viernes, 14 de noviembre de 2014

La gran división



Carta Maior

Traducido para Rebelión por Antoni Aguiló y José Luis Exeni


Las elecciones de Brasil suscitaron una gran atención en los medios de comunicación a nivel mundial. En gran medida, estos hicieron una cobertura hostil de la candidata Dilma Rousseff, en lo que fueron celosamente acompañados por los “grandes media” brasileños. El paroxismo del odio contrario al PT llevó a una revista de amplia circulación, Veja, a encaminarse por una vía probablemente ilegal. El New York Times en ninguna ocasión se refirió a la candidata del PT sin el epíteto de “exguerrillera”. Con la misma inconsistencia de siempre, no se le ocurriría a este periódico, o a tantos otros que siguen su línea, referirse a la “excomunista” Ángela Merkel o al “exmaoísta” Durão Barroso, o incluso al “comunista” Xi Jinping, presidente da China. Los intereses que sustentan a esta prensa corporativa esperaban y querían que la candidata del PT fuese derrotada. El terrorismo económico de las agencias de rating, de The Economist, del Financial Times y de la bolsa de valores buscó condicionar a los electores brasileños y asumió una virulencia sorprendente, tomando en cuenta la moderación del nacionalismo desarrollista brasileño y el hecho evidente de que son sobre todo factores mundiales (léase, China) los que afectan el ritmo de crecimiento de países como Brasil.
¿Por qué razón tanta y tan desesperada hostilidad?
Los factores externos: la nueva Guerra Fría
Hay razones externas e internas que solo parcialmente se sobreponen. Por ello la necesidad de analizarlas por separado. Las razones externas son mucho más profundas que el mero apetito del capital internacional por las grandes privatizaciones del presal y de Petrobras, o que la violencia de la respuesta del capital financiero ante cualquier límite a su voracidad, por muy moderado que sea. Brasil es hoy el ejemplo internacionalmente más importante y consolidado de la posibilidad de regular el capitalismo para garantizar un mínimo de justicia social e impedir que la democracia sea totalmente capturada por los dueños del capital, como sucede hoy en Estados Unidos y está ocurriendo un poco en todas partes. Y Brasil no está solo. Solo es el país más importante de un continente donde muchos otros países (Venezuela, Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, Uruguay) buscan soluciones con la misma orientación política general, aunque diverjan en la dosis de nacionalismo o de populismo (tal y como Ernesto Laclau, no condeno en bloque ni a uno ni a otro). Además, estos países han procurado construir formas de solidaridad regional que no pasan por la bendición norteamericana, al contrario de lo que sucedía antes.
¿Cuál es el significado global de esta rebeldía? Ella configura una nueva Guerra Fría. Una Guerra Fría ya no entre el capitalismo y el socialismo, sino entre el capitalismo neoliberal global, sin vestigio nacionalista o popular, y el capitalismo con alguna dimensión nacional y popular, o capitalismo socialdemócrata o socialdemocracia capitalista. Este último capitalismo puede asumir muchas formas y puede llegar a estar presente tanto en Rusia como en China, en India o en África del Sur, o sea, en los llamados BRICS. El fin de la Guerra Fría histórica no fue solo el fin del socialismo en su versión histórica; fue también el fin de la socialdemocracia europea, la única entonces existente, pues a partir de ese momento el capitalismo se sintió liberado de su obligación de sacrificar sus lucros inmediatos para garantizar la paz social siempre amenazada por la existencia de una alternativa potencialmente más justa. En ese momento terminó el capitalismo del breve siglo XX y se buscó reconstruir El Dorado, más mítico que real, de la acumulación del siglo XIX. Fue entonces solemnemente declarado el fin de la historia y la ausencia de alternativa al capitalismo neoliberal.
Fue así que la Guerra Fría desarmó a la socialdemocracia europea. Pero, contradictoriamente, hizo posible la emergencia de la socialdemocracia latinoamericana. No olvidemos que América Latina fue una de las grandes víctimas de la Guerra Fría histórica. Durante este periodo, el capitalismo solo hacía concesiones socialdemócratas en Europa, pues a ello obligaba la tragedia de dos grandes guerras. Fuera de Europa, en cambio, las zonas de influencia del capitalismo eran tratadas con la máxima violencia para liquidar cualquier posibilidad de alternativa. Esa violencia contemplaba guerra financiera, ajuste estructural, desestabilización social y política, e intervención militar. En África, todos los países que pretendieron una solución socialista fueron puestos en orden, desde Gana a Tanzania y Mozambique. En América Latina, el “patio trasero” del Imperio, Cuba había sido una distracción imperdonable. La respuesta fue inmediata. Como decía poco tiempo después de la Revolución cubana el enviado de Fidel Castro a varios países de América Latina, Regis Debray, los Estados Unidos aprendieron más rápidamente la lección de Cuba que la izquierda latinoamericana. También aquí los mecanismos de intervención fueron varios, unos menos violentos que otros, de la Alianza para el Progreso a las dictaduras brasileña, chilena y argentina.
La osadía de América Latina en los últimos quince años consistió en construir una nueva Guerra Fría, aprovechando, como en la anterior, un momento de flaqueza del capitalismo hegemónico. Entrampado desde los años noventa del siglo pasado en el Oriente Medio para saciar el insaciable complejo industrial militar y su avidez de petróleo, el Imperio dejó que avanzasen en su patio formas de nacionalismo y de populismo que, al contrario de las anteriores, ya no buscaban las exiguas clases medias urbanas, sino la gran masa de los excluidos y marginados. Tenían, pues, una fuerte vocación de inclusión social. Esta emergencia fue también posible gracias a un descubrimiento copernicano hecho por un gran líder mundial llamado Lula da Silva. Ese descubrimiento, simple como todos los descubrimientos genuinos, consistió en ver que el ímpetu democratizador que venía desde la lucha contra la dictadura había preparado a la sociedad brasileña para una opción moderada por los pobres, como el mismo Lula en sus orígenes. Se trataba de una opción que la Iglesia católica había asumido durante un tiempo y luego abandonó cobardemente. No se trataba de socialismo, sino tan solo de un capitalismo sujeto a algún control político con el objetivo de realizar políticas de Estado relativamente desvinculadas de los intereses directos e inmediatos de la acumulación capitalista. Este descubrimiento transformó la naturaleza de la hegemonía en Brasil y se convirtió rápidamente hegemónica en el continente. Digo hegemónica porque los propios adversarios tuvieron que usar sus términos para boicotearla y porque su vocación inclusiva se expandió rápidamente hacia otras áreas, especialmente a la inclusión étnico-racial. La sociedad brasileña se hacía más inclusiva en el preciso momento en que se reconocía no solo como sociedad injusta, sino también como sociedad racista, y se disponía a minimizar tanto la injusticia social como la injusticia histórica étnico-racial.
El hecho de que este descubrimiento no haya quedado confinado a Brasil y se haya propagado a otros países, cada uno con trazos específicos de sus trayectorias históricas, combinado con el hecho de que en otros continentes, por otras vías, surgieron formas convergentes de rebeldía al capitalismo neoliberal supuestamente sin alternativa, dio origen a una nueva Guerra Fría. Esta sufriría un golpe fuerte si el país que más avanzó en este campo decidiese volver al redil neoliberal y se comportara como un buen rebaño, tal como está sucediendo en Europa, que durante algún tiempo resistió al destino que le fue dictado por la caída del Muro de Berlín.
De ahí la enorme inversión hecha para derrotar a la presidenta Dilma. Al final, el descubrimiento brasileño reveló una vitalidad que, quizá, ni sus propios protagonistas esperaban. Pero obviamente no se espere que el capitalismo neoliberal global desista. Se siente suficientemente fuerte para no tener que convivir con el statu quo europeo anterior a la caída del Muro. Recurrirá pues al boicot sistemático de la alternativa, por más moderada e incompleta que sea. Tal vez no incluya las formas más violentas que en el pasado llevaron a intervenciones de “cambio de régimen” en países grandes de América Latina y que hoy se limitan a países pequeños como Haití (2004), Honduras (2009) y Paraguay (2012). Serán acciones de desestabilización social y política, aprovechando el descontento popular, financiando ONG con posiciones “amigas”, proveyendo consultoría técnica para el control de las protestas, y así obteniendo informaciones cruciales. Esta intervención será más evidente en países como Venezuela y Argentina, dada la urgencia de poner fin al antiimperialismo chavista o peronista. Pero en todos los países con gobiernos de centroizquierda se esperan acciones de desestabilización interna.
Los factores internos: el colonialismo interno
Como señalé, la superposición entre los factores externos e internos existe, aunque no sea total. La agresividad de los grandes medios de comunicación, la desesperación que llevó a algunos de ellos a cometer actos probablemente criminosos, se asienta en el interés de la gran burguesía por recuperar el control pleno de la economía y obtener los lucros extraordinarios de las privatizaciones a ejecutar. En esa medida, la gran burguesía brasileña brasilera no es más que el brazo brasileño de una burguesía transnacional bajo la égida del capital financiero. No habiendo sido capaz de derrotar a la candidata del PT, seguirá presionando abiertamente (y es probable que tenga éxito) para que se conforme un equipo económico instalado en el corazón del gobierno que satisfaga los “imperativos de los mercados”.
