y pacífica.

2) No van dirigidas a objetivos directamente relacionados con los crímenes de Iguala, y por tanto carecen de respaldo y sentido para la mayoría de la población. Muchas personas quizá no aprueben del todo que los normalistas y la CETEG incendien las oficinas del PRI en Guerrero o el palacio de gobierno pero de alguna manera lo comprenden. Pero ¿qué tiene qué ver el metrobús con lo sucedido en Iguala? Nada, absolutamente nada. Ante muchos ciudadanos, es simple vandalismo que confirma las aseveraciones del gobierno de que en el movimiento hay gente con intereses propios, con intereses distintos a la búsqueda de los 43 y el castigo a los asesinos de los 3 normalistas caídos y 3 ciudadanos.

3) Son el pretexto ideal para la represión, atemorizan y alejan de las manifestaciones a personas que apenas se van incorporando a la lucha y que no están dispuestas, por ahora, a trascender los métodos legales o los pacíficos.

4) Por último, no tienen un objetivo claro. ¿Cuál era el objetivo del ataque a palacio nacional? ¿Entrar al palacio, tomarlo? Evidentemente, este objetivo jamás lo hubiera conseguido ese puñado de personas que en las manos sólo tenía algunas bombas caseras y palos. Suponiendo que hubieran podido entrar, ¿qué harían? ¿Cómo enfrentarían a los cientos de soldados que hay ahí adentro? ¿O acaso el objetivo era simplemente desahogar la rabia, sacar el coraje y la ira? En este caso diríamos que es un medio muy arriesgado y contraproducente de hacerlo. En estos dos primero casos, estaríamos hablando de compañeros muy desorientados, con una visión completamente errada de la coyuntura, poseídos de un radicalismo superficial y estridente pero sin efectividad alguna. Sin embargo hay una tercera posibilidad, que el objetivo fuera simplemente dar un show a los medios de comunicación. En este caso estaríamos hablando de infiltrados que montan una provocación para justificar la represión y atemorizar y ahuyentar de la lucha a los sectores más vacilantes de la población.

Mención aparte merece lo sucedido en Ciudad Universitaria el 15 y 16 de noviembre. Según la versión oficial, por motivos banales como investigar el robo de un teléfono celular, el sábado, 15 policías del gobierno del D.F. se adentran en CU y toman fotos a quienes ocupan el auditorio Che Guevara. Al ser increpados y perseguidos, reaccionan violentamente, disparan contra los estudiantes y huyen. Un dato importante es que huyen a pie y dejan abandonado el auto en el que iban. Al lugar no se presentan agentes del ministerio público ni autoridades universitarias a resguardar las pruebas como los casquillos que quedaron en el suelo o el auto abandonado. Todo indica que se trata de una provocación hacia el sector más irreflexivo e infiltrado del movimiento estudiantil, el que se agrupa en el auditorio Che Guevara, la idea es que éstos respondan con acciones similares a la quema de palacio nacional y den pretexto para la represión. Y así lo hicieron. Por la noche del mismo día los estudiantes sacan de CU en el auto, con él bloquean la avenida insurgentes y le prenden fuego, destruyendo así las evidencias del ataque que acababan de sufrir. Con esa excusa cientos de policías antimotines entran a la universidad y hay violentos enfrentamientos con los estudiantes que tratan de impedirlo. Además, las provocaciones y la torpe respuesta de los encapuchados opaca ante la opinión pública otros hechos como el encuentro de los normalistas con el EZLN o la masiva manifestación del mismo día hubo en Chihuahua. Y aún más, desvía las fuerzas del movimiento. Las consignas de la marcha del día domingo 16 por la mañana en Ciudad Universitaria ya no fueron la aparición con vida de los 43 ni la renuncia de Peña Nieto sino las renuncias del jefe de gobierno de la ciudad, Miguel Ángel Mancera, y del rector de la UNAM, José Narro. Evidentemente, ellos tienen la responsabilidad del ataque policiaco contra los estudiantes de la UNAM, pero en este momento debemos afinar la puntería y dirigir las protestas a Peña Nieto, a la cabeza, no a piezas secundarias del régimen.

Sin embargo, parece que luego de un par de años de documentar la presencia y actuar de los provocadores en las marchas, la gente ya aprendió a identificarlos y asilarlos. El día 16 la marcha concluyó con un mitin en la torre de rectoría. Ahí los provocadores o, en el mejor de los casos, los compañeros ultraizquierdistas trataron de tomar la torre de rectoría sin que hubiera acuerdo entre los asistentes. Afortunadamente, los estudiantes lo impidieron, no se dejaron imponer una acción que no habían discutido ni acordado democráticamente. La toma de la rectoría habría dado material suficiente a los medios de comunicación para bramar contra el “vandalismo” y para clamar por que el gobierno “ponga orden”. Además, hubiera trasladado la atención y energía de los universitarios al ámbito local, cuando lo que se necesita es que se vuelquen a las movilizaciones nacionales.

Los tiempos del régimen y la sombra de Atenco

El gobierno desea que esto acabe a principios de 2015, pues en el mes de julio de ese año hay elecciones para renovar la cámara de diputados, son las elecciones más importantes antes de las presidenciales de 2018. Le interesa que los comicios se den “en paz” y así poder recuperar la imagen de estabilidad y legalidad ante los gobiernos y corporaciones extranjeras. Si el movimiento sigue pujante a esas fechas, las elecciones pasarán a un segundo plano, es decir, la política institucional, monopolizada por la partidocracia neoliberal, será desplazada por la política del pueblo, por la política desde abajo, independiente del entramado institucional oligárquico. Eso representaría una crisis aún mayor no sólo para Peña Nieto sino para todo el régimen de partidos, para toda la clase política que sustenta al modelo neoliberal. Por todo ello el gobierno tratará de poner fin al movimiento, si es preciso con la represión (y nunca olvidemos de lo que es capaz Peña Nieto, Atenco es una advertencia), a más tardar en las primeras semanas del año entrante. Pero para poder hacerlo, primero la campaña mediática debe mellar la legitimidad de las protestas y las provocaciones deben prosperar. Lo sucedido hoy en CU, la firme determinación de los universitarios de no dejarse arrastrar por una minoría a acciones no consensadas y riesgosas, es una alentadora esperanza de que eso no va a suceder.

Las alternativas populares a la crisis

El primer reto del movimiento es mantenerse activo en diciembre, mes difícil para toda iniciativa de acción política. Supongamos que lo logra y que logra impedir o resistir la represión. ¿Cuáles serían entonces las alternativas desde el campo popular para resolver la crisis? Sin duda, todo apunta a provocar la caída de Peña Nieto pero como bien señala Guillermo Almeyra, levantar esta demanda “sin proponer una alternativa, implica un salto al vacío y no puede convencer a la mayoría de la población que, aunque horrorizada por la represión, teme un cambio, sigue siendo pasiva y conservadora y no hace en las grandes empresas ni siquiera paros simbólicos solidarios.”

