domingo, 26 de enero de 2014

Transiciones de la democracia en América Latina y el Caribe en el siglo XXI


La construcción de una democracia socialista

Pacarina del Sur

Artículo basado en mi ponencia presentada en el XXIX Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología ALAS Chile 2013, Santiago de Chile, 30 de septiembre de 2013.


Tras la reconfiguración política que ha vivido América Latina y el Caribe desde el levantamiento zapatista de 1994, en México, y la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela, en 1998, la democracia en la región ha experimentado una profunda transformación, consolidándose no sólo en su vertiente representativa, sino también avanzando sustancialmente hacia un modelo participativo, sobre todo en aquellos países inmersos en una transición de signo socialista, --con enormes obstáculos y contradicciones internas y externas--, como Venezuela, Bolivia y Ecuador, además del desarrollo del modelo cubano. Paralelo a los sistemas políticos del Estado, también destacan experiencias como las del zapatismo en México y el MST en Brasil, que construyen sus propias estructuras de democracia directa. Tanto teórica como empíricamente, América Latina y el Caribe están presenciando la construcción de una democracia de orientación socialista, contrastando con la interpretación y vivencia que ésta tuvo durante el llamado socialismo real en el siglo XX. Fuente: Pacarina del Sur - http://www.pacarinadelsur.com/home/alma-matinal/884-transiciones-de-la-democracia-en-america-latina-y-el-caribe-en-el-siglo-xxi-la-construccion-de-una-democracia-socialista - Prohibida su reproducción sin citar el origen.
La reconfiguración política de la región latinoamericana y caribeña en la primera década del siglo XXI, tiene como antecedentes inmediatos no sólo los procesos políticos y las luchas populares que se producen desde fines de los setenta hasta los inicios de la década de los 90s, sino dos acontecimientos claves e inéditos que se caracterizan por su carácter popular y que también inciden en el panorama mundial: el levantamiento zapatista del primero de enero de 1994 – rebelión armada contra el modelo neoliberal, justo en su apogeo-, y el inicio de la Revolución Bolivariana en Venezuela, a partir del triunfo de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales de 1998. Ambos acontecimientos repercuten en la geopolítica latinoamericana, pero también en el proceso de consolidación de espacios y formas de lucha en el ámbito mundial en contra de la transnacionalización neoliberal. Los zapatistas marcan una ruta de las luchas sociales, mientras la revolución bolivariana la vía de la transformación estatal-institucional.
Estos cambios regionales se expresan en el establecimiento de gobiernos de izquierda a partir de la llegada de Chávez, ya en sí, un verdadero acontecimiento histórico. En orden cronológico destacamos el arribo a la presidencia de Lula en Brasil (2002), Néstor Kirchner en Argentina (2002), Tabaré Vázquez en Uruguay (2004), Evo Morales en Bolivia (2005), Daniel Ortega en Nicaragua (2006), Rafael Correa en Ecuador (2006), Fernando Lugo en Paraguay (2008) y Mauricio Funes en El Salvador (2009). En lo sucesivo, se da la continuidad de los proyectos con algunos de estos líderes en el gobierno, salvo Paraguay, dónde Fernando Lugo es destituido mediante un golpe legislativo, además de que fallecen los presidentes Néstor Kirchner y Hugo Chávez.
Hay que señalar la participación de una izquierda de composición heterogénea, en la que el bloque conformado por Venezuela, Bolivia y Ecuador realiza cambios estructurales a partir de Asambleas Constituyentes con amplia legitimidad popular, mientras que en el resto de los países tan sólo se experimentan limitadas reformas al modelo neoliberal, exceptuando el caso de Argentina, que reconstruye la fuerza política y económica del Estado logrando revertir el profundo deterioro en las condiciones de vida de la población y recuperar el control del mercado interno.
Como resultado de estos cambios, se desarrolla un histórico proceso de integración económica, política y cultural. Se fortalece el MERCOSUR y se crean organismos regionales de gran alcance como ALBA, UNASUR y CELAC, además de iniciativas más específicas en el campo de los energéticos, las transacciones financieras y hasta en el ámbito de las comunicaciones, como Petrocaribe, Petrosur, Banco del Sur y Telesur, todos ellos impulsados particularmente bajo el liderazgo del Presidente Chávez.
Tal proceso de integración latinoamericana y caribeña, inédita, puede interpretarse como el inicio de procesos que buscan, a contracorriente, una salida nacional y popular al modelo neoliberal impuesto y logran un claro debilitamiento de la hegemonía económica y política estadounidense en la región, por el desplazamiento de instancias de supuesta integración, antes diseñadas y controladas por su gobierno, como la OEA, el BID y el intento del ALCA, entre otros.
Crisis de la democracia representativa
El modelo político hegemónico en el hemisferio occidental, después de la segunda guerra mundial, la democracia liberal o representativa, se erigía frente a los regímenes del llamado socialismo real como la panacea de la libertad y la garantía de un verdadero sistema de representación política democrática, auténtica y efectiva. Es el período del llamado Estado benefactor, que lograba combinar una participación ciudadana limitada a partir de concesiones de un capitalismo que garantizaba cierta seguridad socioeconómica para la clase trabajadora de la sociedad.
En el contexto de la revolución cubana y el surgimiento de guerrillas en diversos países de la región, Estados Unidos impone y apoya, junto a los grupos oligárquicos y sus ejércitos, un período de dictaduras militares que frustraron procesos democráticos para evitar la supuesta expansión del socialismo y la posible influencia de Cuba. No obstante, hacia mediados de la década de 1980, Washington se pronunciará tácticamente contra las dictaduras que había sostenido, a la par que se va imponiendo el modelo neoliberal a través de una profunda transformación del Estado, iniciando la llamada transición a la democracia. En realidad se trató de una política que garantizaba que los militares pactaran la entrega del poder con los civiles que no se opusieron frontalmente al oprobio dictatorial, a cambio de la impunidad y de mantener básicamente intacta a la institución castrense.
En este contexto tiene lugar el arribo por la vía electoral de Jaime Roldós en Ecuador (1979), Fernando Belaúnde en Perú (1980), Raúl Alfonsín en Argentina (1983), Julio María Sanguinetti en Uruguay (1985), José Barney en Brasil (1985) y Patricio Aylwin en Chile (1990).
Desde la perspectiva de Norbert Lechner (2003), esta etapa se puede entender bajo el concepto de democracia restringida, la cual se limita a la celebración de elecciones periódicas, sin participación ciudadana en la toma de decisiones en los asuntos de gobierno, buscando, “fortalecer el poder ejecutivo para que pueda imponer libre de presiones populares los <> de la modernización económica”.
Al respecto, Guillermo O’Donnell (1994) -quien introduce el concepto de democracia limitada- define los niveles de la democracia a partir del cumplimiento de normas con las cuales puede valorarse. Esta visión forma parte de una corriente de la ciencia política en la que destacan las ideas de Bobbio (1985) y Dahl (1989), para quienes se puede hablar de democracia en un país o en un contexto determinado, solo si se cumplen un conjunto de requisitos. De acuerdo con Dahl, el ideal de democracia se sustenta en una sociedad que garantice la libertad de asociación, expresión, el derecho al voto y a ser electo a cualquier cargo de representación, así como el derecho de los candidatos o líderes políticos a competir y buscar apoyo y votos; esto es, elecciones libres e imparciales, y las instituciones que aseguren que la política de los gobiernos descanse en las votaciones y otras formas de expresar la voluntad del ciudadano. (p.15)
Aquí optamos por el concepto de una democracia tutelada, destacando su carácter limitado y restringido, que se inserta en la transformación de un Estado benefactor a uno neoliberal. En este sentido, López y Rivas (2010), plantea más específicamente que:
El proyecto conservador pretende que haya democracia, sin justicia social, sin liberación nacional, sin derecho a escoger una política económica distinta de la neoliberal, ni un gobierno democrático con fuerte apoyo popular. Propone una democracia sin opciones en la que vote la minoría de los ciudadanos para escoger entre un pequeño grupo de políticos profesionales cuyas diferencias ideológicas y programáticas son insignificantes.
Partimos entonces de la tesis de que algunos países latinoamericanos y caribeños se encuentran en una etapa de transición del modelo de democracia tutelada a una democracia de orientación socialista.
Construyendo la democracia socialista
La revolución cubana fue un proyecto inédito en la región que desde sus inicios fortaleció las perspectivas de transformaciones estructurales y democráticas, a la par que generó el rechazo del gobierno estadounidense al estigmatizarla como un proceso totalitario y antidemocrático.
Pese a que no cumple con todos los requisitos formales que propone Dahl, según su ideal de democracia, esta revolución instituye un sistema parlamentario basado en la democracia participativa, sin la existencia de los tradicionales partidos políticos: el Partido Comunista de Cuba (PCC) se concibe como un factor de unidad política de la sociedad, y no una institución en los términos electorales de la democracia representativa, ni como vía de acceso a puestos de representación o de gobierno. De hecho, el PCC no participa como tal en las elecciones, al partido sólo pertenecen alrededor de 500 mil cubanos y se incorporan las personas consideradas más comprometidas con la Revolución, las más participativas y destacadas en su trabajo.
En el sistema político cubano, las organizaciones de masas representan uno de los soportes fundamentales y son el espacio de participación y discusión por excelencia. La mayoría de quienes se desempeñan en los poderes ejecutivo y legislativo provienen de estas instancias organizativas. Entre las principales, destacan la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), en la que militan alrededor de un millón y medio de personas de entre 17 y 35 años de edad; la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), que aglutina a los estudiantes de nivel superior y de posgrado; la Central de Trabajadores de Cuba (CTC); la Federación de Mujeres Cubanas (FMC); la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC); entre las numerosas organizaciones que existen en esta sociedad.
Así, en la democracia participativa cubana funciona un sistema electoral que organiza cada cinco años comicios generales para elegir diputados provinciales y nacionales, y cada dos años y medio, diputados municipales, de quienes se desprenden los órganos de gobierno en sus diferentes niveles, estructura similar al sistema parlamentario tradicional. Los ciudadanos mayores de 16 años tienen derecho al voto, el cual es libre, directo y secreto, así como a ser electos a partir de esa misma edad, y 18 años cuando se aspira a una diputación nacional.
Los candidatos que se presentan en los comicios son postulados a través de asambleas públicas en las que la población decide de forma directa. No existen campañas de promoción, son las Comisiones Electorales las que difunden la trayectoria política y laboral de los (as) candidatos (as), para lo cual generalmente se colocan sus datos básicos y aspectos significativos de su trayectoria en lugares públicos de la sección electoral respectiva.
Como cualquier sistema político en el mundo, el cubano tiene sus limitaciones, pero garantiza una amplia participación de la sociedad. Lo hace diferente el hecho de que no existen partidos políticos en su lógica tradicional, en cambio, funcionan mecanismos de la democracia directa como la revocación del mandato, el cual se puede ejercer en cualquier momento y con funcionarios de cualquier nivel, la rendición de cuentas y una práctica de debate y consulta en torno a los asuntos públicos de mayor importancia, tal y como sucedió previo a la aprobación en el Parlamento de las últimas reformas de carácter económico y social que se dieron en la isla en los años recientes.
Se ha estimado que, con frecuencia, en los comicios vota el 95% de los cubanos inscritos en el padrón electoral. El proceso es vigilado por la organización infantil de los pioneros, y existe la presencia de periodistas nacionales y extranjeros.
No obstante, el análisis del sistema político cubano no suele descansar en una mirada crítica rigurosamente fundamentada. Todo lo contrario, este es casi siempre animado por razones políticas y un exacerbado etnocentrismo que no concibe otras formas posibles de hacer política, ni reconoce que una sociedad puede funcionar fuera del modelo tradicional de los partidos políticos. ¿Acaso en el resto de la región, incluyendo México, en el que prevalece el sistema de partidos, se cumplen los requisitos que el mismo Dahl propone para afirmar que impera un régimen democrático? ¿Los cargos de representación popular no suelen ser fuente de muchos beneficios para los representantes electos y una forma de control del gobierno y las corporaciones transnacionales? ¿No se ha convertido el régimen mexicano, por ejemplo, en un soporte y fortalecimiento del modelo neoliberal que excluye de manera creciente la participación ciudadana y vulnera los derechos de los trabajadores al privilegiar los intereses de las empresas transnacionales y del gobierno estadounidense? ¿No es posible constatar esta aseveración en los “debates” que se dieron para aprobar la reforma energética por parte de los partidos políticos y las cámaras de “representantes” populares?