Este brazo brasileño del capital transnacional arrastró consigo importantes sectores de la clase media tradicional e incluso de la nueva clase media, que es un producto de las políticas de inclusión de los gobiernos del PT. Y también estos sectores asumieron el discurso de la agresividad que convierte al adversario en enemigo. Este discurso no puede explicarse únicamente por razones de clase. Hay factores que son específicos de una sociedad forjada en el colonialismo y la esclavitud. Son funcionales a la dominación capitalista, pero operan a través de marcadores sociales, formas de subjetividad y sociabilidad que poco tienen que ver con la ética del capitalismo weberiano. Se trata de la línea abismal que separa al pobre del rico y que, por estar lejos de ser sólo una separación económica, no puede ser superada con medidas económicas compensatorias. Puede, por el contrario, ser intensificada por ellas.
Desde la óptica de los marcadores sociales colonialistas, el pobre es una forma de subhumanidad, una forma degradada de ser que combina cinco formas de degradación: ser ignorante, ser inferior, ser atrasado, ser vernáculo o folklórico y ser perezoso o improductivo. El rasgo común a todas ellas es que el pobre no tiene el mismo color de piel que el rico. Estamos hablando, por tanto, de colonialismo inscrito en las relaciones sociales que a menudo se desdobla en colonialismo en las relaciones entre regiones (sur versus norte), la forma más conocida de colonialismo interno (del norte de Italia con relación al sur; del sur de Brasil en relación con el norte).
En los términos de este colonialismo de la sociabilidad, las condiciones naturales de inferioridad pueden suscitar lo más noble que hay en los seres superiores, pero siempre bajo la condición de que los inferiores en ningún caso pretendan ser iguales que ellos. Esta subversión sería más impensable y destructiva que la subversión comunista. Claro que los seres inferiores pueden creer en el principio de igualdad que escuchan de la boca de los superiores (nunca de su corazón) y luchar por la igualdad. Les beneficia luchar solos porque ello los vuelve más civilizados, y es bueno para la sociedad porque obviamente nunca conseguirán sus objetivos y acabarán reconociendo el carácter natural de la desigualdad.
El hecho de que el poder político de la época Lula identificara esta línea abismal y tratara de superarla mediante políticas compensatorias y de antidiscriminación racial que ayudaran a los inferiores al abandono de su condición de inferioridad es un insulto a la nación biempensante y un desperdicio criminal de recursos. En este caso concreto, tuvo también otra consecuencia: el encarecimiento inoportuno del servicio doméstico que, tal y como está organizado en Brasil, es una herencia directa del mundo de Los maestros y los esclavos [1].
Vale la pena tener en cuenta que el ideario colonialista no es el monopolio de las clases dominantes y sus aliados. Habita en las mentes de quienes más sufren sus consecuencias. Y habita, sobre todo, en las mentes de aquellos que fueron ayudados a salir de su estatuto de inferioridad, pero que activa y rápidamente se olvidan de la ayuda para pensar tan bien como piensa la sociedad biempensante, la sociedad de este lado de la línea abismal en la que acaban de integrarse. Me refiero a los sectores de la llamada nueva clase media.
La mejor respuesta
Las razones anteriores no pretenden explicar las diferencias jugadas en la disputa electoral. Únicamente pretenden explicar su agresividad. Una vez ganadas las elecciones, el gobierno tiene que centrarse en las diferencias sin olvidarse de la agresividad. No es fácil definir la mejor respuesta, pero es fácil prever cuál será la peor. La peor respuesta será pensar que, como la victoria fue estrecha, el PT sólo consiguió retrasar cuatro años su paso a la oposición y que, siendo así, no vale la pena el esfuerzo de cambiar las políticas seguidas hasta ahora e incluso tal vez resulte conveniente rebajar el nivel de confrontación con la derecha. Esta será la peor respuesta porque, con ella, el PT no sólo podría retrasar cuatro años su pasaje a la oposición, sino que quizá podría tardar muchos más en salir de ella.
Veamos, pues, posibles líneas de respuesta que no retrasen derrotas, sino que consoliden la hegemonía de la sociedad más inclusiva y diversa y obligue a la derecha a cambiar los términos de la disputa electoral en los próximos años y en función de esa nueva sociedad.
Políticas sociales. La victoria se logró gracias a los pobres que por primera vez se sintieron apoyados para cruzar la línea abismal y gracias a la militancia aguerrida de quienes se solidarizaron con ellos después de haber visto la línea abismal y disgustarse con lo que vieron. La primera orientación consiste en no frustrar las expectativas de quienes lucharon por la victoria de la candidata Dilma Rousseff. Contrariamente a lo que pensaron algunos analistas del PT en estado de pánico, las manifestaciones de junio del año pasado no fueron un caldo de cultivo de la derecha. En el frente de lucha por Dilma, hubo algunos movimientos que protagonizaron las manifestaciones. Esto muestra que el descontento fue real, aunque a veces su intensidad haya sido manipulada. Y también muestra que el beneficio de la duda dado al Gobierno del PT por los manifestantes de ayer y hoy no volverá a repetirse. La expectativa es ahora más fuerte que nunca. Si no es satisfecha, particularmente en las áreas de la educación, la salud, la calidad de vida urbana, medio ambiente, economía campesina y demarcación de las tierras indígenas, la frustración será irreversible y corrosiva .
La reforma política. La reforma política es el objetivo más reclamado por las fuerzas progresistas y el más bloqueado por un Congreso que, gracias a la patología de la representación generada por el sistema actual, no es el espejo de la diversidad social, política y cultural del país. Casi ocho millones de brasileños exigieron un plebiscito popular para la convocatoria de una asamblea constituyente exclusiva. En situaciones tan distintas como las de Ecuador y Colombia, esta fue la solución encontrada para desbloquear un impasse institucional semejante al que amenaza Brasil. Es muy importante acabar con la financiación corporativa de los partidos o aplicar efectivamente el principio consagrado por la “ley de la ficha limpia” (no haber sido nunca incriminado por corrupción) para los cargos públicos. Pero no es suficiente. Todo el sistema de gobernabilidad tiene que cambiarse. ¿Cómo se puede explicar que dos de los partidos que apoyaron a la candidata Dilma Rousseff hayan sido los oponentes más feroces del candidato a gobernador, Tarso Genro, cuya propuesta de gobierno representa lo más genuino que hay en el horizonte del PT? Sin una profunda reforma política, no habrá reforma tributaria y, sin ésta, Brasil continuará siendo un país injusto a pesar de todas las políticas de inclusión.
La participación popular. Dado el bloqueo institucional que se avecina, los movimientos sociales probablemente tendrán que volver a la calle y ejercer presión política para que el gobierno de Dilma se sienta apoyado en las reformas que quiere acometer. Será este el test decisivo para la presidenta Dilma. Para ser llevado a cabo con éxito, son necesarios dos aprendizajes recíprocos, ambos cruciales. Los movimientos populares tienen que aprender a no dejarse manipular por los grandes media, interesados en radicalizar sus demandas siempre que se circunscriban al gobierno y no incluyan el sistema económico y financiero, este último uno de los más depredadores del mundo en las sociedades democráticas. Y tienen igualmente que aprender a detectar y denunciar a los agitadores profesionales infiltrados en su interior, una realidad con la que sin duda hay que contar dado el contexto internacional que he mencionado. A su vez, la presidenta Dilma tiene que aprender a hablar con quien no habla el lenguaje tecnocrático. Tiene que superar la impactante distancia mantenida con los movimientos sociales en su primer mandato. Tiene que saber lidiar con el hecho de que la participación popular oscilará entre dos formas, la participación institucional y la participación extrainstitucional (en calles y plazas), y debe tener la lucidez de saber que la segunda forma será más fuerte mientras más débil y partidarizada sea la primera.
Justicia y tierras indígenas y quilombolas. El sistema judicial tiene una misión democrática que cumplir en la que el gobierno no debe interferir. Pero el gobierno puede crear condiciones que faciliten o, por el contrario, obstaculicen esa misión. La Presidenta se ha ganado la credibilidad necesaria para asumir su parte de responsabilidad en la lucha contra la corrupción. Pero también tiene que asumir la defensa de la ley cuando favorece a sectores históricamente marginados y excluidos, como los pueblos indígenas, los afrodescendientes y campesinos en general. Mantener al actual ministro de Justicia es un acto de hostilidad frontal respecto a los pueblos indígenas cuyas tierras dependen de firmas que el ministro ha pospuesto ostensiblemente.
Una política de los media. La derecha nunca es agradecida con los gobiernos que no salen de su base socioeconómica, por más favores que le hagan. A diferencia de otros gobiernos progresistas del continente, el gobierno popular brasileño no quiso luchar por una nueva normativa que impidiese a los grandes medios ser el principal elector de la derecha. Si el gobierno espera que esta actitud benevolente fuese interpretada como una rama de olivo enviada a ellos para auspiciar una convivencia civilizada, estaba rotundamente equivocado, como bien mostró la campaña electoral. El caso de Río Grande do Sul es quizá uno de los más representativos de este estado de cosas que convierte a los medios de comunicación corporativos en los principales electores de la derecha. Hay, pues, que seguir adelante con tanta determinación como moderación en esta área. El apoyo a los medios comunitarios y alternativos será un buen comienzo.
Nota
[1] Casa-Grande e Senzala (1933) es una obra del antropólogo y escritor Gilberto Freyre que trata sobre la formación de la sociedad brasileña.
Boaventura de Sousa Santos. Doctor en Sociología del Derecho, universidades de Coimbra (Portugal) y de Winsconsin (EE.UU.)
Fuente: http://www.boaventuradesousasantos.pt/media/Boaventura%20Brasil%20A%20grande%20Divisao%204Nov2014docx1.pdf