Hasta el momento, hay dos alternativas. La primera es que Peña Nieto renuncie o sea obligado a renunciar y se convoque a nuevas elecciones. Hasta el momento, parece que MORENA es el único instrumento con que cuenta el pueblo para poder llegar al poder por la vía legal, es la única organización con registro ante el instituto nacional electoral. Sin embargo, si cae Peña Nieto pero no hay un poderoso movimiento popular que vigile e imponga que las elecciones sean limpias, bien puede darse un nuevo fraude que ponga en la silla presidencial un nuevo títere de intereses oligárquicos nacionales y extranjeros y termine dando oxígeno al régimen. Plantearse que un posible triunfo de MORENA pueda darse gracias a una campaña electoral tradicional sin el apoyo de una amplia movilización social que trascienda las bases y objetivos del propio MORENA, es una ingenuidad.

Sin embargo, la situación es aún más complicada: una gran parte del movimiento popular, empezando por los estudiantes de la FECSM, no creen en MORENA, no confía en ellos; incluso algunas organizaciones y movimientos sociales los ven como parte del régimen que les arrebató a sus compañeros. La segunda alternativa es que el movimiento popular acceda al gobierno sin utilizar el registro de MORENA, es decir, por fuera del marco constitucional y sin que medien elecciones. Para ello se necesita mucho más que la caída del presidente, se necesitan un derrumbe total del sistema político, un vacío de poder de tal magnitud que permita que se instale de facto, por la vía de los hechos y sostenido por la fuerza de la movilización, un gobierno popular, tal como sucedió en las revoluciones del siglo XX. Ese gobierno provisional tendría que convocar a un nuevo Congreso Constituyente que refunde la nación. Ambas rutas tienen riesgos y dificultades.

En este momento la crisis se pude resolver hacía la derecha o hacia la izquierda, y en cualquier caso eso definirá el futuro inmediato del país.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

martes, 18 de noviembre de 2014

Fortalecer la unidad de la clase obrera, vital para la Revolución bolivariana

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela Foto: H.Maza
CARACAS.—Impulsar una po­lítica de alianza con sectores sindicales fuera de la Central Boli­variana Socialista de Trabajadores (CBST) para consolidar el Gran Polo Pa­triótico, fue una de las propuestas emanadas del I Congreso de los obre­ros, cuya conclusión estuvo presidida por el mandatario venezolano, Nicolás Maduro.
Desde el Poliedro de Caracas, el jefe de Estado anunció 12 medidas vinculadas a las propuestas entregadas por los trabajadores y encaminadas a derrotar la guerra económica y alcanzar de esa forma la estabilidad en ese sector.
El presidente obrero propuso realizar una “intensa jornada de estabilización económica” en el 2015, y dijo que para ese año se iniciará una auditoría de los trabajadores para combatir la corrupción en las empresas estatales.
Venezuela contará con su primer Banco socialista y con un sistema de empresas nacionalizadas que, “bajo la gestión de la clase obre­ra”, pretende aumentar su con­trol y productividad de ma­ne­ra “eficiente, solidaria, calificada, cooperativa y socialista”, aseguró Maduro este lunes.
También informó sobre un estudio del precio de la gasolina a tono con los precios del crudo en el mercado mundial, mientras planteó in­tegrar a la Milicia Obrera Boliva­ria­na al Sistema de Protección e In­tegridad de la Patria, cuya estructura anunciará próximamente.
Otra de las medidas fue la creación de la Intendencia de la clase Obrera para la Protección del Sa­lario y Contra la Especulación, que trabajará bajo la Superintendencia de Precios Justos.
En otro momento de su intervención reconoció el esfuerzo de los trabajadores del país para im­pulsar la Revolución Bolivariana.
Maduro expresó que los obreros son el centro de dicho proceso iniciado por el líder bolivariano, Hugo Chávez. Manifestó además que sin su lucha “no es posible construir un modelo de país que permita cubrir las necesidades de todo el pueblo”.
El I Congreso de la CBST fue instalado en agosto pasado y en el mismo se debatieron temas de interés para progresar en el modelo productivo revolucionario y so­cialista.

Fuente: Granma 

A 15 años del histórico y jocoso juego de pelota que protagonizaron Chávez y Fidel



Foto: Archivo
“Esa noche veníamos juntos en el carro, Fidel y yo, ya vestidos con el uniforme de béisbol. Nos paramos en la puerta, íbamos a entrar al estadio cuando Fidel me dijo: “Hasta aquí llega mi caballerosidad, de aquí en adelante defiéndete como puedas”, relató el comandante Hugo Chávez en uno de sus programas Aló, Presidente, citado en el libro Cuentos del Arañero.
Era el 18 de noviembre de 1999, y en el Estadio Latinoamericano de La Habana, los presidentes Hugo Chávez y Fidel Castro, se disponían a jugar un encuentro de béisbol. Habían acordado un juego de veteranos. Ante unos 45.000 espectadores, Fidel dirigía el equipo de Cuba; y Chávez era el lanzador por Venezuela.
Allí comenzó la broma que el líder de la revolución cubana le hizo al mandatario bolivariano. Sobre el terreno aparecieron peloteros barbudos, barrigones e irreconocibles, pero que comenzaron a realizar jugadas poco creíbles para sus supuestas edades: fildeos que requerían de buenos reflejos, una movilidad no de veteranos, y batazos propios de peloteros en plena forma.
“Él me había dicho: ‘Mira, Chávez, te recomiendo que hagan carreras en los primeros innings’. Eso yo lo analizaba y le daba la vuelta: ¿Qué me querrá decir éste con eso? ¡Claro! Tenía la emboscada preparada en el cuarto inning”, contó Chávez.
Las risas en el público no se hicieron esperar, cuando comenzaron a reconocer a los peloteros estrellas de Cuba. Los presentes se dieron cuenta del espectáculo que habría armado Fidel para engañar a Chávez. En secreto había reunido a las estrellas del béisbol cubano y los hizo maquillar por un profesional para presentarlos como veteranos.
“Estábamos dándoles batazos por todos lados y adelantó la emboscada para el segundo inning. ¿Te acuerdas de Germán Mesa? Una barba así… Y una barrigota. Y lo de Kindelán en primera. ¡Y cómo estaba de bravo Remigio Hermoso! Remigio tomó en serio todo eso y se peleó conmigo como seis meses”, dijo el comandante bolivariano, porque a algunos peloteros venezolanos no les cayó muy bien la travesura.
Este martes se cumplen 15 años de ese inolvidable juego que hizo crecer la amistad entre los pueblos de Cuba y Venezuela, entre Fidel y Chávez: dos hermanos. Fue un juego inédito en la historia del béisbol por las dimensiones que tuvo, se jugó a estadio lleno y fue transmitido en vivo por televisión. De aquella anécdota quedó el abrazo eterno entre los dos líderes latinoamericanos.
“Ustedes no me van a creer, pero yo le metí un hit a José Ariel Contreras. Salió a pitchear uno con una barriga grandota y una chiva postiza, y era nada más y nada menos que este Contreras con una almohada por barriga. Yo lo veo que sale y digo: Este gordo barrigón, ¿quién será?. Me pongo a batear ahí y cuando lanzó la primera recta, ¡fuaz! No la vi”, contaba Chávez riéndose en su programa dominical.
Y siguió: “Fidel pide tiempo –esto es verídico– y viene a hablar con el pitcher. Yo lo veo, me acerco a ver qué es lo que van a hablar, ¿no? Y oigo que le dice Fidel: ‘Mira, ¿no le puedes tirar más suave a Chávez?, no le puedes dar un pelotazo a Chávez’. Y dice Contreras: ‘Eso es lo más lento que yo puedo lanzar una pelota de béisbol, Comandante’. Y eran como 90 millas”.
Sabina Di Muro AVN
Fuente: PSUV 

