miércoles, 16 de octubre de 2013

El derecho a la alimentación entre ecología campesina y producción agroindustrial


El escándalo del hambre en el Día Mundial de la Alimentación





16-10-2013
La tierra puede ser vista como una superficie generatriz que nos da hospitalidad, con la cual dialogamos al interno de un proceso de reciprocidad e interdependencia, que se funde como proceso natural en la agricultura y tiene como escenario global la biosfera.

O puede ser vista como un valor patrimonial, como un factor económico más de la producción de alimentos, induciendo artificialidad a los procesos naturales con practicas basadas en una visión compartimentada, mecanicista y a-biótica de la agricultura.

La agricultura de hoy, insuficiente e insostenible


Hoy por hoy, de las 200 mil especies vegetales selváticas según el bio-geografo Jared Diamond, solo algunas miles son idóneas para la alimentación humana y solo algunas centenas han sido adaptadas al consumo humano [1]. Tres cuartos de los productos alimenticios de todo el mundo derivan de siete especies de plantas: El trigo, el arroz, el maíz, la papa, la yuca, el sorgo y la cebada, y por lo que concierne al ser humano, la mitad del aporte calórico y proteico de los tres primeros cereales [2].

Por otro lado la tercera parte de las tierras del planeta son utilizadas para la cultivación y el pastoreo y a estas actividades se dedican 1,3 billones de personas, que representan la mitad de la fuerza de trabajo mundial [3]. La agricultura consume casi dos terceras partes del agua obtenida de lagos, ríos y fuentes acuíferas en todo el mundo.


Una tonelada de cereales producidos en régimen agroindustrial en monocultura con tecnología moderna, exige cerca de nueve veces más energía de la base ambiental (de la bio-capacidad del territorio en cuestión) que si se utilizaran métodos y técnicas agro sostenibles.

En la actualidad las practicas agrícolas no sostenibles sobre-utilizan la base ambiental global. El 90% de la energía utilizada directa o indirectamente en estas practicas, proviene de la utilización de productos químicos, maquinaria agrícola y sistemas de riego que aumentan las emisiones de CO2. Se prevé un aumento de la temperatura superficial global de 2,4° C en el periodo 2010 - 2020 [4], se pronostica además, que la degradación del clima erosione la producción global de alimentos en un 20%, a la vez que se prevé que el numero de personas que sufren hambre se incremente de los actuales 925 millones a 1200 millones para el 2025 [5].

El estrés ambiental que deriva del cambio climático, reduce la capacidad de respuesta tanto del sector agrícola industrial como del tradicional, ante al aumento de la demanda alimentaria global.

Además cerca del 10-12% de la producción mundial de cereales viene desviada de la autosuficiencia y seguridad alimentaria hacia la producción de agro-combustibles.

Técnica campesina, Revolución Verde y vulnerabilidad alimentaria


La producción agroindustrial vigente ha impulsado la modernización de la agricultura, empernándola en la extrema movilidad de los recursos para poderlos trasladar de una utilización a otra y así responder en modo flexible a las fluctuaciones de la demanda. En la agricultura la movilidad de los recursos es lenta. Los agricultores tradicionales son poseedores de recursos inamovibles en substancial desventaja con relación a la mayoría de las actividades económicas, y más aún, frente a la progresiva desmaterialización y transnacionalización de la economía. La Revolución Verde, volvió la agricultura menos eco-compatible en el afán de volverla mas industrializada, fraccionando el continuum de la producción de alimentos para convertirla en más movible. Los costos sociales de esta injerencia se han traducido en vulnerabilidad alimentaria para millones de personas en el mundo

La moderna producción agrícola, caracterizada por una fuerte mecanización, una producción en régimen de monocultura y
orientada a mercados lejanos, afronta las adversidades ambientales, climáticas y agronómicas, recurriendo al uso intensivo de capital y de la manipulación bio química de los procesos de crecimiento en la producción de alimentos. Un ejemplo limite en el cual el ambiente circundante viene excluido casi del todo, se encuentra en la cultivación de verduras en viveros, sobre películas de agua con un grado de nutrientes controlado y un microclima recreado ad hoc.

En el extremo contrario, la técnica campesina tradicional se apoya en la diversificación de las especies cultivadas, destinadas muchas veces al auto-consumo, al uso de variedades diferentes de la misma especie, a la mano de obra familiar y a los mercados de proximidad, con tecnologías eco-compatibles adecuadas al contexto agroecológico, maduradas y perfeccionadas en el tiempo durante generaciones.