Anticapitalismo, ecosocialismo y movimientos sociales: una entrevista con Michael Löwy





Revista “Puño y Letra” - Chile


El objetivo del socialismo, explica Marx, no es producir una cantidad infinita de bienes, pero sí reducir la jornada de trabajo, dar al trabajador tiempo libre para participar de la vida política, estudiar, jugar, amar. Por lo tanto, Marx proporciona las armas para una crítica radical del productivismo y, notablemente, del productivismo capitalista”.
El franco-brasileño Michael Lowy es uno de más destacados intelectuales revolucionarios a nivel mundial. Este sociólogo y filósofo marxista es uno de los principales impulsores de la alternativa Ecososcialista. En esta entrevista exclusiva para la revista “Puño y Letra” de Chile dialoga sobre el marxismo en América Latina; sobre los movimientos sociales; el nuevo internacionalismo; sobre el MIR chileno y los desafío de las y los anticapitalistas.
Marco Álvarez (MA): Michael, en tu libro El marxismo en América Latina señalas tres periodos en la historia del marxismo en la región: un “periodo revolucionario”, desde los años 20 hasta mediados de los años 30, en el que sobresalen el aporte teórico de Mariátegui y la experiencia de insurrección en El Salvador, en 1932; un “periodo estalinista”, iniciado a mediados de los años 30 hasta 1959, marcado por la hegemonía soviética; y un tercero que denominas «nuevo periodo revolucionario», iniciado con el triunfo de la revolución cubana.
Continuando con esa clasificación, ¿cómo denominarías la etapa del marxismo en América Latina de los últimos 25 años y cuáles serían sus principales características?
Michael Löwy (ML): Buena pregunta…Es difícil saber si el periodo revolucionario abierto por la Revolución Cubana sigue hasta hoy, de alguna forma, o si se acabó, luego de 1990 (derrota de los Sandinistas, Acuerdos de Paz en El Salvador). Quizás el futuro nos dará la respuesta. Otra hipótesis es considerar cerrado el capítulo iniciado en 1959 y definir los últimos 25 años como «la batalla anti-neoliberal»: es un periodo en el cual se ensaya, en varios países del continente, salidas del inferno neoliberal. Una hipótesis más optimista sería hablar de un periodo de «socialismo del siglo 21», pero este es, hasta ahora, más bien un horizonte de esperanzas que una realidad social. Lo que caracteriza este periodo es: 1) la gran dispersión de la referencia marxista, que ya no es limitada a las corrientes «clásicas» de la izquierda; 2) la victoria electoral de la izquierda en la mayoría de los países, pero con una diferenciación muy clara entre los gobiernos social-liberales (Brasil, Uruguay, Chile) y los anti-imperialistas (Venezuela, Bolivia, Ecuador), con varias situaciones intermedias.
MA: En el prefacio a la reedición del libro La teoría de la revolución en el joven Marx, te refieres a las «numerosas lagunas, limitaciones e insuficiencias de Marx y la tradición marxista» y sugieres corregirlas «por medio de un comportamiento abierto, una disposición a aprender y a enriquecerse con las crítica y aportes de otros sectores».
En ese contexto, ¿cómo se expresaría este comportamiento abierto y cuáles son esos «otros sectores» claves para corregir la teoría marxista y sus aportes?
ML: En primer lugar, creo que nosotros, los marxistas, tenemos que estar dispuestos a aprender con los movimientos sociales: sean los más « clásicos », como el movimiento obrero y el campesino, o los más « heterodoxos » como el feminismo, el indigenismo, las redes de lucha en contra del racismo. Se trata, en estos últimos casos, de problemáticas -las formas no clasistas de opresión- poco desarrolladas en la tradición marxista. Vale la pena también «revisitar» las otras corrientes revolucionarias del socialismo -incluyendo las que Marx y Engels ya habían «refutado»- como los socialistas utópicos, los anarquistas y lo que yo llamaría «socialistas románticos»: William Morris, Georges Sorel, Charles Péguy. Tenemos también que estar abiertos a los aportes del pensamiento social no marxista, de Max Weber a Sigmund Freud, o de Karl Mannheim a Hannah Arendt, lo que no significa, por supuesto, aceptar todos sus planteamientos.
Pero pienso que la principal insuficiencia de la tradición marxista -aun si se encuentran algunos elementos importantes sobre esta temática en la obra de Marx y Engels- es la cuestión ecológica. Una reflexión marxista en el siglo XXI tiene que darle una importancia central a la amenaza que representa, para la humanidad, el proceso de destrucción capitalista acelerada del medioambiente y de los equilibrios ecológicos (cambio climático); esto implica una revisión de la visión tradicional del «desarrollo de las fuerzas productivas» y del mismo socialismo. El concepto de «ecosocialismo» busca traducir esta nueva visión ecológica y anti-productivista de la revolución socialista.
MA: En Chile, desde 2011, nos encontramos con un fuerte protagonismo de los movimientos sociales, como el estudiantil, los regionalistas, etc. ¿Qué valoración haces de estos movimientos sociales y cuál debe ser, a tu juicio, la relación entre estos y las organizaciones anticapitalistas?
El movimiento de la juventud estudiantil en Chile, y la lucha de los Mapuche, son algunos de los movimientos sociales más importantes de América Latina en los últimos años. Creo que los anticapitalistas deben apoyar sin reservas estas movilizaciones, tratando de impulsar su dimensión antisistémica y haciendo propuestas concretas que se enfrenten con la lógica del capitalismo neoliberal.
MA: Dos de los referentes históricos del marxismo que tú has estudiado a cabalidad son Walter Benjamín y Rosa Luxemburgo. ¿Cuáles serían, en la actualidad, los principales aportes al marxismo de estos dos referentes?
ML: Lo que tienen en común los dos es el énfasis en la lucha de clases como eje central del pensamiento y de la acción marxistas. Rosa Luxemburgo representa una de las formas más radicales de la filosofía de la praxis: es en la acción colectiva, en la lucha, que se desarrolla la consciencia de clase, y la autoorganización de los oprimidos. Por esto, la democracia, es decir, la participación efectiva de la clase explotada en las decisiones, es una condición fundamental del proceso de transformación revolucionaria de la sociedad.
Walter Benjamin se propuso entender la historia «a contrapelo» del punto de vista de los oprimidos. Desde esta perspectiva, rechaza la visión burguesa –compartida por buena parte de la izquierda- de la historia como «Progreso». Para él, la revolución no es la conclusión de una larga evolución «progresista», sino la interrupción de la cadena milenar de la dominación.