Santos suspende la Mesa de diálogos de paz en La Habana





Juan Manuel Santos, el Jefe del gobierno colombiano, ha tomado la decisión de suspender los diálogos de paz que adelanta el Estado con las guerrillas de las Farc-EP, en la Habana, Cuba, desde hace tres años. El pretexto ha sido un incidente asociado con la retención de un general del Ejército por un núcleo de la guerrilla que hace presencia en el río Atrato, cerca al Océano Pacífico. Dicho oficial, experto en estrategias contrainsurgentes y con formación en fuerzas especiales de la Marina Norteamericana, se desplazaba vestido de civil en compañía de tres subalternos por un área de influencia de la resistencia campesina guerrillera.

El desenlace es la consecuencia de no aceptar un cese al fuego bilateral por parte del gobierno, que ha sido solicitado de manera reiterada por la delegación de plenipotenciarios de las Farc. A lo que hay que sumar otros factores de orden político y económico que gravitan en las conversaciones para la superación del prolongado conflicto social y armado con casi 60 años de duración.

En efecto, la decisión de dialogar con las guerrillas, incluyo la prolongación de las hostilidades militares con asesinatos de integrantes de líderes las Farc, masacres de milicianos, "falsos positivos" ejecutados por el Ejército, asaltos aéreos a campamentos guerrilleros, desplazamientos de población campesina y operación de Bandas Criminales/Bacrim como nueva marca de los grupos paramilitares organizadas por batallones y brigadas militares. Por supuesto, las Farc no se han cruzado de brazos, y sus acciones defensivas son la respuesta al ataque de los dispositivos bélicos del gobierno.

Aun así, la guerrilla ha declarado varias treguas unilaterales (2012-2013) con resultados muy positivos que expertos independientes han reconocido. Incluso se han planteado medidas humanitarias parciales que han sido descartadas por las esferas del santismo, pues el Jefe de la Casa de Nariño hace cálculos oportunistas para sacar ventajas militares. Piensa/calcula que mantener la guerra le permitirá debilitar y arrodillar al contradictor. Es parte de su cinismo y vacio ético, características de un politiquero que tercamente pretende sostener la supervivencia de un Estado y un orden político hundido en la podredumbre.

Durante los casi 36 meses de conversaciones se han presentado muchos eventos propios de la guerra. Sin embargo, recientes sucesos como la muerte de dos indígenas en Toribio/Cauca , en una reyerta plagada de sectarismo e intolerancia, y la retención, por las Farc, de dos soldados en combates registrados en el departamento de Arauca, han sido manipulados por el gobierno a través de sus redes mediáticas para sacar ventajas políticas en la Mesa de La Habana.

Jugado por una "Paz express", Santos diseño un escenario de asedio a la Mesa de conversaciones, para presionar una firma de pactos que evadan aspectos sustanciales -Punto 3 de la Agenda y refrendación de lo consensuado- del Acuerdo especial que dio inicio a los diálogos en curso. Un foro en una universidad conservadora bogotana fue el lugar escogido por los delegados plenipotenciarios del oficialismo para plantear sus absurdos desafíos, desconociendo lo actuado y construido hasta la fecha.

El acelere del Jefe de la Casa de Nariño, quien completa 100 días de gobierno, no es casual. Es resultado del deterioro de su imagen que cae en picada como ocurrió en el segundo semestre del año 2013, cuando fue acorralado por un potente movimiento social agrario y minero.

En el desplome político de Santos hay varios aspectos que se deben considerar.

Primero, está el desconocimiento olímpico del apoyo que recibió de la Izquierda democrática y su candidata Clara López, en la segunda vuelta de las recientes elecciones presidenciales, que permitió la derrota del candidato del ultraderechista Centro Democrático uribista. El respaldo de la izquierda fue al proceso de paz y esa decisión se desconoció en la conformación del nuevo gabinete ministerial, empujando el paso de dicha tendencia a posturas de oposición radical. Santos dio continuidad a un esquema gubernamental asociado con el clientelismo, la corrupción y el neoliberalismo. Adicionalmente esta la omisión de los acuerdos con las organizaciones agrarias para levantar los paros realizados durante el 2013. Los Ministros y demás funcionarios han acudido a múltiples argucias y tretas para no atender los derechos campesinos y simultáneamente promover leyes que entregan los baldíos nacionales a grandes terratenientes.

Segundo, han surgido fuertes síntomas de una crisis económica y fiscal con graves efectos en los planes del gobierno. La caída internacional de los precios del petróleo, la disminución de la producción diaria de barriles de hidrocarburos, los pobres resultados en la Ronda petrolera del 2014 y el declive de los precios de las materias primas en el mercado internacional, ya se dejan sentir con mucha potencia en los ingresos fiscales del gobierno y en la ampliación del déficit en la cuenta corriente de la balanza comercial. Los ingresos presupuestales de origen petrolero van a caer de 24 billones a 14 billones, obligando ajustes en el Marco fiscal de mediano plazo y el faltante en la cuenta corriente ya supera los 8 mil millones de dólares. No hay plata para financiar los posibles acuerdos de paz.

Tercero, el crónico sabotaje a la paz que adelanta el grupo ultraderechista que encabeza Uribe Vélez mediante la descarada manipulación política de caracterizados generales y oficiales comprometidos en crímenes y arbitrariedades como los "falsos positivos". El bloqueo fascista a la paz tiene en el Ministro de Defensa su mas prominente aliado. Pinzón ha sido un francotirador permanente de la Mesa de La Habana, coincidiendo con las campañas y la guerra sucia del uribismo para descreditar las conversaciones de paz y sus avances en materia agraria, democrática y de cultivos de usos ilícito.

Cuarto, los resultados de la gestión santista son bastante mediocres. La justicia está colapsada; el extractivismo se ha favorecido con Licencias ambientales express y bloqueos a la Consulta previa de comunidades etnicas; en la educación impera el más vulgar mercantilismo como se ha conocido con el descalabro de la Universidad San Martin; la salud sigue en el encuadre neoliberal; la impunidad reina en el juzgamiento de los "falsos positivos"; la casta política tramita una reforma dizque de equilibrio de poderes cuyo principal objetivo es ampliar los privilegios presupuestales y burocráticos de gamonales y caciques regionales; y en Bogota, el alcalde Petro, ficha del régimen santista, se encuentra inmerso en la corrupción que protagonizan los miembros de su familia cercana, con graves consecuencias en el sistema de transporte masivo y el bienestar de millones de ciudadanos.