En el actual sistema alimentario las fases que llevan un producto agrícola desde el lugar de su cultivo en el campo hasta el lugar donde viene consumido son generalmente: siembra, cuido, cosecha, transporte primario, almacenamiento, transformación agroindustrial, comercio al por mayor, transporte secundario y comercio al detalle y al final consumo. Esta larga cadena de pasajes del llamado circuito largo, constituye uno de los puntos de fractura del moderno sistema de producción, circulación y consumo alimentario: el circuito largo ignora el calculo de la contaminación que puede verificarse en cada una de estas fases. En la actualidad cada producto viaja 50% más que en 1979, y nadie paga un impuesto por la contaminación que generan estos traslados. Cerca de tres cuartos del consumo de energía de la cadena alimentaria, se da fuera de las dos primeras y dos ultimas fases (transporte primario, almacenamiento, transformación agroindustrial, comercio al por mayor, transporte secundario) del sistema alimentario moderno.

Además, el circuito largo esta caracterizado por una elevada intermediación en el cual múltiples actores económicos explotan fragmentos de valor adjunto del articulado proceso que va del cultivo al consumo y en particular de la transformación agroindustrial.

Por lo que concierne a la distribución y al comercio de los alimentos, estos vienen monopolizados por 4 o 5 cadenas de supermercados [6], que se reparten el mercado y su poder crece en los países empobrecidos del hemisferio sur del mundo.

En este ámbito, la agricultura industrial en régimen de monocultura, con uso intensivo de capital e imput externos, destinado al circuito largo, tiene ventajas ante la producción familiar campesina a uso intensivo de trabajo, en régimen de policultura, con rotación de las cultivaciones y destinado al circuito corto.

La agricultura vista en una dimensión local, tiene una población o comunidad que pone en practica toda una serie conocimientos para interactuar con el entorno, conocimientos que progresivamente se van cimentando y acumulando un know how, constituido por experiencias almacenadas en la memoria autobiográfica primero y en la tradición local de la comunidad luego.

Observar el mundo rural a través de la óptica de la eficiencia económica y el productivismo no habla de los pequeños productores campesinos, (entre el 75-80% de la población sobrevive gracias a la producción de subsistencia de los pequeños productores [7]) los cuales trabajan la tierra para dar seguridad alimentaria a sus familias, producir sus propias semillas, plantas medicinales, alimentación para sus animales y materiales de construcción para sus casas. En este modo ellos garantizan su autosuficiencia alimentaria y un lugar en la comunidad en el cual ayudar y poder ser socorridos en los momentos de necesidad.

Los agricultores campesinos invierten sus ganancias en relaciones sociales y destinan parte de los productos de las cosechas o de la cría de animales, en fiestas, matrimonios y funerales en ofrendas al interno de la red comunitaria a la que pertenecen, para garantizarse un lugar en esa comunidad, en una praxis disciplinada por los mecanismos de control social orientados al conseguimiento del equilibrio, pero también nutridos por las transformaciones que derivan del conflicto social.

El mundo rural ha sido regulado a lo largo de su historia por una relación de reciprocidad, redistribución e intercambio [8]. Con la irrupción del la modernización de la agricultura, e este triangulo eco-compatible ha sido extrapolada una de las esquinas: El intercambio y a partir de este, ha sido reelaborado el todo. Ha sido realizado un reordenamiento en el cual la ganancia a través del intercambio se ha convertido en el ethos de las relaciones alimentarias. Las lógicas subyacentes a la reciprocidad y a la redistribución, han sido reelaboradas junto a su capital simbólico como son el prestigio, la confianza y solidaridad, sucesivamente monetizadas y disciplinadas por el crédito y la deuda. La visión moderna de la agricultura y su lógica no desaparecen lo existente, lo reelaboran y reordenan (como en este caso) instalando una nueva lógica hegemónica acorde a sus intereses, en el lugar de la lógica intrínseca que sustentaba el mundo rural.

El empresario agroindustrial tiene bien claro su objetivo: enriquecerse produciendo alimentos y tratando de obtener la máxima productividad inmediata de la tierra, se trata de dos racionalidades dicotómicas: El saber ecológico-campesino y la lógica económica-empresarial [9].

La globalización y el epistemicidio de los saberes campesinos tradicionales


Las comunidades campesinas representan un problema para el modelo agroindustrial dominante y para la doctrina económica que lo fundamenta. Estas comunidades se encuentran en una línea de frontera comportamental, se encuentran en una línea de confín ilegible con los instrumentos de la economía moderna formal: Prefieren la propiedad comunitaria a la propiedad individual, compran y venden poco, no tienen cuentas en el banco, ni tarjetas de crédito, son números inútiles para las cuentas del gran capital.