El análisis sobre lo que es la democracia ha sido más que prolífero [1] pero no pretendemos dar cuenta de ello. Si pensamos que, por ejemplo, un punto de partida fundamental, como el propuesto por Alain Touraine, para entender qué es la democracia, es no perder de vista que “es un régimen político cuyo funcionamiento está mediado por los tipos de articulación entre sociedad, sistema político y Estado existentes en una formación social, en un momento histórico determinado”, definición que retomo de la lectura que hace Francisco Zapata de este autor [2]. Aunque, éste último señala que estas articulaciones “definen el desarrollo de la ciudadanía, la formación de los partidos políticos y los procesos electorales”, podemos señalar que, además de ciertas condiciones necesarias, las articulaciones entre sociedad, sistema político y Estado pueden adoptar diversas formas. Por ejemplo, según Ricardo Alarcón (2002), quien fuera presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba:
Ante todo hay que pensar que un elemento esencial y absolutamente infaltable de cualquier sistema democrático tiene que ser la independencia; o sea, es inconcebible la democracia si no hay un país soberano, en última instancia la democracia es el ejercicio por el pueblo de la soberanía, pero solamente podría hacerlo una nación que sea libre e independiente. Y la Revolución Cubana significó, desde el primer momento, desde 1959, precisamente la conquista de la independencia nacional; fue el triunfo de una revolución que se había iniciado en 1868, una revolución profundamente democrática, porque estaba basada en la idea de la igualdad, de la justicia, de la solidaridad humana, el sentido auténtico, real que el vocablo democracia siempre ha tenido. (p.154)
En un contexto histórico específico y desde fines del siglo pasado, las refundaciones constitucionales que se dieron en Venezuela (1999), Bolivia (2008) y Ecuador (2009) relativas a la estructura política y económica del Estado y el carácter de la democracia, son de vital importancia para entender los recientes cambios políticos y económicos en la región. La introducción de mecanismos de participación popular, como el plebiscito, el referéndum, la iniciativa popular, la revocación del mandato, el presupuesto participativo y el poder comunal, conforman principios básicos de una democracia alternativa, los que promueven una mayor conciencia colectiva de los asuntos públicos y una ciudadanía más protagónica de su propio destino; además de resarcir una deuda histórica con los sujetos históricamente oprimidos a causa del carácter clasista y por el racismo y la dominación masculina que caracterizan el sistema político de la época. Las mujeres, por ejemplo, tuvieron derecho al voto hasta la década de 1950, mientras en el siglo XIX y principios del XX, durante el tiempo del Estado oligárquico, indígenas, campesinos, negros y analfabetas, tampoco podían sufragar; en la mayoría de los países latinoamericanos sólo votaba entre el 2 y el 4% de los hombres, básicamente los que pertenecían a las elites políticas y económicas (Stanley y Stein, 1971).
En los contextos en los que se desarrollan estos procesos democráticos, frente al limitado ejercicio del voto que ha implicado este manejo de la democracia representativa, se establecen mecanismos que otorgan mayor capacidad a la sociedad para hacer valer su opinión y voluntad en asuntos estratégicos para el futuro de la nación.
En el caso de la Venezuela chavista, en la que se desarrolla una amplia participación popular (el porcentaje de la participación se cuenta entre los más altos en la región), la democracia se concibe de la siguiente forma:
Para alcanzar mayor solidez de la democracia protagónica revolucionaria se hace necesario restituir a la política su carácter público, participativo, ético y solidario, cuyo principal sentido es la constitución de la ciudadanía, los espacios de civilidad, las instituciones y una cultura política democrática, basada en una elevada conciencia social ética y en una activa y consciente participación ciudadana. Se trata de rescatar la política como mediación para la vida humana vital, a través de su sentido de solidaridad y de la búsqueda del bien común. (Gobierno Bolivariano de Venezuela, 2009: 37)
También, se impulsa una democratización a través del acceso efectivo a la información pública y los medios de comunicación masiva, en el ámbito radioeléctrico, para otorgar espacios a una ciudadanía a la que históricamente se le ha negado este derecho que garantiza la Declaración Universal de los Derechos Humanos signada por todos los gobiernos de esta región latinoamericana. Lejos de limitar la libertad de expresión, se ha buscado romper los monopolios que controlan prácticamente todos los medios para que sectores, otrora subalternos de la sociedad, puedan ejercer el mismo derecho. Esto es lo que ha sucedido con los nuevos marcos legales, sobre todo en Ecuador, Argentina y Venezuela.
Las transformaciones al sistema político y la estructura de la democracia en Venezuela, Bolivia y Ecuador, en cada caso con sus especificidades y límites, constituyen un reconocimiento efectivo de los derechos políticos de sus pueblos, a partir de una nueva concepción sobre los mecanismos de participación política, que pueden influir más directamente en el mejoramiento de las condiciones económicas y sociales de amplios sectores de la población que, particularmente, viven en condiciones de pobreza y extrema pobreza. Por ejemplo, según datos del propio Banco Mundial, antes de Chávez, en 1997, la pobreza se ubicaba en 54.7%. Para el año 2012, este índice se redujo al 25.4%. (Escolar, 2013). En el informe Panorama Social 2013, la CEPAL destacó que Venezuela fue el país latinoamericano en el que más se redujo la pobreza. (CEPAL, 2013)
Además de los parámetros institucionales que se desprenden del Estado, también van tomando fuerza en ciertos países latinoamericanos experiencias reivindicatorias y autonómicas desde abajo; esto es, el poder político no emana exclusivamente de las instancias formales, se ejerce por la vía de los hechos, de manera paralela, y sin pedir permiso, aunque se establecen articulaciones y existen determinadas formas de comunicación y entendimiento.
Como ejemplos de ello está el Movimiento de los Sin Tierra (MST) en Brasil, las Juntas de Buen Gobierno (JBG) en territorio zapatista y la experiencia de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) -Policías Comunitarias en el estado de Guerrero, México-, los casos de las asambleas barriales en Argentina, y otras variantes en que se expresan los procesos autonómicos y formas organizativas en defensa de los derechos colectivos y la oposición al avance de las políticas neoliberales, que incluyen el llamado crimen organizado. Ante la negativa del Estado de reconocer sus derechos políticos, se practica el autogobierno en diferentes modalidades bajo una concepción colectiva, solidaria y, como en el caso del MST y el zapatismo, también adquieren un signo de orientación socialista o autonomista.
Los movimientos sociales han adquirido un mayor protagonismo en los procesos políticos nacionales, pasando de un ámbito de carácter localista y demandas específicas, a un plano más integral y de alcance nacional y regional. Ello se ha reflejado en su incorporación al debate de los principales temas nacionales, sobre todo, en su oposición a las políticas neoliberales y privatizadoras de los recursos naturales; este es el caso de las llamadas guerras del gas y del agua en Bolivia, y la defensa de las comunidades indígenas y campesinas frente al Proyecto Mesoamérica (antes Plan Puebla Panamá), entre otros.
Perspectivas de una democracia socialista en el siglo XXI
Una de las grandes deudas que dejó la experiencia del socialismo en la Unión Soviética y los países del Este europeo, fue la democracia. Si bien se lograron avances sustanciales en el terreno social, económico y de la cultura, la participación popular fue quedando en la retórica de los discursos del poder.
El origen del problema no sólo se encuentra en la centralización del poder por una burocracia que se fue alejando y terminó divorciándose de la sociedad, sino que más allá de las estructuras partidarias, se perdieron y/o no existían canales, ni mecanismos efectivos y articulaciones entre sociedad, sistema político y Estado, que garantizaran la participación política. El centralismo democrático derivó en elitismo burocrático, por lo que el socialismo quedó marcado como un sistema autoritario y burocrático.
Este denominado socialismo real, también originó un desencanto y una incertidumbre sobre horizontes y proyectos de futuro. Desde las experiencias democráticas latinoamericanas y caribeñas más avanzadas de hoy, hay coincidencia en un objetivo fundamental: sin democracia no puede haber socialismo, y viceversa. A pesar de que algunas fuerzas de la izquierda institucionalizada han ido sometiéndose a las tendencias de la democracia neoliberal, la idea de construir la participativa, en el contexto de una transición democrática de signo socialista, en la práctica y en el discurso, es cada vez mayor entre los movimientos populares de la región, y a nivel institucional en Venezuela, Bolivia y Ecuador.
En este nuevo pensamiento socialista latinoamericano se expresa una firme convicción en la que no sólo basta la existencia de los mecanismos de la democracia participativa, sino que la sociedad debe conocer su utilidad y alcance, esto es, lo que significa un poder popular, comunitario y ciudadano. Al respecto, Boaventura de Souza Santos señala que “debemos profundizar la democracia en todas las dimensiones de la vida: desde la cama hasta el Estado, como dicen las feministas… el nuevo nombre del socialismo es democracia sin fin”. (Equipo Nitlapán, 2008: 10-11)
La democracia no puede reducirse a un conjunto de normas procedimentales y requisitos generales, ignorando además las particularidades históricas y las realidades nacionales latinoamericanas. La democracia significa una plena participación política de la sociedad, pero también una igualdad social, esto es, democracia social y democracia económica. Por ello, el sustento central que puede garantizar una democracia socialista tiene que ver con su carácter incluyente, como lo plantea también Pablo González Casanova (2009), esto es, aquella que asegure el reconocimiento de la igualdad en la diferencia a partir de reconocer derechos tanto políticos como socioeconómicos y culturales.
Una democracia socialista garantiza la libertad del voto pero también el derecho al trabajo, la libertad de expresión y el libre acceso a la salud y la educación, el derecho a la participación ciudadana, a la alimentación, la cultura y el deporte; expresado de otra manera, Roberto Regalado (1997) precisa los riesgos de una democracia concebida en términos liberales, pues ésta ha de sustentarse en una “combinación armónica de la representación con la participación, de manera que el voto no sea un ejercicio periódico inútil, que deja a los pueblos sin control sobre los gobernantes y sus políticas, (…) es el ejercicio del gobierno por el pueblo, (…) que necesita incluir la democracia económica y social”.(p.8)
No obstante, hay que valorar la visión crítica que surge desde variadas posturas del pensamiento de las izquierdas latinoamericanas y caribeñas, en torno a la conducción de los procesos de transformación vigentes. Resulta prioritaria la reflexión sobre los contenidos del cambio y la concepción sobre el desarrollo económico como parámetro para alcanzar una justicia social integral. Habrá que plantearse si mantener políticas propias del extractivismo y de inversión de capitales privados, internos o externos, implica o no la continuidad de la histórica dependencia latinoamericana y caribeña; si no es más viable profundizar y acelerar la colectivización de los medios de producción y, por ejemplo, impulsar una mayor participación popular en la economía, esto es, acotar el margen de acción del capitalismo para preservar de manera más equilibrada el entorno ecológico y el crecimiento económico para el bienestar social.
Así, en Nuestra América, más que en otra región del mundo, la concepción sobre la democracia socialista está incidiendo cada vez con mayor fuerza en el pensamiento y la práctica de esta nueva democracia, dejando clara la visión de una sociedad de iguales y diferentes. Incluso, las elites políticas de las derechas latinoamericanas y los intelectuales a su servicio, recurren al argumento de mayores espacios de participación política de la sociedad. Cada vez es más frecuente observar en los medios, en los discursos públicos y en las plataformas de campaña, que se hace referencia a transparencia, rendición de cuentas, presupuestos participativos, y hasta de candidaturas independientes, iniciativas y propuestas originadas, en realidad, de los ámbitos democráticos y ciudadanos.
La transición hacia la democracia participativa y de orientación socialista tiene todavía un largo camino que recorrer en América Latina y el Caribe. Si el capitalismo neoliberal continúa avanzando con la voracidad del presente, a costa de la creciente pérdida de soberanía de los Estados y de nuestras naciones, el futuro de la humanidad estará en peligro. El extractivismo, el agotamiento de los recursos naturales, el crimen organizado, el consumismo, las enormes desigualdades sociales, la criminalización de las resistencias y luchas sociales y la crisis estructural del sistema, amenazan la existencia y continuidad de la especie humana.
Resulta prioritario profundizar en el análisis de estas realidades y de la forja de las alternativas, de los obstáculos y límites, así como continuar la reflexión sobre ese horizonte de futuro denominado democracia socialista, como contribución para alcanzar esa otra patria latinoamericana y caribeña.
Notas:
[1] Touraine, A. (1995). “¿Qué es la democracia?”, FCE, Buenos Aires, citado en Zapata, F. “Democracia en América Latina”, en Olamendi, L. V., et, al, (2000). Léxico de la política, México: FCE, pp.143-140.