Y quinto, el país ya ingreso al proceso que prepara la elección de autoridades locales -alcaldes y gobernadores-, lo que debe ocurrir en los primeros días de octubre del 2015; la elite dominante quiere marginar a la Izquierda democrática y al movimiento social de dicho escenario popular para asi quedarse con todos los municipios y departamentos. Es muy probable que tales comicios sean utilizados para el reencuentro de las dos facciones derechistas -santistas y uribistas- hegemónicas en el sistema político. Para esos efectos el paso correspondiente era suspender los diálogos de La Habana, como ya ha ocurrido.

Estas las pistas para entender la desacertada decisión de suspender los diálogos de La Habana.

Medellín, 17 de noviembre de 2014.


Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Las amenazas de Estado Fallido sí serán televisadas

La Huelga General y lo que le sigue




Rebelión/Universidad de la Filosofía

Con 130 000 asesinados; con 300 000 desplazados… con Ayotzinapa ensangrentada y en vilo por los muertos y por los 43 desaparecidos, casi toda acción parece (sin serlo) corta, parece pequeña, parece inútil. Por eso en el grito de dolor y rebelión con que México clama Justicia y castigo para regresar vivos a los que vivos se llevaron, aparece el llamado a una Huelga General que, desde su origen, es herramienta y no fin en sí misma.
La Huelga General necesita de la clase trabajadora unida para mirar firmemente, cara a cara, al enemigo de clase y de su lucha. La Huelga General necesita del pueblo dispuesto al cambio, de los campesinos y de los estudiantes… de mujeres y hombres que en cualquier actividad sienten que su lucha es una sola, que es un proceso de consciencia apasionada y que con esa lucha cambiarán la historia toda de una vez o en una de su partes indisolubles. No es una tarea sólo de los “dirigentes” ni sólo de unos cuantos. La Huelga General nacida desde las raíces, es un programa, un estado de ánimo, una invocación a la inteligencia democrática y a la serenidad convertidas en firmeza, en claridad, en humor y en creatividad en el arte de batalla.
La Huelga General es un tesoro preciado en el arsenal teórico y práctico de la clase trabajadora y de los pueblos en lucha. El carácter revolucionario de la Huelga General no se detiene en la secuencia de los hechos que se verifican durante su desarrollo sino que se expande, nacional e internacionalmente, para convertir la experiencia, en experiencia viva de clase y en instrumento para fortalecer la corriente genuinamente revolucionaria de la Historia. Una de sus amenazas es la presencia asidua del parasitismo reformista y oportunista.
La Huelga General ha sido presa de todo género de descalificaciones y ataques, contra sus acciones y contra sus definiciones. Ha sido, incluso, agredida con todo tipo de espejismos y confusiones, algunas veces economicistas, otras veces burocratizantes y no pocas veces por la mano de la corrupción y la represión selectiva. Hemos visto hasta el hartazgo cómo se pudren los movimientos de Huelga sacrificados, también, por la crisis de dirección revolucionaria que aun se hace presente en todos los campos.
Hoy en México el llamado a Huelga General emerge de una visión que no contempla sólo a los episodios locales de Ayotzinapa, Tlatlaya, Iguala o Guerrero sino que penetra con su análisis de clase la estructura toda del neoliberalismo y sus mandatos desde Washington, para explicar la situación geopolítica de un país que ha visto cómo los gerentes del PRIANRD le arrebatan sus recursos naturales, su mano de obra y su inteligencia popular al servicio del imperio yanqui.
La Huelga General que se convoca, con sus mayores o menores fuerzas, debe tomarse con mucho respeto porque es un camino para resolver algunas necesidades de corto plazo (frenar la represión, construir herramientas con protagonismo popular para impartir Justicia, fijar condiciones democráticas para decisiones inmediatas…) necesidades de la clase trabajadora que entiende que se encuentra aun dentro de los límites del capitalismo y que es necesario cuidarse de toda conciliación con la burguesía y de las traiciones que suelen desatarse en contra de la lucha.
Esta Huelga, su convocatoria y sus métodos, debe ser incluyente y cuidadosa, incluso hay que cuidarse de la propaganda incendiaria ultra-izquierdista y de quienes ven a la Huelga como una mercancía electoral de coyuntura. La Huelga General no es un artificio discursivo ni un decreto voluntarista. No podemos separar la práctica de la Huelga General de la teoría del socialismo científico una vez que hemos visto pasar ante nuestros ojos mil amarguras y decepciones que nos desmovilizan y nos hacen perder tiempo. Un fracaso con esta Huelga, si ocurriera, debe ser nuestro pero jamás un triunfo de la oligarquía PRIANRD-TELEVISA.
Por eso el plan de lucha no puede agotarse con la Huelga. Una Huelga General no es patrimonio de “dirigentes” sino fuerza revolucionaria que expresa activamente esa conciencia que vive en las cabezas y en los corazones de todos aquellos que sienten con dolor y rabia las miles de injusticias que comente el capitalismo a diario contra sus vidas. Es necesario avanzar hacia una Asamblea Nacional, un frente único constituido abiertamente con todas las fuerzas activadas para asegurar claridad y limpieza a la dirección revolucionaria de la protesta. Ni reformismos ni oportunismos. En la Huelga General convocada para el 20 de noviembre en México deben vivir todos los caídos y todos los que están en pie. Debe expresarse la dignidad de la indignación ante los asesinatos de Estado y ante la impudicia del gobierno que pasea su fraude con todo cinismo hasta en los momentos más inoportunos.
La Huelga General que ronda las cabezas y los corazones, esa Huelga que a unos genera dudas y a otros genera esperanzas, necesita ir de la mano de una Asamblea Política Nacional, con voz internacionalista, y animada por los jóvenes que deben educarnos a todos con la lección de la claridad y la serenidad que a muchos hace falta a esta hora. Huelga y Asamblea necesitan limpiar el terreno y anular las discusiones secundarias y las inútiles. Necesitamos un acuerdo de las bases, de toda las bases, democráticas y sinceras, que exigen la renovación radical de las dirigencias en todas las instituciones y organizaciones políticas.
La Huelga General por sí sola es insuficiente porque no es milagrosa. Debe arrojar resultados y programas de acción muy dinámicos y democráticos, con alcances de intervención estructurales realmente profundos en la revolución completa de los paradigmas y no sólo de las formas. No hagamos una gran fiesta de la rebeldía, una celebración democrática de la rabia conciente y transformadora, para terminar dejándola en manos de nuestros verdugos y para que corrijan ellos el espanto macabro en que han hundido a nuestro pueblo mientras hacen los grandes negocios privatizadores. Ninguna amenaza de Peña Nieto puede contra la Huelga General ni contra sus alcances, por más que, distinto a su costumbre en Atenco, por ejemplo, diga ahora (como le ordenan decir desde Washington) que no quiere “hacer uso de la fuerza”. El único autorizado para usar la fuerza democrática es el pueblo soberano. ¡Vivos los queremos”

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Tango para tres: Li, Putin y Obama