MA: Muy pronto publicaremos a través de la nueva editorial “Sylone” el libro Los Trotskismos, de Daniel Bensaïd. Tú militaste junto a este autor en las filas del trotskismo durante muchos años. ¿Cuál es, a tu parecer, el principal legado teórico de Bensaïd?
ML: Son muchos los aportes de Daniel Bensaïd, pero el más importante me parce es su planteo –inspirado por Pascal y por los trabajos del marxista heterodoxo de Lucien Goldmann- de la revolución como «apuesta melancólica». Apuesta, porque no hay ninguna certeza del triunfo del socialismo, de la emancipación de los oprimidos; el revolucionario solo puede apostar en un futuro posible, jugándose su vida y su acción en esta esperanza, corriendo el riesgo de la derrota. Y «melancólica» porque hasta ahora los grandes revolucionarios –Rosa Luxemburgo, León Trotsky, Che Guevara, Miguel Enríquez– fueron derrotados y asesinados.
MA: También has escrito bastante sobre el Che Guevara. ¿Dónde crees tú que se encuentra la vigencia de su pensamiento?
ML: Por una parte, en su planteo estratégico: «no hay otra revolución que hacer, o revolución socialista o caricatura de revolución». Por otra parte, en su tentativa, durante su estadía en Cuba, de proponer un camino hacia el socialismo alternativo al modelo soviético, con mayor democracia y un contenido ético comunista. Es un error reducir Guevara al «guerrillero heroico»: fue uno de los pensadores marxistas más importantes de América Latina. Su humanismo marxista tiene su máxima expresión en su internacionalismo, en la convicción de que un comunista tiene que sentir como una agresión personal un golpe que atinge a un luchador en cualquier país del mundo.
MA: Siempre has sido internacionalista. ¿Existe un nuevo internacionalismo? ¿De qué formas se expresa hoy este nuevo internacionalismo?
ML: Me parece que el nuevo internacionalismo, tal como se presenta en movimientos como Vía Campesina, o en iniciativas como el altermundialismo, o en los levantes de los «indignados», tiene un contenido anticapitalista y/o antisistémica. Ya no plantea, como en los años 60, la «solidaridad» con las luchas del Sur, sino una alianza entre movimientos del Norte y del Sur en contra de sus enemigos comunes: el neo-liberalismo, el FMI, la Banca Mundial, las multinacionales, el imperialismo. Los herederos de las mejores tradiciones del internacionalismo del pasado –los anarquistas, los marxistas de la IV Internacional, los guevaristas– participan en las movilizaciones del nuevo internacionalismo.
MA: Tú eres uno de los grandes impulsores de la alternativa Ecosocialista, el libro ¿Qué es el Ecosocialismo?, recopila varios artículos tuyos sobre la materia. Al respecto, ¿podrías explicar brevemente qué es el Ecosocialismo y cuáles son sus principales fundamentos teóricos?
ML: El ecosocialismo se reclama de la herencia marxista, de la crítica de la economía política capitalista por Marx y del programa socialista. Al mismo tiempo, se disocia de las vertientes productivistas del marxismo –que han predominado en el curso del siglo XX– y rompe con el modelo soviético (antidemocrático y antiecológico) de pretensa «construcción del socialismo».
Muchos ecologistas critican a Marx por considerarlo un productivista. Tal crítica nos parece equivocada: al hacer la crítica del fetichismo de la mercancía, es justamente Marx quien coloca la crítica más radical a la lógica productivista del capitalismo, la idea de que la producción de más y más mercancías es el objeto fundamental de la economía y de la sociedad.
El objetivo del socialismo, explica Marx, no es producir una cantidad infinita de bienes, pero sí reducir la jornada de trabajo, dar al trabajador tiempo libre para participar de la vida política, estudiar, jugar, amar. Por lo tanto, Marx proporciona las armas para una crítica radical del productivismo y, notablemente, del productivismo capitalista. En el primer volumen del El Capital, Marx explica cómo el capitalismo agota no sólo las fuerzas del trabajador, sino también las propias fuerzas de la tierra, extinguiendo las riquezas naturales. Así, esa perspectiva, esa sensibilidad, está presente en los escritos de Marx, sin embargo, no ha sido suficientemente desarrollada.
Una reorganización del conjunto de modos de producción y de consumo es necesaria, basada en criterios exteriores al mercado capitalista: las necesidades reales de la población y la defensa del equilibrio ecológico. Esto significa una economía de transición al socialismo ecológico, en la cual la propia población –y no las «leyes de mercado» o un Buró Político autoritario– decidan, en un proceso de planificación democrática, las prioridades y las inversiones. Esta transición conduciría no sólo a un nuevo modo de producción y a una sociedad más igualitaria, más solidaria y más democrática, sino también a un modo de vida alternativo, una nueva civilización ecosocialista más allá del reino del dinero y de la producción al infinito de mercancías inútiles.
MA: ¿Cuáles serían, en tu opinión, las principales tareas de las y los militantes ecosocialistas en los países de América Latina?
ML: Participar en todas las luchas y movilizaciones socioecológicas, de los indígenas y campesinos en contra de la furia destructora del agronegocio y de las multinacionales, de la juventud y la población de la periferia por el transporte público gratuito, etc. En el seno de estas luchas contribuirá la toma de consciencia anticapitalista y presentar, a la vez, propuestas concretas y una perspectiva alternativa radical, el ecosocialismo.
MA: Para finalizar, en nombre de Puño y Letra, la revista de reflexión de la Izquierda Anticapitalista Chilena, podrías referirte a la importancia que en la actualidad adquiere la unidad de las y los anticapitalistas.
ML: Me permito citar un hermoso artículo de José Carlos Mariátegui para el Primero de Mayo del 1924: «Una variedad de tendencias y grupos bien definidos y distintos no es un mal; al contrario, es una señal de un periodo avanzado en el proceso revolucionario. Lo que importa es que esos grupos y esas tendencias sepan cómo actuar en conciliación frente a la realidad concreta del día a día. (…) Que no empleen sus armas (…) para herirse el uno al otro, pero sí para combatir el orden social, sus instituciones y sus crímenes».
Es importante constituir, en un primer momento, un Frente Único de las y los anticapitalistas, en base a tareas concretas de la lucha social y ecológica; y, en un segundo momento, tratar de crear, por la convergencia de múltiples corrientes, una Federación Anticapitalista capaz de actuar con una perspectiva de transformación revolucionaria de la sociedad. 