[2] Francisco Zapata, “Democracia en América Latina”, op. cit, p.143.
Bibliografía:
Alarcón de Quesada, R. (2002). Cuba y la lucha por la democracia. Cuba: Editorial de Ciencias Sociales.
Bobbio, N. (1985). El futuro de la democracia. Barcelona: Plaza y Janés.
CEPAL (2013), “Se enlentece la reducción de la pobreza y la indigencia en América Latina”, disponible en: http://www.cepal.org/cgi-bin/getProd.asp?xml=/prensa/noticias/comunicados/9/51779/P51779.xml&xsl=/prensa/tpl/p6f.xsl&base=/prensa/tpl/top-bottom.xsl
Dahl, R. (1989). La poliarquía. Participación y oposición. España: Tecnos.
Escolar, Ignacio, (2013) “Venezuela y Hugo Chávez en 20 gráficos”, disponible en: http://www.eldiario.es/escolar/Venezuela-Hugo-Chavez-punado-graficos_6_86151394.html
Equipo Nitlapán, “Después de 29 años, después de 290 horas”, Envío, núm. 316, julio, 2008. Nicaragua: UCA. pp.10-11.
Gobierno Bolivariano de Venezuela, (2009). Líneas Generales del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2007-2013, Venezuela: Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información.
González Casanova, P. (2009), De la sociología del poder a la sociología de la explotación. Pensar América Latina en el siglo XXI. Bogotá: CLACSO-Siglo del Hombre Editores.
Lechner, N. (2003), Estado y sociedad en una perspectiva democrática. Polis, 2 (6). Recuperado de: http://redalyc.uaemex.mx/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=30500605
López y Rivas, G. (2010), “Pablo González Casanova, de la sociología del poder a la sociología de la explotación.” Rebelión. Recuperado de http://www.rebelion.org/noticia.php?id=112274
O’Donnell, G., Schmitter, P. C. & Whitehead, L. (Comps). (1994). Transiciones desde un gobierno autoritario. España: Paidós.
Regalado, R. (2007). “América Latina: crisis del capitalismo y vigencia del socialismo”, América Libre, edición especial (Buenos Aires), núm. 10 (enero de 1997). http://www.nodo50.org/americalibre/anteriores/10/index.htm
Stanley, J, y Stein, B, (1971), La herencia colonial en América Latina. México: Siglo XXI.
Nayar López Castellanos. Profesor Investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Autor de los siguientes libros: Nicaragua, avatares de una democracia pactada (2013); Perspectivas del socialismo latinoamericano en el siglo XXI (2012); Del Plan Puebla Panamá al Proyecto Mesoamérica. Un espejo de la globalización neoliberal (2009); Izquierda y neoliberalismo de México a Brasil (2001, 2006); La Ruptura del Frente Sandinista (1996); Coordinador del libro colectivo América Latina y el Caribe, una región en conflicto. Intervencionismo externo, crisis de las instituciones políticas y nuevos movimientos sociales (2009). nayarlp@hotmail.com
Fuente: Pacarina del Sur [En línea], año 5, núm. 18, enero-marzo, 2014. ISSN: 2007-2309. Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/home/alma-matinal/884-transiciones-de-la-democracia-en-america-latina-y-el-caribe-en-el-siglo-xxi-la-construccion-de-una-democracia-socialista