La Cumbre de la APEC en Pekín


Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

La Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés) está ya en marcha. El subtexto de la reunión es la transformación de la política internacional y, el sub-subtexto, el acercamiento directo de Rusia y China en medio del dominio global militar-político-económico de EEUU, potencia hegemónica unilateral desde la II Guerra Mundial frente a una descentralización lentamente emergente, hasta hace muy poco, que sacude los cimientos del sistema del poder mundial e impulsa de forma rápida y veloz un cambio cualitativo hacia un nuevo juego de poderes en el que EEUU no es ya el centro exclusivo o el arquitecto-jefe del orden internacional. Obama, el tigre de papel, todo él sonrisas, se mete, por sus propias obras (el Pivote de Pacífico Ante Todo Y el Acuerdo Trans-Pacífico de Asociación Económica -TPP, por sus siglas en inglés-; la primera en un intento de cambiar los activos militares de la región, y la segunda, con un pacto negociado comercial que excluye a China) en el cubil del Enemigo Público Número 1 de EEUU: China. Desde luego, Rusia sigue de cerca a China como Número 2, y tanto Li como Putin estarán presentes en Pekín asistiendo a la cumbre. Putin tiene ya calado a Obama. Li casi. Me temo que no van a permitir que se una a su propio tango, el mismo que Obama y EEUU tratan de romper; tendrá que bailar cada vez más solo mientras el mundo va captando su rollo totalitario. (Reprende a Li por ciberespionaje en un intento de que se pase por alto la vigilancia masiva al pueblo estadounidense, ampliada al espionaje a los dirigentes extranjeros; reprende a Putin por Ucrania para cambiar de tema sobre la intervención de EEUU en Iraq y Afganistán, sobre las operaciones encubiertas de cambio de régimen –incluido el de Kiev- por todo el mundo, y por la guinda, los asesinatos con aviones no tripulados.)
Hay mucho sobre la mesa en Pekín, canapés de esferas de influencia, sopa de modernización nuclear (de letalidad mejorada), el plato principal a base de contrarrevolución de inspiración estadounidense y, de postre, la posibilidad de romper el control del FMI y del Banco Mundial en la configuración del desarrollo mundial con la propuesta del Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura. En todos los casos, Obama va a encontrarse, para su propia frustración, con un frente unido de Li y Putin, que van a intentar arrancar el eje del poder de las manos de EEUU y Europa, con Rusia claramente mirando hacia oriente en respuesta al régimen de sanciones EEUU-UE, a las amenazas, bravatas y toda esa hostilidad a su alrededor. Europa necesita a Rusia más que Rusia necesita a Europa, mientras que a EEUU, al percibir que China se ha convertido en la primera potencia económica del mundo, sólo le cabe retorcerse sobre el militarismo, la agresividad en todas sus formas y quizá una comprensión furtiva y llena de zozobra de declive. Sea lo que sea lo que brotó del Siglo Estadounidense (American Century), ahora está todo muerto y enterrado sin pesar alguno (especialmente en Asia, Latinoamérica y quizá África).
Obama puede por tanto sonreír, dar palmaditas en el hombro, ponerse a charlar, pero representa un orden moribundo, amarrado al alambre de embalar de los tejemanejes financieros y liado en el envoltorio del poder militar. China puede permitirse ser un anfitrión caritativo y amable, pero eso sólo sirve para destacar el siguiente mensaje: EEUU tiene que dejar de volver el mundo del revés en beneficio propio, tiene que poner fin a los juegos y divertimentos de la CIA, a su control del sistema financiero internacional. Ya habéis tenido vuestros bombardeos estilo conmoción y pavor, vuestras masacres de My Lai, vuestros despliegues de contraterrorismo como medios para conseguir conformidad frente a la maquinaria bélica estadounidense, vuestro catastrófico record de distribución de la riqueza (que apenas se ajusta a la definición y expectativas de una sociedad democrática). Por tanto, ¿qué hay, Sr. Obama, es que va a ofrecer todo eso en la cumbre de la APEC? Qué poquita cosa, mientras que Asia, a pesar de sus acciones personales y la planificación geopolítica de su país, se está desarrollando con Rusia, que mira ahora hacia oriente con un espíritu de progreso cooperativo.
* * *
En cuanto al contexto, déjenme echar primero un vistazo al artículo de opinión de Nicholas Kristof en el New York Times: “A Changed China Awaits Mr. Obama” [Una China cambiada espera al Sr. Obama] (9 noviembre), Kristof, paradigma del humanitario en el periódico, que cada vez parece moverse más hacia la derecha. (“Humanitario”, como en la versión Samantha Power del humanitarismo liberal extrañamente conducente a la búsqueda del egoísmo estadounidense). Inmediatamente salta sobre China, su puñetazo a Xi es intercambiable con nuestra habitual demonización de Putin. Antes de la visita, “ya se han burlado” de Obama, afirmaba el estatal Global Times, “Ha hecho un trabajo insípido, sin ofrecer nada a sus partidarios. La sociedad de EEUU ha crecido cansada de su banalidad”. (Desearía haber dicho yo esa frase, pero el Global Times ¡me la ha pisado!). Y Kristof exclama: “¡Menuda bienvenida! El Global Times es a menudo gritón, pero ese tono refleja la forma en que el Presidente Xi Jinping está remolcando su régimen en una dirección nacionalista, firme y radical”. Como por ensalmo, nacionalista, firme y radical son términos descriptivos estándar aplicados también a Putin y Rusia, y, presumiblemente, a cualquiera que sea lo suficientemente grande como para llamar la atención si se cruza en el camino de EEUU. No hay que culpar a Kristof; está en el ADN del periodismo estadounidense actual. O estás con nosotros o contra nosotros, el etnocentrismo entretejido en la cultura política e ideológica de EEUU.
Lamentablemente, el artículo es también interesado: “Y hay algo un poco más personal: China no parece querer darme un visado”. Después recupera su aplomo, lo suficiente como para contraatacar: “Xi lleva dos años gobernando China y ha mostrado alguna inclinación por las reformas sociales y económicas. Hace dos años, pensé que Xi podría abrir las cosas un poco. ¡Chico, me equivoqué! En cambio, parece que Xi, cada vez más, puede profundizar con las reformas en algunas áreas, pero, ante todo, es un nacionalista nada sentimental que adopta una línea dura en múltiples frentes desafiando casi todo lo que Obama defiende”. (Eso no debería ser difícil de entender para cualquier persona en el continuo que va desde socialdemócratas a marxistas. Sin embargo, cuando uno se aproxima al Centrismo y después gira a la Derecha, es difícil desafiarle –y no hay razón para hacerlo así-. ¿Cuáles son esos múltiples frentes? Una postura agresiva respecto a las disputas marítimas en el Este de China y los Mares del Sur de China; represión de disidentes: Xu Zhiyong y Liu Xiaobo; y control de Internet. Uno no tiene que ser un apologista de la represión de la disidencia en China (Kristof tiene razón), pero ¿por qué ignorar lo que hay peor o igualmente malo en EEUU, como el Acta de Espionaje para perseguir a los denunciantes de Obama? Tal vez lo más grave, a juicio de Kristof, sea que China no lo está haciendo tan mal: “Xi da la impresión de ser tan arrogante y sentirse tan orgulloso de que China sea fuerte y esté progresando, que está dispuesto a meterle el dedo en el ojo a EEUU”.