jueves, 13 de noviembre de 2014

Llaman a participar en Marcha Mundial en Defensa de la Madre Tierra el 10 de diciembre

                                                         Internacionales
Representantes de los pueblos originarios, movimientos sociales y congresistas de la República hicieron un llamado a la ciudadanía a participar de la Marcha Mundial en Defensa de la Madre Tierra que se realizará el 10 de diciembre en Lima.

La movilización espera reunir a miles de personas de todo el mundo para ejercer presión sobre la Vigésima Conferencia Internacional sobre Cambio Climático (COP 20) que se desarrollará del 1 al 12 de diciembre en la capital peruana. La conferencia de prensa que sirvió para hacer la invitación tuvo duras críticas al gobierno de Ollanta Humala.
La congresista Verónika Mendoza, de Acción Popular – Frente Amplio, calificó de “incoherente” al gobierno por tener un discurso para la “tribuna internacional” que se contradice con las políticas que implementa a nivel interno en materia ambiental y de derechos humanos. En ese mismo sentido se pronunciaron los líderes y dirigentes sociales que estuvieron presentes ayer en el Congreso y que garantizaron su presencia y la de sus organizaciones en la marcha que se llevará a cabo el 10 de diciembre en el marco de laCumbre de los Pueblos, encuentro alternativo a la COP 20.
Ellos pidieron la derogatoria de las normas contenidas en la Ley 30230, conocida también como “paquetazo antiambiental”, que debilitan la rectoría del Ministerio del Ambiente (Minam) y la capacidad de fiscalización del OEFA. Cabe destacar que entre las organizaciones presentes estuvieron el Pacto de Unidad de organizaciones indígenas del Perú y el recientemente formado Movimiento de los Pueblos por el Buen Vivir, integrado por diversas organizaciones sociales e indígenas de distintas regiones del país. A su turno la dirigente Lourdes Huanca, presidenta de la Fenmucarinap, pidió la derogatoria de las leyes que criminalizan la protesta e hizo hincapié sobre el impacto que tiene el cambio climático en las mujeres y la urgencia de que los gobiernos tomen medidas vinculantes al respecto.
“El cambio climático afecta a las mujeres, en su salud, economía, educación y en nuestra vida cotidiana; y en la COP 20 queremos que se vea esta problemática de las mujeres”, explicó. Por su parte el parlamentario Jorge Rimarachín cuestionó la autoridad moral del Perú como organizadora de la COP 20.
“No puedes promover la contaminación ambiental (con leyes como la 30230), no puedes promover el cambio climático y luego ir a una cumbre contra el cambio climático”, apuntó. De no dar marcha atrás con el llamado “paquetazo antiambiental” se promoverá la interpelación al ministro del Ambiente, Manuel Pulgar-Vidal, y su censura antes de la COP 20, explicó luego.
A su turno, Milton Sánchez, presidente de la Plataforma Interinstitucional Celendina (PIC) de Cajamarca, pidió a la ciudadanía unirse a la marcha para así “desenmascarar al gobierno (peruano) que se ha puesto una careta de ambientalista”.
Sánchez negó de otro lado lo expresado recientemente por Pulgar-Vidal quien dijo que las comunidades de la zona de influencia del proyecto minero Conga ya estarían llegando a un acuerdo con las empresas Newmont y Buenaventura para su ejecución.
Los pueblos originarios de la Amazonía no faltaron a la cita. Ellos pidieron al gobierno y a las empresas que respeten el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), sobre pueblos indígenas.
Las propuestas también se hicieron presentes. Al respecto, la congresista Verónika Mendoza recordó que se han presentado leyes para que se establezca una institucionalidad para el ordenamiento territorial, así como una iniciativa para que se protejan las cabeceras de cuenca y los ecosistemas frágiles.
Asimismo, precisó, que ha presentado una ley para que se establezca el agua como un derecho humano.
“Todas estas iniciativa están en manos del Congreso, es la oportunidad, ahora que vamos a ser anfitriones de la COP 20, para aprobar todas estas normas”, afirmó. De igual modo, hizo extensiva la invitación para que se sumen más personas e instituciones a la Marcha Global en Defensa de la Madre Tierra, cuya fecha de realización coincide con el Día Internacional de los Derechos Humanos.
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Urge cambiar este sistema alimentario criminal