sábado, 25 de enero de 2014

CELAC. cita en La Habana


24.1.2014

¡Hola! Comparto nota sobre la futura Cumbre de Presidentes de la CELAC. (Una versión resumida será publicada por Página/12 en su edición del 25 de Enero del 2014)



(Por Atilio A. Boron)  
No es un milagro, pero casi. Contra todos los pronósticos la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) se va consolidando como institución “nuestroamericana” y está a punto de celebrar en La Habana su Segunda Cumbre de Presidentes. Decimos “milagro” porque ¿quién habría podido imaginar, hace apenas cinco años, que el sueño bolivariano de Hugo Chávez –sueño fundado en un impecable diagnóstico de la geopolítica mundial-  por construir un organismo regional sin la presencia de Estados Unidos y Canadá rendiría sus frutos? Para ello Chávez y quienes lo acompañaron en esta empresa patriótica tuvieron que vencer toda clase de obstáculos: la resignación de algunos gobiernos, la claudicación de otros, el escepticismo de los de más allá y la sistemática oposición de Washington, dato nada menor en la política de nuestros países. Eppur si muove, diría Galileo al contemplar la concreción de este proyecto bolivariano que por primera vez en la historia nuclea a todas las naciones de América Latina y el Caribe con la sola excepción-¡por ahora!- de Puerto Rico. Sin dudas, el fortalecimiento de la CELAC -como el de la UNASUR en el plano sudamericano- son muy buenas noticias para la causa de la emancipación de la Patria Grande.