Pobre Presidente de EEUU, las cartas se amontonan en su contra: “Todo esto supone un reto para Obama. EEUU no tiene muchos expertos en China en puestos importantes, y ni en Pekín ni en Washington hay muchos funcionarios que luchen para mejorar las relaciones”. Tenemos también una guerra cibernética, que no va a desaparecer. Kristof quiere que China “dé un paso adelante y juegue un papel constructivo [alaba mucho su trabajo sobre el Ébola en Liberia]… especialmente en la cuestión del cambio climático”. Pero, a fin de cuentas, parece estar listo para la confrontación: “Así pues, para aquellos de nosotros que amamos el Reino del Medio, es triste ver que con Xi se encamina hacia una línea represiva y nacionalista. Obama no puede cambiar China, pero demasiado a menudo ha comunicado debilidad en Oriente Medio y en Ucrania. En China, debería mantenerse firme”. ¿Comunicado debilidad? Aquí Kristof vuelve a la posición de partida sobre Rusia e, implícitamente, respecto al acercamiento entre Rusia y China, frente al cual Obama también debe mantenerse firme.
Peter Baker, el paradigma del sabio político del The New York Times, cuando está en vena, como parece ser el caso ahora, nos escribe un artículo “As Russia Draws Closer to China, U.S. Faces a New Challenge” [A medida que Rusia se acerca a China, EEUU se enfrenta a nuevos desafíos] (8 noviembre), que va directo al grano sobre la política de poder mostrando la preocupación de Washington sobre un posible punto de inflexión en la política mundial. Durante décadas, EEUU confió en que China y Rusia no iban a encontrar nunca terreno común suficiente para poder pergeñar un desafío colectivo ante la supremacía mundial estadounidense. Y con razón: Mao y Stalin estaban siempre enzarzados en luchas fratricidas por proclamas ideológicas rivales y una codiciada expansión territorial. Pero esa época ya pasó, no sólo por el cambio de dirigentes en ambos lados y por las trayectorias de desarrollo que contienen significativos elementos capitalistas en cada una de ellas, sino también porque EEUU, en su arrogante búsqueda de la supremacía global, ha actuado facilitando que las dos naciones se acercaran inevitablemente por la desconfianza xenófoba que EEUU siente hacia cualquier sistema social que no sea una réplica del suyo. La contención estadounidense hacia Rusia y China, de décadas de antigüedad y de hecho la piedra angular de su política exterior cristalizada en la Guerra Fría, tuvo siempre potencial para culminar en una guerra ante la que los otros dos países no podrían ser nunca indiferentes. Finalmente, el matrimonio entre el borscht y el chow mein, al igual que el cacareado matrimonio entre el hierro y el centeno de Alemania, tiene el predecible esplendor de anunciar una nueva configuración del poder en el escenario mundial.
Nada de esto aparece en el artículo de Baker (para suerte suya), excepto la preocupación estadounidense de que esa configuración se traduzca en el eclipse del poder de EEUU. De ahora en adelante, el unilateralismo global es una ideología quimérica. Sin embargo, la nación parece estar sorda como una tapia ante la realidad. Obama va a Pekín, escribe, “para renovar los esfuerzos de reorientar la política estadounidense hacia Asia”, donde Putin, “quien últimamente ha hecho tanto para que se sienta frustrado”, está también presente. Baker cita también al embajador ruso en Washington: “Vds. están pivotando hacia Asia, pero nosotros estamos ya allí”. (Debería añadirse que el giro de EEUU fue militar en sus inicios, y en gran media sigue aún siéndolo tanto en la concepción como en la práctica, mientras que el giro de Rusia es diplomático y económico, una relación fraternal en lugar de una de confrontación). Baker reconoce lo obvio, que Obama va a Asia “porque Rusia se acerca cada vez más a China”, lo que “representa un profundo desafío para EEUU y Europa”. Putin, “distanciado de Occidente a causa de Ucrania”, está en Pekín buscando “apoyo político y económico, tratando de CAMBIAR DRASTICAMENTE EL ORDEN INTERNACIONAL, fabricando una coalición que resista lo que ambos países consideran como arrogancia estadounidense”. (Las mayúsculas son mías)
Los funcionarios y los especialistas se muestran escépticos de que esa coalición sea viable, cuestión que ha motivado “un vigoroso debate en Washington”, pero otros piensan que “la administración Obama debería tomar en serio la amenaza de que Moscú esté buscando acuerdos energéticos, financieros y militares con Pekín, por orden de importancia, por ejemplo, adaptando a los ejércitos para una posición de defensa común. Kislyak, el embajador ruso en Washington, interpreta el giro como un cambio de dirección más amplio: “Estamos cada vez más interesados en nuestra región vecina en Asia. Son buenos socios para nosotros”. El reciente acuerdo sobre el gas natural entre los dos países es un anuncio de lo que está por venir en el futuro: “Es sólo el principio, y cada vez verán más y más proyectos entre nosotros y China”. Aquí, Baker tiene el buen sentido de reconocer que, desde la perspectiva estadounidense y en su política exterior, Rusia y China deben abordarse como temas interrelacionados: “El giro ruso hacia China necesita de un análisis más global que el que la Casa Blanca está haciendo con la política puesta ahora en marcha en relación con Moscú”.
Llegar a Moscú vía Pekín. No es ese el pensamiento de Baker, pero resulta evidente que sí es el de los asesores de la seguridad nacional. EEUU quiere su pastel y quiere comérselo, en oposición a lo que se llama “Putinismo… mientras sigue la búsqueda de silos de cooperación, especialmente en cuestiones como Irán, el terrorismo y la proliferación nuclear”. Necesitamos a esos tipos, pero sólo bajo las condiciones estadounidenses, la imaginería del silo –oída cada vez con mayor frecuencia en los círculos políticos- como almacén sellado por el que no circula el aire, sugiere la cuestión de la compartimentación aunque dejando intacto el statu quo/contexto global. Lo ideal para ellos sería una continuación de la Guerra Fría, aunque por invitación; apoyaríamos las causas que consideráramos apropiadas, sin hacer promesas ni manifestar deseo alguno de trabajar por unas mejores relaciones. (Del mismo modo que la política de ocupación israelí acepta una ocasional cooperación con los palestinos cuando Israel lo considera necesario pero confinando a la gente en un silo más amplio cuya situación no cambia.)