Entrevista a Carlo Petrini, fundador del movimiento 'Slow Food' El fundador de "Slow Food" reunió a 220.000 personas en el Festival Tierra Madre de Turín publicado en el Diario El Mundo. Carlo Petrini tiene la sana costumbre de meter el dedo en la llaga y la cuchara en el plato. Bajo la sabia batuta de este piamontés de 65 años, lo que empezó como una impostura ante el "fast food" ha cuajado en algo así como las Naciones Unidas por la celebración de la gastronomía y la defensa de la biodiversidad. Más de 220.000 personas acudieron en Turín al Festival Terra Madre de Slow Food, donde Petrini ejerció de "cicerone" de esa vieja/nueva cultura alimenticia que llega ya al último rincón del planeta.
Una tercera parte de los alimentos que producimos nunca llega a nuestra mesa ¿De quién es la culpa?
El despilfarro es un auténtico escándalo. En el fondo, es un reflejo de este sistema alimentario criminal e insostenible que hemos creado. Más de 850 millones de personas pasan hambre, y más de 1.500 padecen obesidad o están sobrealimentados. Son las dos caras de la misma moneda. Y entre tanto, tiramos millones de toneladas de comida a la basura... ¿Cómo podemos tolerarlo? Está claro que el sistema alimentario ha tocado fondo. Es urgente cambiarlo, pero la labor es más ardua. Lo que necesitamos en el fondo es un cambio de paradigma. Hay que evolucionar hacia un modelo que respete la biodiversidad y la gestión de la tierra.
Pero a la gente le cuesta hacer la conexión entre el plato y el planeta... Y sin embargo, esa conexión es primordial y ha estado ahí desde el principio de la historia.
El alimento, la política y el medio ambiente siempre han ido unidos, desde los tiempos de los faraones y de Nerón.
La política alimentaria ha sido siempre el elemento fundamental del poder político, que consiste esencialmente en controlar el vientre de las personas.
En otros tiempos se hacían las guerras para conquistar tierras y cultivar. Hoy se persigue el mismo afán por otros medios: India, China y las multinacionales se han lanzado al acaparamiento de tierras en África. Se las regalan los Gobiernos corruptos... 'Slow Food' ha lanzado su programa de 10.000 huertos en África ¿Serán suficientes? No son más que una gota de agua, pero así se empieza.
Los campesinos necesitan mecanismos de autodefensa. La realidad es así de dramática: el 80% de las semillas están en manos de cinco multinacionales. Tan sólo el 20% está en manos de los campesinos. Patentar las semillas es algo que debería estar prohibido, es casi como patentar el aire que respiramos. Nuestra esperanza son, sin embargo, esos 500 millones de familias agrícolas en cada ángulo del mundo.
Forman parte de ese ejército silencioso que está impulsando el cambio de paradigma desde lo local. ¿Podemos acabar con el hambre con la agricultura familiar? ¿Para alimentar a un mundo de 10.000 millones de habitantes hacia el que avanzamos no harán falta la agricultura industrial y los transgénicos? Esa idea de que los transgénicos pueden acabar con el hambre en el mundo no es verdad. Para empezar, hoy por hoy producimoscomida suficiente para alimentar a 12.000 millones de humanos.
Si no lo conseguimos es principalmente por los problemas de distribución, por falta de eficiencia o de conveniencia de los "mercados" (la palabra mágica).
Se está desmontando también el mito de que los cultivos transgénicos son más productivos que los biológicos. Y hasta la FAO, que hasta hace poco defendía la agricultura intensiva como la solución, se ha convertido al apoyo de la agricultura familiar, que es el baluarte que puede defender la buena alimentación, la alimentación verdadera. ¿Qué lugar ocupará en el futuro la agricultura urbana? Un lugar bastante importante, sin duda.
Desde el 2008, por primera vez en la Historia de la Humanidad, la mayoría de de población vive en ciudades.
Es lógico, pues, pensar en la agricultura urbana como una manera de responder a la concentración humana.
Me consta que en España, como en otros países, ese fenómeno va a más y forma parte de una mayor sensibilidad hacia la producción ecológica, sana y local. Slow Food nació hace casi 30 años y se ha propagado ya por 175 países ¿Qué tiene en común un miembro de la organización en Camerún con uno en Estados Unidos?
Tiene en común su aprecio por la tierra, por la dignidad de los campesinos, por nuevas formas de distribución y venta directa, por los mercados de granjeros, por los alimentos locales y de temporada...
Cada país tiene su cultura, y eso es algo que también nos interesa destacar: los países que llamanos "pobres" son a veces muy ricos en cultura gastronómica.
No hay más que apreciar algunos de los 2.000 alimentos que hemos preservado en el Arca del Gusto: queremos llegar a los 10.000 en todo el planeta. ¿Y si comiéramos menos carne, no le estaríamos haciendo también un favor al planeta?
El consumo de carne y de pescado es algo que hemos intentado abordar de cerca con Slow Fishy Slow Meat.
Es increíble cómo estamos devastando los océanos, por eso es también importante conocer y proteger al pequeño pescador. Y por lo que respecta a la carne, es cierto que los americanos y los europeos comemos demasiada. Un americano medio ingiere una media de 125 kilos al año, lo cual no es sólo malo para el planeta, es malo para la salud.
Pero un africano medio no come más que cinco kilos año. No estaría de más que los africanos pudieran comer más carne. ¿Usted come carne? Cada vez menos.
Pero la agradezco de vez en cuando para dar sabor a la pasta, nuestro plato nacional.
¿Cómo va Slow Food en España? En Cataluña y en el País Vasco hay grupos muy potentes, pero me gustaría tener más presencia en el sur, en Andalucía, Extremadura y Murcia. Usted ha criticado recientemente la labor de los chefs estrella en la televisión como "pornografía gastronómica"... No podemos generalizar. Y lo cierto es que hay cada vez más "chefs" sociales.
En el Festival Terra Madre hemos tenido a Jamie Oliver, que ha revolucionado la comida en las escuelas británicas. Y en Perú tenemos a Gastón Acurio, que es algo más que un cocinero, es todo un líder.
En los próximos años tenemos que volcarnos en la educación, y la labor de los "chefs" es fundamental en esa tarea.
Fuente:
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Medio y Medio

Cómo convirtieron los y las cubanas su isla a la agricultura biológica

Los y las cubanas han realizado aquello con lo que sueñan los ecologistas del mundo entero: desde hace veinte años, la isla se ha convertido a la agricultura biológica. Las claves de este éxito son necesidad, posibilidad y voluntad.





En 1989 cae el Muro de Berlín y dos años después se desmorona la Unión Soviética.