     La Casa Blanca intentó primero impedir el lanzamiento de la CELAC, realizado  en Caracas en Diciembre del 2011 con la presencia de su incansable promotor y mentor, ya atacado por el cáncer que le costaría la vida. Al fracasar en su intento el imperio movilizó a sus aliados regionales para abortar –o por lo menos, posponer para un futuro indefinido- la iniciativa. Tampoco resultó. La siguiente estrategia consistió en utilizar algunos de sus incondicionales peones en la región como caballos de Troya, para malograr desde adentro el proyecto. No avanzó demasiado, pero consiguió que el primer gobierno que ejerció la presidencia pro témpore de la CELAC durante el 2012, el Chile de Sebastián Piñera, declarase por boca de Alfredo Moreno, su canciller, que “la CELAC será un foro y no una organización, que no tendrá sede, secretariado, burocracia ni nada de eso”. ¡Un foro!, es decir, un ámbito de amables e intrascendentes pláticas de gobernantes, diplomáticos y expertos que ni por asomo pondría en cuestión la dominación imperialista en Latinoamérica y el Caribe. Y la Casa Blanca también logró, a través del militante activismo de sus principales amigos de la Alianza del Pacífico: México, Colombia y Chile, que todas las decisiones de la CELAC debieran adoptarse por unanimidad. Parecería que la “regla de la mayoría” –tan cara a la tradición política estadounidense- sólo funciona cuando conviene; cuando no, se impone un criterio que de hecho le confiere poder de veto a cualquiera de los treinta y tres miembros de la organización.  Pero esta es un arma de doble filo: Panamá u Honduras podrán vetar una resolución que exija poner fin al status colonial de Puerto Rico, pero Bolivia, Ecuador y Venezuela podrán hacer lo mismo ante otra que proponga requerir la colaboración del Comando Sur para combatir al narcotráfico.

        El segundo turno presidencial de la CELAC, durante el 2013, recayó en Cuba, y el presidente Raúl Castro Ruz dio pasos importantes para desbaratar las maquinaciones del canciller chileno: se avanzó en la institucionalización de la CELAC y se creó el embrión de una organización que para esta próxima Cumbre pudo elaborar 26 documentos  de trabajo, algo que ningún foro hace.  Algunas propuestas, como la declaración de América Latina y el Caribe como una “Zona de Paz” serán objeto de un sordo debate porque no se trata sólo de evitar la presencia de armas nucleares en la región -¿cómo saber si ya no las hay en la base de Mount Pleasant, en nuestras Islas Malvinas?- sino también de utilizar el recurso de la fuerza para dirimir conflictos internos.  Este tema hace subrepticia alusión a la tradición intervencionista de Washington en Latinoamérica y a la presencia de sus 77 bases militares en la región, cuyo propósito es exactamente ese: intervenir, cuando las condiciones lo aconsejen, con su fuerza militar en la política interna de los países de la región complementando la abierta intervención que ya Washington realiza en todos ellos. Recuérdese, para poner un ejemplo bien didáctico, el decisivo papel de “la embajada” para determinar el ganador de la reciente elección presidencial en Honduras. El tema, como se ve, será uno de los más urticantes y divisivos porque hay gobiernos, y no son pocos, que no sólo toleran la presencia de esas bases militares norteamericanas sino que, como Colombia, Perú y Panamá, las reclaman. Otro tema potencialmente disruptivo es la aprobación de la propuesta venezolana de integrar a Puerto Rico a la CELAC -lo cual es absolutamente lógico teniendo en cuenta la historia y el presente de ese país, así como su cultura, su lengua, y sus tradiciones-  pero que probablemente suscite reservas entre los gobiernos más cercanos a Washington para quien Puerto Rico es un innegociable botín de guerra. Una guerra cuya victoria les fue arrebatada a los patriotas cubanos y merced a lo cual con la apropiación de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas la Roma americana iniciaría su ominoso tránsito de la república al imperio. Se descuenta, en cambio, un apoyo unánime para el reclamo argentino en relación a las Islas Malvinas, al levantamiento del bloqueo a Cuba y para otras propuestas tendientes a reforzar los vínculos comerciales, políticos y culturales. Se sabe que Ecuador presentará una propuesta de repudio al espionaje que realiza los Estados Unidos y de desarrollo de una nueva red de comunicaciones en la Internet a salvo de la interdicción de Washington; y que es probable que se aprueben propuestas concretas en relación al combate a la pobreza y que se examinen alternativas para consolidar el Banco del Sur y, eventualmente, para crear una gran empresa petrolera latinoamericana, tema sobre el cual el presidente Chávez había insistido una y otra vez.


        La transición geopolítica internacional en curso, y que se manifiesta en el desplazamiento del centro de gravedad de la economía mundial hacia el Asia-Pacífico; la declinación del poderío global de Estados Unidos; el irreparable  derrumbe del proyecto europeo; la persistencia de la crisis económica estallada a fines del 2007 y que sólo parece acentuarse con el paso del tiempo y la permanencia de un “orden” económico mundial que concentra riqueza, margina naciones y profundiza la depredación del medio ambiente han actuado como poderosos alicientes para remover la inicial desconfianza que muchos gobiernos tenían en relación a la CELAC. El acuerdo logrado en Caracas en 2011 establecía que una troika se haría sucesivamente cargo de la presidencia durante los primeros tres años: comenzó Chile, siguió Cuba (ratificando el repudio continental al bloqueo estadounidense y su propósito de aislar a la Revolución Cubana) y al terminar esta Cumbre la presidencia se trasladará a Costa Rica. Este país, incondicional aliado de Washington, deberá afrontar unas decisivas elecciones el próximo 2 de Febrero, cuando por primera vez en décadas la hegemonía política de la derecha neocolonial costarricense estará amenazada por el ascenso de un nuevo y sorprendente actor político: el Frente Amplio.  La actual presidenta, Laura Chinchilla, por largos años funcionaria de la USAID, garantizaba con el triunfo del oficialismo la “domesticación” de la CELAC y el retorno al proyecto acunado por Sebastián Piñera y expresado con total descaro por su canciller. Pero todas las encuestas dan por sentado que habrá una segunda vuelta y allí el discurso y las propuestas bolivarianas del candidato del Frente Amplio, José M. Villata, podrían catapultarlo a la presidencia de Costa Rica. Por supuesto, al igual que ocurriera pocos meses atrás con las elecciones presidenciales en la vecina Honduras todo el aparato de inteligencia, manipulación mediática y financiamiento de los partidos amigos ha sido ya puesto en marcha por Washington, para quien una derrota de la derecha neocolonial costarricense sería un revés de amplias repercusiones regionales. Si tal cosa ocurriera la CELAC podría dar un nuevo paso hacia su definitiva institucionalización, algo que América Latina y el Caribe necesitan impostergablemente.
 