Los promotores de la globalización (en el mismo modo en el que convirtieron la agricultura en más fragmentada con la Revolución Verde) han reservado para los campesinos del hemisferio sur del mundo, un complejo procedimiento de ingeniería social [10].

Este, según las diferentes zonas del planeta comenzó hace tres o cuatro décadas y se agudizó con el Consenso de Washington [11] en 1989, en coincidencia con el final del bipolarismo. Este mecanismo inició con el abandono estatal de las políticas de crédito y ayuda a los pequeños productores campesinos, escenario que tuvo su continuidad en el éxodo rural, que ha alimentado la descampesinización y la progresiva urbanización. Sucesivamente estos trabajadores de la tierra llegados a las metrópolis fueron amontonados en las ciudades en forma desordenada, con la intención de convertirlos en consumidores de mercancías y sobre todo de servicios, precedentemente privatizados por el consenso de Washington. Su llegada ocasionó el derrumbe de los salarios urbanos, que incrementó la mano de obra a bajo costo, abriendo las puertas al modelo maquilero en el ámbito de la internacionalización industrial: mercancías que viajan por el mundo en busca de -en su jerga institucional- paraísos laborales, con bajos salarios, débil legislación laboral y gobiernos conniventes. Paralelamente transfieren también la sobre-producción agrícola del norte, altamente subvencionada para competir con la producción local con poco valor adjunto y muy debilitada con el abandono estatal del campo.

Una revolución hecha a costa del hemisferio sur del mundo


A la mitad de los años 70 las Naciones Unidas dieron su apoyo a la Revolución Verde en la reunión mundial de la alimentación en 1974 “para eliminar el hambre en el mundo en una década”. La Revolución Verde fue propuesta como la mejor forma de proveer alimentos a una población mundial en crecimiento constante y prometió además el aumento de los rendimientos gracias al uso intensivo de la química. Una parte considerable de los pequeños agricultores obtuvo rendimientos más elevados gracias a la Revolución Verde, pero este resultado fue conseguido a costa de la perdida de la biodiversidad, de la contaminación de los suelos, de los cuerpos hídricos y de la atmosfera. Además, la agricultura industrial barrió las diferentes agriculturas y ecologías locales en el planeta y produjo una mayor dependencia económica, tecnológica y alimentaria de los países empobrecidos en relación a los países ricos y por consecuencia aumento la deuda externa.

Para pagar los intereses de la deuda externa estos países se vieron obligados a orientar su producción hacia la agricultura industrial en régimen de monocultura para la exportación, sacrificando la soberanía alimentaria y la producción interna e incrementando la importación de alimentos básicos para sus poblaciones. Además los países empobrecidos se vieron obligados a liberalizar sus economías. Tres motivos empujaron a estos países a liberalizar: Algunos países necesitaban crédito internacional y en cambio aceptaron los programas de ajuste estructural promovidos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Otros abrieron sus mercados para entrar a los acuerdos de libre comercio, por miedo a quedar al margen de la “globalización” o porque convenía a la elite local de turno al poder. Otros, liberalizaron en el contexto del Consenso de Washington [12] visto entonces como la solución a la crisis de la deuda del sur del mundo en los anos ochenta [13].

En la fase de las liberalizaciones, los países redujeron sus tarifas y eliminaron las cuotas que protegían la producción autóctona. Privatizando las instituciones estatales que se ocupaban de proteger a los pequeños productores, alimentaron de hecho la incapacidad de las políticas publicas internas de incidir en los modelos de oferta alimentaria, ya que buena parte de los instrumentos abolidos, como los subsidios, el poder de compra-venta estatal de cereales para incidir en los precios del mercado y la creación de techos de precios para los productos agrícolas presentes en las canastas básicas de los diferentes países, prácticamente desaparecieron y las políticas sectoriales en este ámbito fueron subordinadas al alcance de los equilibrios macroeconómicos, decididos en los grandes institutos financieros del norte del mundo.

La factura social fue pagada por los países de baja renta, donde la agricultura es la base principal de subsistencia para el 50-90% de la población [14], esto responde al hecho que los países del hemisferio sur del mundo son más vulnerables, ya que utilizan entre el 70-80% de la renta en gastos ligados a la alimentación, es decir que ante variaciones de su poder de adquisición su rentase erosiona más rápidamente, mientras que en los países ricos utilizan en la alimentación entre el 10-15%.

Las corporaciones y la privatización de la naturaleza


“En marzo de 1998 el ministerio (estatal) norteamericano de la agricultura y una empresa privada la Delta and Pine Land depositaron la patente de una técnica de transgénesis llamada Control de la expresión de los genes: en realidad una planta genéticamente manipulada que produce una semilla estéril. Dos meses después la Monsanto compró esa empresa y su patente que luego depositó en mas de 80 países” [15].