Cuba pierde entonces su suministrador depetróleo, de material agrícola, de abonos químicos y de pesticidas.
Con la desaparición de la URSS y de los países del Este que compraban sus productos a precios constantes, la isla pierde también unos importantes mercados, sobre todo el del azúcar, un 85% de cuya producción exportaba.
Se habían reunido todos los ingredientes para que el país se sumiera en el caos, tanto más cuanto que el bloqueo estadounidense se había estrechado.
Empieza para Cuba una nueva era, el «periodo especial en tiempo de paz» anunciado en 1992 por Fidel Castro y que durará cinco años y, dicho con otras palabras, un periodo de grave crisis económica: el producto interior bruto (PIB) cae un 35%, el comercio exterior un 75%, el poder adquisitivo un 50% y la población padece desnutrición. «No sabían que era imposible, así que lo hicieron» (Marc Twain) Se hace de la necesidad virtud.
La población se lanza a cultivar fruta y verduras para poder satisfacer sus necesidades alimentarias. «Las y los cubanos tenían hambre.
Es la población cubana quien dio los primeros pasos ocupando tierras en un movimiento espontáneo», explica Nils Aguilar, director del documental Cultures en transition .
Miles de jardines, «organopónicos», florecen en pequeñas parcelas de tierra, en las terrazas, entre las casas, en antiguos vertederos, en medio de solares, es decir, en el menor espacio que quede libre. Además de laagricultura se suele practicar también la cría de animales pequeños: gallinas, conejos, patos, cerdos. «Los actores principales del movimiento agroecológico son los propios campesinos», afirma Dorian Felix, agrónomo especializado en agroecología tropical, en misión en Cuba enviado por la asociación Terre et Humanisme.
«Experimentaron estas prácticas, las validaron y las difundieron. Su movilización y la de toda la sociedad civil fue y sigue siendo muy importante».
El auge de la agricultura urbana Acto seguido el gobierno emprende una transición forzada.
La producción de comida se convierte en una cuestión nacional. A partir de la década de 1990, se pone el acento en la producción local, a partir de recursos locales y para consumo local.
El Estado distribuye terrenos a quienes quieren cultivarlos y desarrolla una agricultura alimenticia y biológica de proximidad: al no tener petróleo para hacer funcionar los tractores se recurre a la tracción animal; al carecer de abonos químicos y de pesticidas se vuelve a descubrir el compost, los insecticidas naturales y la lucha biológica. «Es una auténtica revolución verde», confirma Nils Aguilar.
«En este país todo el mundo se implica, ¡tuve la sorpresa de escuchar a taxista elogiar las hazañas de la agroecología! Cuba desarrolla unaagricultura agroindustrial y demuestra que estas técnicas pueden alimentar a las poblaciones». Hoy la mano de obra agrícola se ha multiplicado por diez.
Exmilitares, funcionarios y empleados se han convertido o reconvertido a la agricultura, ya que muchos de ellos y ellas habían sido campesinos antes. Cada escuela cultiva su huerto, las administraciones tienen su propio jardín que suministra verduras a las cantinas de los empleados.
Fenómeno sin precedentes, la agricultura urbana se ha desarrollado como en ninguna otra parte del mundo.
La isla cuenta con unas 400.000 explotaciones agrícolas urbanas que cubren unas 70.000 hectáreas de tierra que hasta antes estaban inutilizadas y que producen más de 1,5 millones de toneladas de verduras.
La Habana es capaz de suministrar un 50% de fruta y verdura bio a sus 2.200.000 habitantes y el resto lo suministran las cooperativas de la periferia. Revolución verde a la cubana En 1994 las granjas de Estado productivistas se transforman progresivamente en cooperativas para suministrar alimentos a hospitales, escuelas y jardines de infancia. El resto de la producción se vende libremente en los mercados.
Universitarios, investigadores y agrónomos contribuyen a difundir las técnicas de la agroecología.
Una red de tiendas vende semillas y herramientas de jardinería a bajo precio, al tiempo que proporciona a los clientes consejos de expertos.
Y en todas las ciudades del país se enseña agricultura biológica por medio de la práctica, sobre el terreno.
Mucho más que una simple transferencia de conocimientos tecnológicos se trata de «producir aprendiendo, de enseñar produciendo y de aprender enseñando».
El impacto de esta revolución verde es múltiple: reducción de la contaminación del suelo, del aire y del agua; reciclaje de residuos, aumento de la biodiversidad, diversificación de la producción, mejora de la seguridad alimentaria, del nivel de vida y de la salud; creación de empleos, sobre todo para mujeres, jóvenes y jubilados.
También se establece una política menos centralizada, que da más margen de maniobra a las iniciativas individuales y colectivas autogestionadas.
La consigna dominante es: «Descentralizar sin perder el control, centralizar sin matar la iniciativa».
En las ciudades este principio ha permitido promover la producción en el barrio, por el barrio y para el barrio fomentando la participación de miles de personas deseosas de unirse a la iniciativa.
Cuba produce hoy para su consumo más del 70% de las frutas y verduras, lo que no le garantiza una autonomía alimentaria total, en la medida en que todavía depende de las importaciones, sobre todo de arroz y de carne. Pero, según los criterios de la ONU, «el país tiene un alto índice desarrollo humano y una huella ecológica débil en el planeta».
Si mañara cesaran las importaciones de alimentos, los habitantes estarían mucho menos en peligro que los de un país como Francia, que solo dispone de algunos días de reserva en sus supermercados (según el Consejo Económico, Social y medioambiental Ile-de-France, CESER por sus siglas en francés, la región solo dispone de cuatro días de reservas alimentarias).
Ha sido necesaria una crisis para que Cuba descubra las virtudes de la agroecología, de los permacultivos, de la agrosilvicultura e incluso del silvopastoralismo. Aún así, ¿ha logrado la isla su transición energética? Solo en parte.
El consumo de petróleo se reanudó en 1993 gracias a (¿o a causa de?) la producción nacional y la ayuda de Venezuela que le proporciona cerca de 110.000 barriles de petróleo al día.
Pero se puede apostar que el país ya no podrá dar marcha atrás.
Y es que, más allá de la revolución agrícola, las iniciativas individuales y colectivas han demostrado que las y los cubanos podían hacerse cargo de su destino, ¡una verdadera revolución cultural!
Fuente: 
Ecoportal.net
Texto extraído del dossier “Plus forts ensemble”de Kaizen 11. http://www.kaizen-magazine.com/comment-les-cubains-ont-converti-leur-ile-au- bio/ Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos http://www.rebelion.org/noticia.php?id=191093

Brasil: Campaña convoca a la población a las calles contra el uso de agrotóxicos


Las elecciones pasaron y el Congreso no podría haber  quedado peor: más de la mitad de sus miembros,  se identifican con la denominada  bancada Ruralista. Además de afrontar los derechos de los indígenas y quilombolas, este grupo bipartidista es responsable de la aprobación de leyes que facilitan el uso de más agrotóxicos.
El próximo 3 de diciembre, fecha en que se  celebra el Día Internacional del  No uso de agrotóxicos,  la Campaña Permanente contra los Agrotóxicos y por la Vida convoca a los ciudadanos  brasileños a unirse a la demanda de alimentos saludables sin venenos. Es fundamental que el Congreso defienda la salud  de la población y la agricultura familiar, responsable  de la producción del 70% de los alimentos que llegan a nuestra mesa.
La campaña   aboga por poner fin a la práctica de fumigación aérea utilizada por el agronegocio,  y la reforma política, con el fin de reducir el peso de los intereses económicos y permitir que nuestra representación en la Cámara y el Senado. Los ruralistas defienden los intereses de alrededor de 1% de los propietarios de tierras en Brasil, que dominan el 44% de las áreas cultivables de Brasil. Esto es sólo una muestra de las distorsiones de representación  de nuestro legislativo.
Conferencias públicas, debates, ollas, panfletos, " Feria de los envenenados." Vale la pena un poco de todo. La idea principal de la campaña es demarcar la fecha  nacionalmente  e ir a las calles para mostrar que la lucha contra los agrotóxicos está vinculada a un gobierno progresista, y  las ideas de la reforma política y la participación popular.
Las actividades ya están confirmadas en Porto Alegre, Río de Janeiro y Cuiabá. También participe! Póngase en contacto con  la Secretaría Operativa de la Campaña  (por e-mailcontraosagrotoxicos@gmail.com) para saber más sobre las movilizaciones en su estado, también organice  alguna actividad en tu ciudad.
La fecha
Bhopal, India. En la madrugada del  día 3 de diciembre de 1984. En una zona densamente poblada,  de 27 a 40 toneladas de  gases tóxicos socianato de metilo y hidrocianeto,  químicos utilizados en la preparación de un pesticida de la Corporación  Union Carbide, se fugan y se dispersan  por la ciudad, cuando los seis  sistemas de seguridad no funcionan.
30 000 personas, ocho mil en los primeros tres días, murieron a causa del accidente y, aún hoy las estimaciones indican que 150 000 sufren de enfermedades crónicas degenerativas causadas por la exposición a gases letales.
La Union Carbide, posteriormente adquirida por Dow Química, todavía se niega a proporcionar informaciones detalladas sobre la naturaleza de los contaminantes, dificultando un tratamiento médico adecuado  para los individuos expuestos. La región nunca fue descontaminada y aún hasta hoy representa un peligro para la población.
El desastre químico fue considerado el peor en la historia y la fecha fue establecida por la Red de Acción en Plaguicidas (PAN) como el día internacional de la no utilización de agrotóxicos. El Dow ahora es uno de los seis gigantes del mercado de venenos y de   semillas transgénicas, y en 2012 tuvo ingresos de $ 60 mil billones.