Fuente:  http://www.atilioboron.com.ar/2014/01/celac-cita-en-la-habana.html

viernes, 24 de enero de 2014

La CELAC Unidad Sustantiva, la Unidad Real, la Unidad Concreta por los Caminos de Nuestros Libertadores






“El Sur, es un concepto mucho más que geográfico. Es histórico, antropológico… el sur, somos el sur y aquí estamos, el sur, la América Latina y Caribeña.”

Hugo Chávez Frías




La creación de la “Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños” CELAC como lo califico el Comandante de la Revolución Cubana Fidel Castro es como uno de lo suceso institucional más importante de la región en un siglo, esta nueva oportunidad histórica unionista van ganando forma en la geopolítica mundial, la consolidación tiene como base en esa unidad sustantiva, la unidad real, la unidad concreta entre los países desde una instancia de concertación política abierta en los modelo económico en marcha, los regulares e irregulares caracterización sincera del Comandante Hugo Chávez en su discurso inaugural de la Cumbre Fundacional de la CELAC. En aquella oportunidad el Comandante Chávez en su estrategia de consolidación insistió bastante al respeto a la diversidad, pidió a sus colegas presente a tener la voluntad y la conciencia en el proyecto concreto unitario, una integración política, económica, social, científica técnica y cultural donde se convierta como un verdadero bloque de América Latina y el Caribe para poder conectar con respeto y soberanía con otras regiones del mundo. 

Este 28 y 29 de enero de 2014 se celebrara la II Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno de la Comunidad de Estado Latino Americanos y Caribeños, tendrá por sede a la Habana, la Cuba de José Martí, del Che, de Fidel. En este espacio de integración estarán presentes los 33 países de América latina y el Caribe, con la propuesta de la República Bolivariana de Venezuela de incorporar a Puerto Rico en la Comunidad de Estado Latino Americanos y Caribeños CELAC. “Nicolás Maduro, tras agradecer el gesto de los puertorriqueños, reafirmó que Puerto Rico está en el sentimiento y en la agenda pendiente del Libertador, Simón Bolívar.” Con esta palabras saludo desde el Teatro Nacional de Caracas, donde el pasado miércoles participaron movimientos políticos y sociales de la isla en un Seminario sobre las luchas independentista del País Caribeños, estos acontecimiento marcara la agenda de la II Cumbre de la CELAC en la Habana siguiendo por los caminos de los libertadores, la lucha por la independencia continua desde esa experiencia de unión, de debate, discusión y conceso sin Washington.

La Nuestras América del siglo XXI independientemente de las pretensiones imperiales que siguen intentado perforar los mecanismo de integración por distinta vías, esta II Cumbre de la CELAC es transcendental para seguir posicionando a la región con el mismo grado de madurez entre los países, concretando mayor cooperación, el entendimiento, y la solidaridad entre los latinoamericanos y caribeños diseñando política conjunta coherente, colocando abiertamente en el debate la reducción de la pobreza, pero también las estrategia para neutralizar un modelo impuesto de saqueo desde la privatización de la riqueza de Corporaciones multinacionales, que siguen actuando por encima de los estados nacionales, golpeando directamente a los sectores sociales y ambientales.

El plan común de erradicación del hambre y la pobreza para la vida y zona de paz de América Latina y el Caribe pasan obligatoriamente reformular estructura productiva extrativista y comerciales monopolizada, un modelo arrollador impuestas desde potencia coloniales en nombre de la democracia y el desarrollo, es la causa de la miseria planificada y es la que nos llevo a los 200 años de soledad y sin ninguna oportunidad sobre la tierra. La CELAC es la segunda oportunidad nos decía el gigante Chávez, hoy sin contar con su presencia física como arquitecto de la independencia económica nuestras americana marca un nuevo acontecimiento e incertidumbre,  pero también un nuevo desafío para la historia libertaria nuestras americana. Sin salir de los camino de los libertadores la CELAC seguirán siendo sueños y esperanza de millones de pueblos en luchas, “Patria es Humanidad” decía José Martí, ese concepto histórico, antropológico del sur es la visión más humanista que cuenta con todas las potencialidades para convertir en una zona económica de desarrollo compartido, solidario, independiente, destinado a consolidar un territorio de Paz con un nuevo modelo de relaciones económicas, políticas, sociales, culturales y ambientales.
“Seamos capaces de hacer de esta Tierra no la tumba de la humanidad, hagamos de esta Tierra un cielo, un cielo de vida, de paz y de hermandad para toda la humanidad, para la especie humana”

Hugo Chávez
Del Rosario Ignacio Denis. Ingeniero Agroecologico graduado en Instituto Latinoamericano de Agroecologia Paulo Freire (IALA)