Hecho que representa un parte aguas y el inicio de la privatización de la biomasa y la reserva biogenética. No se puede vender a un campesino lo que ya produce (las semillas) o lo que dispone en abundancia en la naturaleza. Este representa el punto de fractura a-biótico porque para privatizar una patente por medio de un programa genético (una variedad de maíz presente en el campo del campesino) es necesario prohibir al agricultor que siembre el grano que cosecha, es decir que realice la practica fundadora de la agricultura, expropiando así un bien común propiedad de toda la humanidad [16]. La esterilidad del grano permite a las transnacionales que su programa genético sea prisionero, es decir que se autodestruya en el campo del campesino.

Las transnacionales que se dedican al negocio de la mercerización de la reserva biogenética tienen un poder cada día más incisivo sobre la seguridad alimentaria; este poder además esta concentrado en pocas transnacionales: Las tres más grandes (Monsanto, Dupont, Syngenta) controlan el 47% del mercado mundial de semillas patentadas [17].

En la actualidad se asiste al tentativo de los grandes carteles internacionales de la alimentación, de decidir que producir y en que cantidades, ejerciendo su poder factico en el frágil sistema alimentario mundial sobre todo en los países más pobres caracterizados por vulnerables realidades locales, muchas veces semi-analfabetas, de trabajo artesanal y comercio informal.

De este modo, ellos disponen de un recurso casi igualmente peligroso y estratégico que las armas: el acceso a la alimentación.

Hace tres décadas eran miles las compañías de distribución de semillas, instituciones publicas de mejoramiento de simientes, hoy existen solo diez grandes corporaciones que controlan más de dos tercios de la venta de semillas.

De decenas de industrias de abono que operaban en el mercado hace tres décadas, hoy tres controlan el 90% de las ventas de agroquímicos en el planeta [18]. De casi mil industrias en el sector de la biotecnología hace quince años, actualmente diez concentran más de tres cuartos de las ganancias, con una posición hegemónica en el mercado.

Según la FAO [19] 30 millones de dólares al año serían suficientes para reducir antes del 2015 a la mitad el numero de personas que sufren de hambre, es decir, menos de una decima parte de las subvenciones acordadas para la agricultura de los países ricos del hemisferio norte [20]. Las estimaciones de la FAO afirman que al final del 2010 eran 925 millones de personas con desnutrición de las cuales el 98% en los países empobrecidos.

Se trata de un problema estructural, de la dificultad en el poder de compra de esa tercera parte de los habitantes del planeta que ganan menos de dos dólares al día, al mismo tiempo según Jean Ziegler, ex relator de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación, afirma que la agricultura actual podría alimentar a doce billones de personas, el doble de la población actual.

Las tendencias centrifugas de la globalización expulsan cada día a más personas del contrato social en el ámbito del desmantelamiento del estado nacional, de la privatización de sus sectores estratégicos y de la transnacionalización de la economía [21], situación que no favorece la tutela de la soberanía económica y alimentaria. En este contexto, los estados-nación se han convertido en un actor más en el cuadro geopolítico de una basta gama de redes transnacionales. El ingreso de grandes transnacionales en el mercado terriero ha provocado una fractura en la soberanía nacional. La agenda agrícola rural en la actualidad esta siendo dictada por los intereses del agrobusinnes y esta alimentando el global land grab [22], una especie de subarrendamiento de millones de hectáreas de tierras nacionales (en países como Etiopia, Camboya, Mali, Filipinas) que están terminando en manos de inversionistas privados en colusión con las elites gobernantes de estos y otros países empobrecidos del sur del mundo.

Los fertilizantes sintéticos y el abandono de la policultura


La modernización de la economía agrícola y la Revolución Verde han llevado a la utilización masiva de fertilizantes sintéticos y al abandono progresivo de la policultura. Las consecuencias han sido numerosas: Fractura del ciclo natural por la sobreutilización de la tecnología, intensificación del uso de agua, de la energía y del suelo; perdida de la agro diversidad; de pauperización de los conocimientos campesinos, éxodo rural y sucesiva descampesinización, crecimiento demográfico urbano, concentración de la propiedad y proletarización de la clase campesina, interdependencia alimentaria entre el hemisferio norte y sur del mundo, y consecuente vulnerabilidad del tríptico: seguridad, autosuficiencia y soberanía alimentaria.