Fuente Via Campesina.Org 

Ayotzinapa: las venas abiertas de México



Ayotzinapa desgarró la piel de México y puso al desnudo la gangrena que lo corroe hasta sus entrañas debido a décadas y décadas de injusticia, desigualdad, explotación, muerte, hambre, y desesperación perpetradas por las clases dominantes y por su Estado contra el pueblo.
El informe oficial que con mucho cansancio y, seguramente, flojera rindió el procurador Murillo Karam el 7 de noviembre del presente respecto a que los 43 normalistas fueron asesinados, calcinados y luego depositados en un río, pudiendo rescatar sólo dos bolsas negras con cenizas, cuestión que hace imposible identificarlos con el ADN, constituye la prueba palmaria de la total incapacidad del gobierno federal para esclarecer los hechos y dar con los verdaderos criminales materiales e intelectuales de esta masacre que ya constituye un repudiable crimen de lesa humanidad en una escala igual o superior a las cometidas por los regímenes fascistas contra su población.
Amnistía Internacional declaró que al procurador se le "olvidó" reconocer que la desaparición de los normalistas es un crimen de Estado y no un hecho aislado que inculpa sólo al hoy preso ex-narco alcalde y a su narco pareja —ésta solamente arraigada— y a una bola de policías asesinos municipales que habrían disparado y matado a algunos estudiantes y transeúntes para luego entregar a los 43 normalistas al grupo criminal de los Guerreros Unidos que finamente los habrían ultimado.
El gobierno intentó presentar el acontecimiento como un conflicto entre grupos rivales —el otro cartel se denomina Los Rojos que también operan en el Estado de Morelos— y, por tanto, como un "ajuste de cuentas" donde habrían estado involucrados los estudiantes normalistas. Sin embargo, gracias a las movilizaciones de los padres de las víctimas y de las organizaciones populares solidarias que han estado denunciando esta atrocidad con luchas que van desde los paros y tomas de carreteras y de edificios gubernamentales, manifestaciones multitudinarias, conferencias a la opinión pública nacional e internacional, no se pudo concretar esa perversa intención incriminatoria del Estado para curarse en salud y dar por "esclarecida" la masacre.
Preocupa enormemente que ante una pregunta de una periodista respecto a que por qué no había intervenido la unidad militar estacionada a sólo unas cuadras de donde la policía municipal estaba disparando a los normalistas, el procurador contestó: "¡el ejército, como todos los ejércitos del mundo se mueve sólo con órdenes, ¡y qué bueno! Nada más le quiero hacer una pregunta: ¿Qué hubiera pasado si el ejército hubiera salido en ese momento, a quién hubiera apoyado? ¡Obviamente a la autoridad constituida!; hubiera sido un problema mucho mayor, que bueno que no salieron" (conferencia de prensa del procurador TV Milenio, viernes 07 de noviembre de 2014).
¿Qué acaso los personeros de la burocracia política, desde el presidente hacia abajo, no se la pasan clamando que las fuerzas armadas están para defender a la patria, al pueblo, a los ciudadanos? Lo que dio a entender el señor procurador general de la República es que si esa unidad castrense hubiera intervenido seguramente lo hubiera hecho en contra de los estudiantes intensificando las detenciones y la masacre en conjunto con los municipales. ¡Así, sí!: ¡claro!, ¡que bueno que no intervinieron los guachos, porque seguramente se hubiera incrementado el número de víctimas y de fosas clandestinas!
Como vemos este alto representante del gobierno federal refleja su concepción ideológica sobre la utilidad y función del ejército —acordémonos que Marx señaló que el Estado es un instrumento de la clase dominante y que su columna vertebral era justamente el ejército, y no se equivocó— y al respecto solamente hay que recordar las represiones y masacres de 1968 y 1971, de Aguas Blancas (1995), Acteal (1997) y, junto con Ayotzinapa, Tlatlaya (2014).
Este es el verdadero papel del Estado: garantizar la propiedad privada, la reproducción del capital y su régimen de explotación de la fuerza de trabajo que, juntos, garanticen altas cuotas de rentabilidad al capital privado nacional y extranjero.
La proclama oficial de los acontecimientos de Ayotzinapa era urgente para el régimen en la víspera del viaje del presidente para participar en las Cumbres de APEC y del G-20 en China y Australia y, de este modo, tener fabricada artificialmente una explicación y justificación de los hechos que dejara "tranquila" a la opinión pública internacional, aunque internamente se estuviera incendiando la casa con manifestaciones, bloqueos, huelgas, toma de aeropuertos, de carreteras y edificios públicos, sedes municipales, en protesta por los crímenes de lesa humanidad y las atrocidades cometidas por el régimen contra los estudiantes normalistas con toda impunidad y con el silencio cómplice de las autoridades centrales.
En el Estado de Guerrero, mientras tanto, al gobernador interino impuesto por Peña Nieto y por el PRD, se le encomendó la tarea de "pacificar" Iguala mediante compromisos vacíos y promesas de encontrar con vida a los normalistas, pero en verdad sirviendo de comparsa al gobierno central para apaciguar las cosas con vistas a las próximas elecciones de 2015 donde se habrá de renovar el poder legislativo por la misma partidocracia en el poder y gobernadores en algunos estados de la República. Obviamente que el PRD pretende darse continuidad manteniendo su alianza con el PRI y ella pasa por darle carpetazo lo más pronto posible al caso Ayotzinapa.
El problema, después de más de 50 días de ocurridos los lamentables y siniestros acontecimientos —que no pueden ser menos que caracterizados como crimen de Estado y de lesa humanidad— no es solamente la desaparición de los 43 jóvenes estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos —que, necesariamente, será la demanda central de los padres de familia y del movimiento social hasta que no sean presentados con vida y cuando las autoridades den una explicación veraz, científica y creíble de su paradero­, sino, además, el esclarecimiento de los cientos de desaparecidos tanto en el Estado de Guerrero como en el resto del país y la ubicación y castigo a los responsables y de la existencia de fosas clandestinas repletas de cadáveres y de los diversos grupos de los cárteles de la droga y del narcotráfico que operan impunemente a lo largo y ancho del territorio nacional. El no atender estas demandas y problemáticas por parte del Estado mexicano responsable de su existencia, no hará otra cosa que reproducir, en escala mayor, la lucha de clases en todas sus manifestaciones y las contradicciones sociales y políticas en el contexto de la crisis estructural del capitalismo dependiente mexicano que tiende a profundizarse en consonancia con la profundización de la crisis de la economía capitalista mundial.
Por lo pronto, la ausencia del Presidente de la República para asistir a un foro internacional, es reveladora del poco interés y del desprecio que la clase política tiene de estas problemáticas, así como de la enorme prepotencia que mantiene al suponer que, como ha ocurrido reiteradamente en otras represiones y masacres perpetradas por el gobierno, no ha ocurrido nada en México y no se pone en jaque al sistema capitalista de dominación que perpetúa la explotación, la injusticia, la inseguridad, la violencia, la miseria y la impunidad de los diversos grupos criminales que actúan a sus anchas.
La demanda de la desaparición de poderes del constituido movimiento de la Asamblea Nacional Popular (ANP), en virtud de existir en Guerrero un "Estado fallido" —desechada sin cortapisas por el senado— constituye un principio para abordar la problemática del Estado en el contexto de la masacre de Ayotzinapa, del castigo de los verdaderos culpables y de la erradicación de los grupos criminales tanto de la delincuencia organizada como los ligados orgánicamente al Estado y que actúan como bandas paramilitares en la mejor tradición de las prácticas represivas de los Estados contrainsurgentes latinoamericanos de las décadas de los años sesenta y setenta del siglo pasado y que en México han sido recreadas dotándolas de tecnología y asesoría proporcionada por el gobierno norteamericano.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.