Twitter: @yiyoparaguay


Blog del Autor : http://ayvuguasu.blogspot.com/

CELAC en La Habana: el desafío de construir una agenda propia y un destino común


Rebelión   



La próxima cumbre de presidentes plantea la interrogante de si la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), tendrá la capacidad de combinar todas las energías superpuestas en la región, dándoles un sentido homogéneo, considerando sus similitudes y diferencias, sus cambios y adaptaciones, en un escenario donde conviven procesos con medio siglo de vida como la CAN, y otros como la propia CELAC, con apenas dos años de vida. Si bien en el comienzo de la segunda década del siglo 21, América Latina y el Caribe se presenta ante el mundo con una intensidad de relaciones entre sus estados superior a la alcanzada en cualquier momento de sus 200 años de vida independiente, la muerte del líder bolivariano Hugo Chávez (sumada a la anterior desaparición del expresidente argentino Néstor Kirchner), parece haber dejado al proceso integrador regional sin su principal locomotora.
Más allá (o más acá) de la declamación sobre el legado de los Libertadores, el sistema integrador regional no pasa por su mejor momento, con el desmantelamiento de la Comunidad Andina (CAN), el éxito de la derecha paraguaya en frustrar las esperanzas de que la presidencia pro témpore en manos –por primera vez- de Venezuela marcara los caminos de un renovación del Mercado Común del Sur (Mercosur), las enormes dificultades de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) en consensuar la designación de un secretario general, y la ofensiva conservadora con formatos de integración dependientes como la Alianza del Pacífico, como ejemplos.
Lo cierto es que el lanzamiento de la CELAC da cuenta de un profundo cambio en la región, que se permite buscar su propia agenda y orientar su destino, sin copiar otros modelos de integración. La economía de los 33 países de la CELAC constituye la tercera más grande y potente a nivel mundial con 6,06 billones de dólares y su producto interno bruto (PIB) en 2012 creció en un 3,1%.
En la última década se concretó en la región una ampliación de los objetivos de lo meramente comercial a propuestas de orden cultural, productivo, social y ambiental. Mercosur, ALADI, CAN y SICA dan cuenta de esta nueva realidad, mientras que UNASUR y CELAC se muestran como una propuesta en otro nivel, que incluye a las anteriores. Sólo la ALBA plantea un modelo distinto de comercio, basado en la solidaridad, reciprocidad y transferencia, pero se trata también de un esquema lanzado con la idea de ser combinado con otros procesos de integración de la región.
Si bien en los procesos regionales de integración se observa una fuerte y constante presencia del componente intergubernamental y del peso decisivo de las figuras presidenciales a la hora de definir las políticas, con la regla (no siempre efectiva) del consenso, débiles institucionalidades que no parecen afectadas por las diferencias ideológicas sino por trabas burocráticas, alejadas de las necesidades, parecen trabar la potencialidades de los procesos.
Para estos proyectos que trascienden las posibilidades nacionales y subregionales es imprescindible afirmar el proyecto de la Celac, buscando coincidencias, coordinando los esfuerzos de los diferentes organismos subregionales y actualizando y renovando la arquitectura institucional –un poco errática– que se viene construyendo en América Latina y el Caribe hace ya más de 50 años.
Se trata de espacios vigentes, que compiten en un permanente juego de diferenciación y complementación, pero que trabajan todos en la construcción de nuevas relaciones e identidades –andina, centroamericana, caribeña, sudamericana-, todas ellas superiores a las identidades nacionales y englobadas en el planteo de un subcontinente unido, en democracia, paz e igualdad.
América Latina y el Caribe, el tercer mayor productor de energía eléctrica y el entorno de mayor diversidad biológica del planeta, alberga casi la mitad de los bosques tropicales del mundo, el 23% de las áreas forestadas, más del 30% de toda el agua dulce disponible y aproximadamente, el 40% del total de recursos hídricos renovables. Allí, estados de la región como Ecuador, Venezuela y Bolivia han recuperado el control de sectores estratégicos, y destinan esos ingresos a áreas como la educación, la salud y la alimentación.
Lo previsto para La Habana
El documento central a firmar en la cumbre que se celebrará en el edificio Pabexpo, recinto ferial del Palacio de Convenciones de La Habana, el 28 y 29 de enero, sucederá al de 73 puntos suscrito en Santiago de Chile en enero de 2013, el cual fijó el rumbo para la integración política, económica, social y cultural de la región, acorde con su tiempo.
Durante el último año, bajo la presidencia cubana, han tenido lugar varias reuniones sectoriales a nivel ministerial con agendas centradas en las prioridades de la región, además del acercamiento a estados y bloques regionales de otros continentes como Rusia, China, Japón, Corea del Sur y el Consejo de Cooperación de los Países Árabes del Golfo. .
Entre los importantes encuentros de 2013 figuran uno de los ministros de Cultura, realizado en Paramaribo, Surinam, en marzo último, y el primer foro de ministros de Educación, que tuvo por sede a La Habana en abril. La lucha contra el analfabetismo, la formación de personal docente, la calidad de la educación básica, la atención a la primera infancia, los indígenas y los afrodescendientes ocuparon importantes espacios en los debates.

La capital ecuatoriana, Quito, también fue ese mes escenario de un encuentro sobre medio ambiente y desarrollo sostenible, y recientemente acogió a los ministros de Finanzas, quienes conciliaron las propuestas que en esa materia presentarán los mandatarios ahora en La Habana, con medidas orientadas a prevenir los efectos de la crisis económica y financiera internacional sobre las economías de la región, e ideas sobre una arquitectura regional acorde a las particularidades y necesidades de América Latina y el Caribe.