Además, se empieza a hablar de “epistemicidio de los saberes milenarios campesinos” [23] ligados a la producción de alimentos. La agronomía y las políticas de desarrollo se han edificado en el desconocimiento de los saberes tradicionales, que se pierden a medida que el éxodo rural quiebra el nexo entre campesinos y tierra; como resultado el 70% de la población mas pobre en el mundo, vive y trabaja en áreas rurales [24].

La lógica económica neoliberal imperante, ha promovido una agricultura en régimen de monocultura, esta lógica, ha provocado una fractura en el ciclo natural, obstaculizando la lucha contra los parásitos de las plantas ya que ignora la tendencia de la naturaleza a sostener la biodiversidad, provocando la desaparición de los antagonistas naturales. Las monoculturas son raras en la naturaleza, además de ser verdaderos paraísos para las enfermedades de las plantas y la proliferación de los insectos. Actualmente estas enfermedades destruyen el 13% de las cultivaciones del planeta, los insectos el 15% y las yerbas infestantes el 12%, para llegar a un total de cerca del 30% [25].

Como respuesta al aumento de la resistencia de las plantas a los pesticidas y al empobrecimiento del suelo, los mismos que promovieron la revolución verde hoy proponen una solución a través de la nanotecnología [26], la ingeniería genética y la biología sintética [27]. Esta revolución genética tiene como objetivo la expropiación y el monopolio del acceso y control de los recursos vivos, además del conocimiento asociados a patentes. En la visión de sus promotores, la combinación del aumento de la población y el colapso de los ecosistemas nos ponen ante una situación de “emergencia tecnológica”, donde las corporaciones agroalimentarias y sus centros de investigación deben tener la libertad de usar la ingeniería genética y la biología sintética como instrumentos de bio-seguridad, con el objetivo de adaptar los cultivos y los animales de cría a las variables condiciones climáticas. Al mismo tiempo que se deben desarrollar los agro-combustibles para proteger el status quo ante la crisis que se producirá por la eminente fin del petróleo, sobre el cual ha sido fundado nuestro desarrollo y nuestra tecnología.

Como resultado tenemos la mercerización de la biomasa que según Path Mooney del movimiento canadiense ETC, más de un cuarto de esta ya es mercadería [28].

En los últimos siete años en efecto, la especulación de los alimentos han contribuido a afligir la compleja geografía del hambre planetario. Luego de la crisis de los mutuos que ha puesto al descubierto la crisis financiera en el hemisferio norte, ha ocurrido el derrumbe de las acciones, títulos y formas de inversión tradicionales. Después de una intensa campaña conducida por los Lobby de los bancos, políticos liberales y fondos de inversión, las materias primas en particular las alimentarias más seguras (donde por seguras se entiende aquellas indispensables para la sobrevivencia) se han convertido para los inversionistas de la bolsa en un “bien refugio” come sucede con el oro en periodos de carestía, ocasionando por consecuencia la inestabilidad de los precios. Los instrumentos financieros derivados como los future, inventados como instrumentos de cobertura contra los riesgos comerciales, se han vuelto un medio para apostar sobre la tendencia de los precios de los alimentos, que han pasado de ser alimentos para nutrirnos a un asset financiero.

Los grandes bancos implicados (Goldman Sachs, Bank of America, Citibank, Deusche Bank y Hsbc [29]) que realizan intermediaciones entre el producto real y los especuladores, obtienen grandes ganancias, mientras la seguridad alimentaria está a merced de los negocios de pocos. Entre los instrumentos financieros derivados y la economía real de los pequeños productores tradicionales (que en el mundo garantizan la alimentación de entre el 75-80% de la población [30]) se interpone una distancia sideral, cuanto entre una pequeña parcela de tierra de un país en el extremo sur del mundo y las oficinas con sus relucientes pisos de mármol de la bolsa de Chicago, donde en fracciones de segundos se mueven virtualmente miles de toneladas de granos básicos, arroz, maíz, trigo, sin que un solo grano se mueva de los conteiner donde están almacenados. Un reciente informe de la FAO y del OCSE afirma que el precio de las materias primas en la próxima década tenderá a crecer entre un 15% y un 40% en el periodo entre 2010 y 2019 respecto al periodo 1997-2010 [31].

¿Fantasías románticas?

Hoy en día entrados a la curva descendente de la producción y disponibilidad mundial de petróleo, la agricultura industrial viene privada de su elemento fundante, carburante fósil a bajo precio, prepararse al cambio dirigiéndose hacia una agricultura post-fósil [32] podría ser el inicio de la solución. Donde el uso de la química no sea necesario, gracias a la rotación de los cultivos y a la diversidad de las especies en la misma parcela. Donde se tenga mayor cuidado a la interdependencia entre los diferentes tejidos vitales del ecosistema donde se cultiva, una migración paradigmática hacia sistemas agrícolas bio-diversificados y respetuosos de las especificidades locales.