¿Y qué hay de Rusia? “Aunque no hay mucha divergencia de opinión dentro de la administración sobre cómo considerar a Putin”, escribe Baker, “se está debatiendo qué hacer”. El alcance del desacuerdo es absurdamente pequeño: compromiso frente a contención (desde luego, la última contiene un fuerte elemento del primero), aunque Baker no se da cuenta; a nivel operacional, “el problema principal es cómo la disputa alrededor de Ucrania va a definir la relación y va a afectar a otras áreas donde los dos países comparten intereses”. Pero si eso es así, si la prioridad es Ucrania, entonces el Equipo de Obama (Brennan, Rice, Power y sus homólogos del ejército) han estado cavando resueltamente en aras a la Gran Confrontación. Y ahora, “dentro de la administración, los esfuerzos de Putin para llegar a acuerdos con China se consideran un golpe a Washington”. ¿Qué otra cosa podrían ser si no? Aunque la palabra “golpe” subestima la realidad. En Washington todavía no se lo acaban de creer: la relación entre Rusia y China está “cargada de una historia complicada, desconfianza mutua y subyacente disparidad económica, todo lo cual la hace finalmente insostenible”. Alguien de dentro (como es normal, de forma anónima) ha comentado: “Se utilizarán uno a otro. Y cuando uno de ellos se canse o vea un negocio mejor [¿dónde?] se largará”. ¡Eso quisieras tú, cínico proverbial!
En realidad, algunos académicos estadounidenses encuentran potencial para un buen acuerdo. Gilbert Rozman, de Princetown, que escribió “El desafío chino-ruso ante el Orden Mundial”, afirma, “Hay muchas evidencias de que la relación está fortaleciéndose… [empezó antes de lo de Ucrania y ahora existe el] sentimiento de que no hay vuelta atrás”. Graham Allison, de Harvard, especula, sobre la relación Li-Putin: “Puede apreciarse que hay química personal entre ellos. Se gustan y pueden relacionarse bien entre sí. Hablan entre ellos con franqueza y con un nivel de cooperación que no encuentran en otros socios”. Y ahora el meollo del asunto: en mayo, en el tiempo en que EEUU y la UE imponían sus sanciones, Putin negociaba un acuerdo de tres años por valor de 400.000 millones de dólares para suministrar gas natural a China y, en octubre, el premier chino, Li Keqiang, “firmó un paquete de 38 acuerdos en Moscú, que incluía uno de canje de divisas y un tratado fiscal”. Y la pasada semana, Putin anunció que están trabajando con China en otro acuerdo sobre el gas. China es ahora el mayor socio comercial de Rusia. Sergei Rogov, del Instituto para Estudios de EEUU y Canadá de Moscú, resume para nosotros: “La campaña de sanciones económicas contra Rusia y las presiones políticas están alienando a Rusia de Occidente y empujándola hacia China. En Rusia perciben a China como sustituta de los créditos y la tecnología de Occidente”.
En honor de Baker hay que decir que también ofrece argumentos racionales sobre los aspectos negativos del acuerdo, en especial la gran desventaja económica para Rusia: “En Moscú, algunos temen que Rusia, por debilidad, se haya convertido en un socio menor de una China en ascenso. Aunque China es ahora el socio comercial más grande de Rusia, Rusia es sólo el décimo socio de China, y EEUU sigue siendo el primero. Además, las grandes compañías estatales rusas pueden hacer ofertas, pero China no puede sustituir a Europa en la mayoría de las corporaciones y bancos, porque en China no se ha desarrollo un mercado de bonos comerciales para extranjeros similar a los eurobonos”. Sin embargo, de nuevo el embajador Kislyak: “Dado que EEUU y la UE, como socios a largo plazo, están presentándoles problemas, le ha llegado el turno a China: ‘Confiamos en ellos y esperamos que China confíe en nosotros’”. Después de Pekín, tenemos también la reunión del G-20 en Brisbane, donde Obama y Putin estarán de nuevo presentes: la TPP de Obama, que excluye tanto a Rusia como a China, no se ha creado para aliviar sentimientos o engendrar respeto.
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En esta evaluación preliminar de la APEC y las futuras relaciones entre las Tres Potencias, me vuelvo al artículo de los periodistas del Washington Post David Nakamura y Steven Mufson: “Obama, Xi to meet in Beijing amid political and economic strains” [Obama y Xi se reúnen en Pekín entre tensiones políticas y económicas] (9 noviembre), en el que se muestran fríamente realistas cuando describen los previstos fuegos artificiales de la apertura: “Pero hay poco que celebrar. En los 18 meses transcurridos desde que se reunieron por vez primera Obama y Xi”, los dos países “se han enfrentado uno a otro por la seguridad asiática, las reclamaciones territoriales, el ciberespionaje económico y la oposición estadounidense a la propuesta de China de un nuevo Banco Asiático de Inversión en Infraestructura”. Esta última, sobre la que se pasa a menudo por encima, revela no sólo las presiones estadounidenses en nombre del Banco Mundial y el FMI, sino también un remedio parcial para las preocupaciones empresariales rusas sobre las instituciones financieras desarrolladas en China. Y llegan directamente a lo crucial: “Por debajo de estos problemas, yace una cuestión más importante que plantea cómo EEUU va a adaptarse a una China más próspera y abierta, y si el ascenso de China va a chocar contra EEUU y sus aliados en el Pacífico o si todas las naciones saldrán beneficiadas”.
El ajuste vía militar y expansión comercial no es ajuste, la expectativa de beneficios universales desafía el paradigma estadounidense de penetración comercial, financiera e industrial, con la que EEUU busca superar a China y a todos los que aparezcan de un modo poco realista, porque en una miríada de mercados en Asia y en todo el mundo, China ha superado ya a EEUU. Los periodistas no son excesivamente optimistas acerca de la cumbre de la APEC, señalando: “Recientemente han aparecido en los blogs y en los medios estatales toda una serie de artículos desagradables sobre las fuerzas extranjeras que han animado el ambiente político”. No obstante, ven que ambas partes se están esforzando de buena fe (por ejemplo, la administración de EEUU no apoyó abiertamente a los manifestantes de Hong Kong) y en China se han silenciado las críticas a Obama; las elecciones de medio mandato han reducido su talla política pero se considera que aún tiene cierto peso en la política exterior. Hay que evitar, dicen, los malentendidos semánticos, el uso de “pivote hacia Asia” lo han interpretado los chinos (pienso que correctamente) como una provocación de guerra, por tanto, la administración Obama tiene ahora una nueva frase, “reequilibrio” estratégico de la región. ¿Por qué no? Y la luna está hecha de queso verde.
La idea de Obama de lograr un equilibrio entre “reconciliación y firmeza” parece un galimatías de las condiciones anteriores (el mismo efecto de silo): Haz tu parte en lo del Ébola, pero no desafíes el poder estadounidense en sus diversas formas y en ningún lugar del mundo. Sí, China se muestra firme; pero al habérsele asignado un estatus de grado menor que contradice la dinámica global dominante, su propio ascenso, y el declive estadounidense, hace que la situación propicie que puedan desafiar al poder estadounidense. El año pasado por esta época, la ex Secretaria Rice, en una charla en Georgetown, dejaba claras las gradaciones de un poder aceptable, EEUU debía gestionar “una inevitable competición a la vez que debía llegar a una cooperación más profunda en las cuestiones donde nuestros intereses convergen”, i.e., China como gran recadera para mantener a raya a Irán y Corea del Norte. No es sorprendente que dos días después de esa charla, China surcara los cielos anunciando una zona de defensa aérea sobre las Islas Senkaku en el Mar Oriental de China, que notificó a Japón y Corea del Sur para que comprendieran que China tenía la plena intención de actuar en defensa de sus intereses (su audiencia real era por supuesto EEUU), a lo cual EEUU, como respuesta, envió a la zona dos B-52. La fricción entre los dos países no va a disiparse con la exhibición de fuegos artificiales de la pasada noche, pero el punto interesante, con EEUU sin duda rechinando los dientes, es el amistoso encuentro Xi-Abe, posiblemente preparado desde hace mucho tiempo en el APEC, frustrando la estrategia estadounidense de divide y vencerás entre Japón y China.