Asimismo, se desarrollaron reuniones sectoriales en materia de erradicación de la pobreza, salud, cultura, reducción del analfabetismo, desarme nuclear, migración, cooperación, ciencia y tecnología, gestión de riesgos y desastres naturales, energía, agricultura familiar, empleo juvenil y preferencias arancelarias
Concertar posiciones comunes para impulsar planes sociales contra el hambre y la pobreza, teniendo como norte la soberanía alimentaria y una integración con piso social de justicia, igualdad y equidad, figuran entre los temas más importantes de la Cumbre habanera. Otros temas previstos son los de la descolonización y la defensa de la región, además de la superación de conflictos que subsisten entre varios países.
Además, los Estados presentarán sus planes de acción para paliar y solucionar las deudas sociales del continente. Hace un año en la Cumbre de Santiago de Chile los mandatarios se comprometieron a promover la seguridad alimentaria y apoyar iniciativas internacionales como el Desafío Mundial Hambre Cero y América Latina y el Caribe sin Hambre 2025.
La dura tarea de la construcción
Construir la CELAC como una comunidad que integra a distintas subregiones y países -México, Centroamérica, el Caribe y Sudamérica- y como un actor imprescindible en un mundo configurado por bloques, , haciendo compatibles y asociables los distintos proyectos y la diversidad de enfoques tanto en lo que se refiere al modelo interno de las naciones como a su grado y forma de inserción en la economía Internacional, es una labor histórica que está y estará plagada de vallas, y donde será necesario apelar a altas dosis de voluntad política, pero también de creatividad, imaginación y perseverancia.
La decisión de conformar un espacio común latinoamericano-caribeño para catapultar un sustantivo aumento de los intercambios y el comercio entre sus integrantes, delinear políticas comunes que lleven a mejores infraestructuras, incentivar políticas productivas -industriales y tecnológicas- compartidas y complementarias, así como planes educativos, sociales, ambientales y culturales comunes, sería la demostración necesaria de que no se trata sólo de utopía, sino el trazado de una ruta que confirme que es posible comenzar a desarrollar políticas públicas regionales.
El paisaje de esta reinvención latinoamericano-caribeña está marcado por la declinación de una Europa sumida en una persistente crisis, la abrupta caída de la credibilidad de Estados Unidos, los sorprendentes cambios político-económicos chinos y la supervivencia de un sistema económico mundial generador de desigualdades e inequidades.
Esta reinvención implica obligadamente una nueva redefinición de su lugar en el mundo, en el que abandone su lugar como “patio trasero” de Estados Unidos. Un nuevo rol internacional en el que tiene como herramientas medulares, la construcción de foros y entidades regionales sin presencia de Washington –Mercosur, Unasur, Alba y Celac– y la diversificación de las relaciones económicas, comerciales y tecnológicas con naciones que, en otras zonas del planeta, hacen contrapeso geopolítico a Washington, como China, Rusia e Irán.
En estos años, el destino de América Latina se debate entre la decisión de cada gobierno de firmar Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos y Europa o la de privilegiar los procesos de integración regional.
Carlos Chacho Álvarez, secretario general de ALADI, advierte que continúan siendo muchos y muy fuertes los intereses de quienes apuestan a la fragmentación, al statu quo, a propagandizar y fomentar proyectos que, en cambio de considerarlos como agregativos, tienden a sectorizar o confrontar debilitando las posibilidades de avanzar en la convergencia y la integración, en clara referencia al remake de la fracasada ALCA, la Alianza del Pacífico.
China, por ejemplo, se convirtió en la mayor potencia exportadora del mundo, con gran competitividad, y la segunda mayor potencia importadora del planeta, con una extraordinaria demanda de productos primarios, agrícolas y mineros.
Las políticas europeas, chinas y estadounidenses, presionan la desindustrialización de las economías latinoamericanas y caribeñas debido a los precios baratos de las mercancías con valor agregado, y la presión por materias primas han desestimulado las inversiones industriales ligeras y estimulado las inversiones mineras en todos los países de la región.
Repensar (los organismos de) la integración
La realidad de esta segunda década del siglo XXI es muy diferente a la época de la fundación de la Comunidad Andina de Naciones o del Mercosur. La naturaleza de muchos de los actuales gobiernos de la región es opuesta a los que fundaron aquellos organismos, abriendo nuevas posibilidades para un proyeto de integración no dominado por el dios-mercado y por las trasnacionales de los mega-conglomerados trasnacionales.
La zozobra del ALCA en el 2005 confirma ese cambio de proyectos de integración para la región, pero a la vez evidencia que aún falta mucho por recorrer para construir una unión amplia, abarcadora y profunda. Hoy, en los diferentes espacios de integración existe un consenso sobre la necesidad de reinstitucionalizarlos, de acuerdo a las necesidades de los grupos y de la región hacia la integración productiva pero también política. Un documento-encuesta realizado por un grupo de debate sobre el pensamiento estratégico y que ha circulado entre las cancillerías, señala:
-Es necesario profundizar la coordinación a nível presidencial en la definición de parámetros, metas, objetivos, planes, políticas y programas generales para la integración. En muchos de los espacios de integración las decisiones quedan en manos de burocratas y diplomáticos, muchas veces divorciados del pensamento político de sus presidentes.
-Las actuales institucionalidades de los distintos organismos, que impiden una participación amplia de los diferentes actores que debe tener el proceso, son uma rémora para avanzar en el camino de uma integración profunda, amplia y multidimensional.
-Hasta ahora se ha garantizado el libre tránsito de las mercancias. ¿Cuáles son los requisitos y plazos para que los derechos sociales, laborales y civiles sean universalizados y cada ciudadano latinoamericano-caribeño pueda vivir, transitar, estudiar, trabajar y domiciliarse em cualquier país del território comunitário?
-Hay que garantizar nuevos tipos de democracia, como los que se están construyendo, reiventando, en nuestra región, para garantizar la participación democrática en la integración. ¿Cuál puede ser el papel de um parlamento comunitário em el processo de deliberación pública y como puede coexistir la democracia respresentativa com mecanismos de democracia directa?
-Si no se desarrollan estratégias de desarrollo comunitario que combine la complentariedad económica, los sistemas locales de producción, las cadenas productivas donde participe también la economia solidaria, el conocimiento, la innovación científica y tecnológica, estaremos condenados a ser territorios de transacciones comerciales de empresas transnacionales de pocos sectores económicos.
Por ejemplo, Mercosur tiene un flujo de comercio básicamente transnacional. De hecho el 67% del comercio del Mercosur es del sector automotriz, siendo un sector de transferencia intensiva de capital hacía sus casas matrices (en el 2011 transfirió 6,8 millones de dólares a EEUU y Europa).
-Es imprescindible la protección de las economias nacionales y la coordinación de políticas regionales antes la realidade insoslayable de la crisis económica mundial. ¿Cuáles son los obstáculos para viabilizar instrumentos económicos y financeiros para el desarrollo (la llamada nueva arquitectura financeira), como el Banco del Sur, un banco de desarrollo, un fondo de reservas comunitario, el comercio em monedas locales?
-¿Cuáles son los requerimentos y plazos para que la región se erija em um território libre de hambre, analfabetismo, indigencia y miseria?
Quizá la cumbre de La Habana pueda dar respuestas.
El norte sigue insistiendo
La Cumbre de la CELAC coincide con el lanzamiento de las negociaciones para la firma de un TLC-Acuerdo de Inversiones, entre EEUU y la Unión Europea, vía la construcción de un Mercado Común Trasatlántico, por lo cual tendremos los dos modelos de desarrollo en despliegue de sus fuerzas.
Los objetivos de esta negociación EEUU-UE son los de reactivar las economías de EEUU y UE, frenando su desgaste frente a los países emergentes; contrarrestar el crecimiento global que está teniendo Asia, China y Brasil; convertirse en un aliciente para el impulso del libre comercio mundial, activando negociaciones como el acuerdo entre Mercosur y la UE o las negociaciones para la liberalización del comercio mundial de la Ronda de Doha y que se llevan en el ámbito de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Asimismo, la construcción de este Mercado Común Trasatlántico puede perjudicar las economías de los países latinoamericanos que tienen acuerdos de libre comercio con EEUU y UE, tales como México, Perú, Chile, Panamá, Colombia, CARICOM o SICA.
Los sectores que son los responsables por los inmensos retrocesos (recesiones, concentración de renta, exclusión social) se aprovechan de las actuales dificultades en el ritmo de crecimiento y los desequilibrios en las cuentas públicas de algunos países –señala Emir Sader- para tratar que se retroceda a políticas de aquel periodo, cuando de lo que se trata es de hacer las correcciones de ruta y seguir avanzando por el sendero de las políticas que permitieron que países del continente consigan resistir a la más profunda y prolongada recesión del capitalismo en ocho décadas.
Lo cierto es que será difícil continuar resistiendo a las presiones recesivas internas y externas, añade, dentro del margen de acción de cada uno de nuestros países aisladamente, aún con las formas de colaboración y apoyo actuales de los procesos de integración. Será preciso dar un salto decisivo en los procesos de integración latinoamericana, para elaborar proyectos de desarrollo económico, tecnológico, financiero, físico y energético, de infraestructura, de cadenas productivas, de formas político institucionales de integración, de medioambiente, culturales, de integración social y laboral, educacional, de salud pública, entre tantas otras esferas de integración.
El reto es concreto: este es el momento del reimpulso y profundización de los procesos de integración regional, de coprotagonizar un cambio de paradigma frente a un modelo civilizatorio en decadencia y en crisis.
Los cimientos de la CELAC fueron echados, a iniciativa del presidente venezolano Hugo Chávez, en la Cumbre de la unidad de América Latina y el Caribe en la Playa del Carmen, en Quintana Roo, México. Luego, su constitución ocurrió en Caracas los días 2 y 3 de diciembre de 2011, como otro paso en la liberación definitiva de la dependencia económica de Estados Unidos, en base a la “solidaridad, cooperación, complementariedad y concertación política” de los 33 miembros, teniendo en cuenta las asimetrías económicas.
La Presidencia Pro Tempore es el órgano de apoyo institucional, técnico y administrativo de la CELAC y ésta es asistida por una troika ampliada compuesta por el Estado que ostenta la Presidencia, por el que le precedió en esa responsabilidad y por el que lo sucederá, más el que ejerce la presidencia pro tempore de la Comunidad deI Caribe (Caricom). Hoy integran la troika Cuba, Chile, Costa Rica y Haití.
En La Habana, Cuba entregará la posta a Costa Rica, país que celebrará elecciones presidenciales el 2 de febrero (con pronóstico incierto), en el marco de un descontento ciudadano acentuado en los últimos cuatro años con la administración neoliberal de Laura Chinchilla, incapaz de solventar el desempleo, el crecimiento de la brecha entre ricos y pobres, la corrupción y el deterioro de los servicios públicos. Y es Ecuador el estado que tomará su lugar en la troika a partir de la cita habanera, en espera de asumir la presidencia en 2015.
 
Fuente: Rebelion.Org