Criticar el modelo industrial de producción agrícola no presupone un regreso romántico a la tierra, ni una invitación a convertirnos todos en campesinos, mas bien, reflexionar sobre los efectos alterantes que la agricultura industrial ha ocasionado en un planeta con recursos limitados, un llamado a asumir nuestras responsabilidades individuales ante la agricultura y la sostenibilidad. Lo que sucede en la agricultura tiene efectos en la nutrición, en la salud, en la igualdad de genero y en la estabilidad social. En nuestro tiempo se esta asistiendo al desmantelamiento de la agricultura sostenible, de los sistemas alimentarios locales y del entramado social y comunitario en las cuales reposan, situación que esta empujando poblaciones enteras hacia la vulnerabilidad alimentaria y por ende social.

Nos encontramos ante dos modelos antitéticos de subsistencia, que la Via Campesina ha sintetizado como el Episteme del conocimiento científico versus la Mentis de los agricultores locales. Dos modelos agrícolas y alimentarios en el que uno debe prevalecer sobre el otro, la decisión es política y antes que política, ética. El problema del derecho a la alimentación como el de todos los derechos humanos “no es justificarlos, cuanto protegerlos, no es un problema filosófico sino político” [33] por esto sus soluciones no serán científicas, ni técnicas, sino políticas.

El hambre, enfermedad psicofísica invalidante, es el fragmento de un rompecabezas mas complejo, en el cual convergen las vulnerabilidades de nuestro tiempo.

FUENTES: REVELION  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=175561
Notas:

[1] Jared Diamond, Guns, Germs and Steel, The Fates of Human Societies, 1997; Armi, acciaio e malattie, Einaudi, Italia 2005.

[2] Paul Hawken, Amory Lovins e Hunter Lovins, Capitalismo Naturale Edizioni Ambiente, Italia, 2001

[3] Luca Colombo, Fame produzione di cibo e sovranità alimentare, Jaca Book, Italia, 2002

[4] Intergovernmental Panel on Climate Change: http://www.ipcc.ch/

[5] Fao, The State of Food Insecurity in the World 2010, scaricabile dal sito www.fao.org.

[6] Stéphane Parmentier, Improvvisamente apparve la fame, Le Monde Diplomatique, Italia, 2009

[7] Riccardo Bocci, Giovanna Ricoveri, Agri-Cultura. Terra Lavoro Ecosistema, Bologna Emi, Italia, 2006

[8] Karl Polanyi, La grande trasformazione, Giulio Einaudi editori s.p.a. Italia, 1974.

[9] Víctor M. Toledo, La racionalidad ecológica de la producción campesina. En E. Sevilla Guzmán y M. González Molina (eds), Ecología, Campesinado e Historia. La Piqueta, España, 1993.

[10] Vandana Shiva, The violence of the green revolution: Third World agriculture, ecology, and politics, 1992, pag. 20.

[11] El llamado «Consenso de Washington» es producto de un acuerdo consensuado entre representantes del complejo político-económico-militar-
intelectual (BM, FMI, BID, Reserva Federal EUA, Agencias Económicas del Gobierno EUA, funcionarios del Gobierno EUA, miembros del Congreso y grupo de expertos) con relación a diez instrumentos de política que se pueden agrupar en cinco ámbitos: El paquete fiscal (disciplina fiscal, focalización del gasto público y reforma tributaria); el paquete financiero (liberalización financiera y prudente supervisión); el paquete del sector externo (tipos de cambio competitivos, políticas comerciales liberalizadas, eliminación de los aranceles y fomento a la inversión extranjera directa), y el paquete de la Reforma del Estado (privatización de las empresas públicas, desregulación de la economía y garantía para los derechos de propiedad intelectual) (Moreno, 2004).

[12] Si veda: www.cid.harvard.edu/cidtrade/issues/washington.html

[13] ibidem.

[14] Wolfgans Sachs, Tilman Santarius, Commercio e agricoltura. Dall’efficienza economica alla sostenibilità sociale e ambientale, Emi, Italia, 2007

[15] Jean Pierre Berlan (ed.) La guerra al vivente, organismi geneticamente modificati e altre mistificazioni scientifiche, Editorial Bollati Boringhieri, Italia, 2001,

[16] ibídem.

[17] Gruppo ETC, De quien es la naturaleza: El poder corporativo y la frontera final en la mercantilización de la vida. Noviembre 2008.

[18] ibídem.

[19] En www.fao.org.