Los periodistas indican que en abril, cuando Obama visitó Tokio, a pesar de que no adoptó una posición sobre la disputada soberanía de las islas, subrayó que EEUU “iba a defender a Japón de cualquier ataque en virtud de su prolongado tratado de seguridad, siendo la primera vez que un presidente estadounidense dijo eso”. Es precisamente este pescar en aguas revueltas (perdón por el juego de palabras) el que puede hacer que la creciente influencia de China en la región pueda poner un punto final a todo eso. No obstante, intuyo que este ojo por ojo esconde otras cuestiones subyacentes. Aunque el comercio bilateral EEUU-China es de unos 562.000 millones de dólares, EEUU utiliza como prueba de buena conducta internacional la aceptación del Banco Mundial y el FMI (a fin de estructurar a su favor el comercio, las finanzas) mientras China no oculta que etiqueta a esas instituciones de “agentes de EEUU que persiguen mantener las ventajas de Occidente”. Que Obama aparezca en la APEC con la TPP en el bolsillo, que excluye a China, es pura desfachatez.
No soy un determinista económico de la vieja escuela sino que me siento intrigado por el banco propuesto y lo que pueda significar para socavar el poderío y la influencia de EEUU en la región. Nakamura-Mufson parecen haberlo captado. Escriben: “El mes pasado, China aventajó a EEUU como la mayor economía mundial pero Pekín se siente frustrado por el fracaso de EEUU a la hora de darles una voz mayor en el FMI, donde sólo cuenta con un 3,81% de la cuota de voto, menos aún que Francia”. Para un imperialista/colonialista estadounidense, Francia puede parecerle más grande y más importante que China, pero en lo que yo percibo, el APEC, al ser meramente sintomático, es, como en la frase citada con mayúsculas con anterioridad, el transformador del orden internacional en perspectiva y en la agenda histórica, exactamente lo que EEUU más teme y bien poco puede hacer para cambiar eso, a excepción de actuaciones militares extravagantes. El fin del Imperio Estadounidense: una perspectiva excitante para gran parte del resto del mundo, incluso para algunos “amigos y aliados” forzosos de EEUU. He ahí, pues, que ante tal actitud displicente (el FMI es un barómetro especialmente sensible de las valoraciones de la política estadunidense: quiénes son los chicos buenos y los chicos malos), China contraataca: “En respuesta, Pekín trata de establecer sus instituciones multilaterales propias, ante todo un nuevo banco asiático de infraestructura con sede en Pekín, financiado inicialmente por China con 50.000 millones de dólares.
Con tanto crujir de dientes espero que el siguiente paso no sea provocar deliberadamente una guerra. Se cita a un funcionario japonés diciendo (en cierto modo, la imagen especular de lo que EEUU ha logrado hacer, agudizar la rivalidad entre EEUU y China): “La idea del banco es que China ayudaría al desarrollo, pero lo que realmente quieren es que el banco proyecte una Asia organizada por China”. (Los chinos están demostrando ser estudiantes aplicados de la política estadounidense.) Las cosas se mueven rápido. “El 24 de octubre”, escriben, “China firmó un memorándum con 21 países, excluyendo a Corea del Sur, Australia e Indonesia, para establecer el banco de inversiones para infraestructuras. La Australian Financial Reviewinformaba de que Kerry había pedido personalmente al Primer Ministro australiano Tony Abbott QUE DEJARA FUERA A AUSTRALIA”. (Las mayúsculas son mías.) Kerry, siervo obediente del poder. Los periodistas: “Pero muchos expertos dicen que la administración Obama está emprendiendo una batalla perdida”. Y citan a Wing Thye Woo de UC, Davis, quien hace esta observación de sentido común: “Para el Tesoro estadounidense ir a decirle a la gente que no haga lo va en beneficio de sus intereses es como dispararse uno mismo en el pie”. Obama haría bien en llevar suelas gruesas en Pekín.
Un punto final: Obama aterrizó en Pekín poniéndose manos a la obra respecto a su desafío inmediato, cómo abrir por la fuerza el mercado chino a las empresas estadounidenses. (Señor de la estupidez, ¿no te da vergüenza?) El TPP, al excluir a China, algo obviamente imposible según los rumores, por tanto, según el artículo de Marc Landler del New York Times “Obama Arrives in China on Trip With Complex Agenda” [Obama se va de viaje a China con una agenda compleja] (10 noviembre): “El principal objetivo comercial de Obama respecto a los chinos será un nuevo tratado bilateral de inversiones entre los dos países. Los economistas dicen que podría ser la apertura más importante del mercado chino para las empresas estadounidenses desde que China se incorporó a la Organización Mundial del Comercio en 2001”. Un acuerdo unilateral, una desfachatez a la máxima potencia. Los empresarios estadounidenses ven el tratado como una prueba de las intenciones de Xi. “Sería necesario que los chinos”, escribe Landler, “abrieran docenas de mercados sensibles, algunos de los cuales permanecen cerrados a las empresas estadounidenses o exigen socios chinos”. El Consejo Empresarial EEUU-China, puede que sea la nueva pareja de baile de Obama en caso de que se quede solo en Pekín.
Mi comentario sobre el artículo de Kristof en el New York Times, de la misma fecha, prosigue:
“Me siento decepcionado de que China invitara a Obama, sobre todo tras su ‘pivote’ de activos militares hacia el Pacífico, una indicación muy clara de que EEUU trata de contener y aislar, cuando no desmembrar, a China (precisamente la misma política que aplica a Rusia). EEUU ha adoptado una posición hostil hacia China, como animar al Primer Ministro Abe a rearmarse en contra de lo que dice la Constitución japonesa. Las maniobras conjuntas EEUU-Filipinas van también dirigidas contra China, al igual que los esfuerzos para coordinar políticas con Australia, el mismo objetivo.
EEUU busca la confrontación, convirtiendo en farsa la visita de Obama. Xi debería adoptar la misma actitud escéptica de Putin hacia EEUU, y con Putin buscando una estructura global descentralizada desaparecerá la hegemonía global unilateral de EEUU que hemos estado viendo. Obama no tiene posibilidades ni para la guerra ni para la intervención. Estoy seguro de que China se da cuenta de ello y está dispuesta a hacerle el vacío para que no alberguen la idea de considerarla como una presa fácil de la política internacional (la apertura que persigue no es más que renovar tensiones). La prueba de la visita del pasado lunes es si renunciará o no al TPP, a lo que no está dispuesto. El comercio, para Obama, no es más que una modalidad de cerco).” 

Normal Pollack ha escrito sobre Populismo. Centra sus trabajos en la teoría social y en el análisis estructural del capitalismo y del fascismo. Puede contactarse con él en:pollckn@msu.edu