[20] Stéphane Parmentier, Improvvisamente apparve la fame, Le Monde Diplomatique- Il Manifesto, Italia, 2009

[21] Saskia Sassen. Critique de l’état, Territoire, Autorité et Droits, de l’époque médiévale à nos tours. Editorial, Demopolis, France, 2009.

[22] Del verbo to grab, agarrar, arrebatar.

[23] Silvia P. Vittoria, Via Campesina 2009.

[24] Wolfgans Sachs, Tilman Santarius, Commercio e agricultura. Dall’efficenza economica alla sostenibilità sociale e ambientale,. Emi, Italia, 2007.

[25] Paul Hawken, Amory Lovins e Hunter Lovins, Capitalismo Naturale. Edizioni Ambiente, Italia, 2001.

[26] ¿Qué pasa con la nanotecnología? Regulación y geopolítica. Grupo ETC; vigilando el poder, monitoreando la tecnología, fortaleciendo la biodiversidad. http://www.etcgroup.org/sites/www.etcgroup.org/files/Nanogeopol%C3%ADtica_4webSep2011.pdf

[27] La biología sintética representa un salto cuántico en biotecnología, mucho más allá de transferir genes entre especies: busca construir microorganismos vivos auto-replicantes, completamente nuevos, que tengan el potencial (parcialmente probado / parcialmente teórico) de convertir cualquier biomasa o insumo de carbono en cualquier producto que pueda fabricarse a partir de carbono fósil, y mucho más. En otras palabras, desde la perspectiva de la biología sintética, el recurso base para el desarrollo de materiales comercializables y “renovables“ (que no sea petróleo) no lo encontramos solamente en el 23.8 % de la biomasa terrestre que ya se usa y comercializa anualmente, sino también en el restante 76.2% de biomasa que ha permanecido hasta hoy fuera de la economía del mercado. LINK: http://www.etcgroup.org/sites/www.etcgroup.org/files/synbio_ETC4COP11_esp_v1.pdf

[28] Los amos de la biomasa en guerra por el control de la economía verde, Junio 2012 http://www.etcgroup.org/sites/www.etcgroup.org/files/biomassbattle_US_esp_v5_4print3Sep2012.pdf

[29] Andrea Baranes (ed.), Scommettere sulla fame, crisi finanziaria e speculazioni su cibo e materie prime. Fondazione Culturale responsabilità Etica, Dicembre 2010, Italia.

[30] Riccardo Bocci, Giovanna Ricoveri, Agri-Cultura. Terra Lavoro Ecosistema, Emi, Italia, 2006.

[31] Oecde and Fao, Average commodity prices to rise in 2010-2019, http://www.agri-outlook.org/

[32] Commercio e agricoltura: dall’efficienza economica alla sostenibilità sociale ambientale (a cura di) Wolfgans Sachs, Tilman Santarius. Emi Italia, 2007.

[33] Norberto Bobbio, L’età dei diritti, Einaudi editore, Italia, 2005.

Guerras silenciosas







Alainet


Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), uno de cada cuatro niños menores de cinco años en el mundo padece retraso del crecimiento. Esto significa que 165 millones de niños están tan malnutridos que nunca alcanzarán todo su potencial físico y cognitivo. Aproximadamente, 2 mil millones de personas en el mundo carecen de las vitaminas y minerales esenciales para gozar de buena salud. Unas 1,400 millones de personas tienen sobrepeso; de estas, alrededor de un tercio son obesas y corren el riesgo de sufrir cardiopatías, diabetes y otros problemas de salud. Las mujeres malnutridas tienen más probabilidades de dar a luz a niños con bajo peso, que inician su vida con un riesgo mayor de padecer deficiencias físicas y/o cognitivas. De acuerdo a la FAO, la malnutrición de las madres es una de las principales vías de transmisión de la pobreza de generación en generación.

El hambre y la malnutrición, pues, matan progresivamente a más personas cada año que el sida, la malaria y la tuberculosis juntas. Los datos mundiales siguen siendo dramáticos: 870 millones de personas pasan hambre; las mujeres, que constituyen un poco más de la mitad de la población mundial, representan más del 60% de las personas con hambre; la desnutrición aguda mata cada día a 10 mil niños. Este último dato, por sí mismo, es escandaloso y sería suficiente argumento para transformar de raíz el actual sistema alimentario, cuya inequidad genera más muertes que cualquiera de las guerras actuales. O quizás estamos ante otro tipo de guerra, esta vez silenciosa.

En el caso de El Salvador, de sus 262 municipios, 188 están en el grupo de población con desnutrición media; 28, con alta; y siete, con desnutrición muy alta. El resto aparece en el grupo de baja y muy baja. Si nos atenemos a estos datos, no podemos hablar de hambruna en el país, pero eso no implica desconocer la realidad de miles de familias que siguen sufriendo la angustia y la incertidumbre de la inseguridad alimentaria.

Eduardo Galeano, en su libro Los hijos de los días, habla de las guerras calladas. Denuncia que la pobreza, con todas sus secuelas, no estalla como las bombas ni suena como los tiros, pero igual produce muerte. Y con agudeza crítica señala que “de los pobres, sabemos todo: en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué no votan, en qué no creen. Solo nos falta saber por qué los pobres son pobres. ¿Será porque su desnudez nos viste y su hambre nos da de comer?”.

El 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación con el propósito de dar a conocer y destacar los problemas relacionados con el hambre. Este año, el lema central es “Sistemas alimentarios sostenibles para la seguridad alimentaria y la nutrición”. Tres son los mensajes centrales enviados al mundo y a los tomadores de decisiones políticas y económicas. Primero, una buena nutrición depende de las dietas saludables; segundo, estas dietas exigen sistemas alimentarios que posibiliten el acceso a alimentos variados y nutritivos; tercero, los sistemas alimentarios saludables solo son posibles con políticas e incentivos concretos y coherentes. Para la FAO, las políticas gubernamentales deben enfrentar directamente las causas de malnutrición, entre las que figuran la insuficiente disponibilidad de alimentos saludables, variados y nutritivos, y el limitado acceso a ellos; la falta de acceso a agua salubre, saneamiento y atención sanitaria; y las formas inapropiadas de alimentación infantil y de dietas de los adultos.

Así, este año se pone énfasis en la malnutrición, más que en el hambre, lo cual supone que se tiene algo qué comer, aunque no sea lo más nutritivo. Supone, además, que el aumento de la producción de alimentos no garantiza por sí sola una nutrición adecuada. Ahora bien, sin menospreciar el valor de este enfoque, hay que tener presente, si se quiere una solución estructural, que el mayor obstáculo para la superación del hambre y la malnutrición en el mundo es la falta de avances en la consecución de un desarrollo equitativo y de medios de vida más sostenibles no solo para los grupos más vulnerables, sino para el conjunto de la sociedad. Y eso pasa, necesariamente, por reducir las enormes disparidades en el mundo y en cada país.

En América Latina, por ejemplo, la brecha entre ricos y pobres ha aumentado. El 20% de la población más rica tiene en promedio un ingreso per cápita casi 20 veces superior al ingreso del 20% más pobre. El hecho de que 47 millones de personas sufran hambre en la región se explica en buena medida por esta concentración de la riqueza tan desigual como injusta. Por otra parte, se afirma que para salvar a los que padecen hambre en el mundo se requieren unos 30 mil millones de dólares anuales. Una cifra pequeña si la comparamos con los gastos militares de Estados Unidos en 2012: 682 mil millones de dólares. Está claro que en el mundo es más importante la seguridad militar que la seguridad alimentaria, los gastos para la guerra que los gastos para la vida. Otra cifra escandalosa la representan las 1,300 millones de toneladas de alimentos que cada año se tiran a la basura en lugar de orientarlas a la reducción del hambre y la malnutrición.

Estos datos sobre hambre, malnutrición, gastos militares, concentración de riqueza y desperdicio de alimentos remiten a muerte, directa o indirectamente. Y en este contexto, resultan proféticas y esperanzadoras las palabras de Jesús de Nazaret: “Dichosos ustedes los que tienen hambre ahora, porque serán saciados… Pero ¡ay! de ustedes los que ahora están saciados, porque van a pasar hambre”. Hay aquí un primer paso para cargar con la realidad de los que pasan hambre y malnutrición: se ha escuchado su clamor y se les ha sacado de su inexistencia haciendo central su situación; condiciones necesarias para decidirse a trabajar por la justicia y poner fin a las guerras silenciosas del presente.

Carlos Ayala Ramírez, director de Radio YSUCA


Fuente: http://alainet.org/active/68191

La Empresa Bioenergy y el desplazamiento forzoso de campesinos y campesinas en la comunidad de “Laterza Kue”



Paraguay




En el asentamiento campesino Laterza Kue, perteneciente a la organización Movimiento Campesino Paraguayo (MCP), ubicado en el Distrito Mariscal López, Departamento de Caaguazú, sale a la luz pública a partir de la resistencia histórica de campesinos y campesinas que ponen sus vidas para defender sus tierras del agronegocio, un modelo transnacional en ofensiva auspiciado por un Gobierno Neoliberal, que puede verse como la restauración del modelo capitalista depredador en el país.
En medio de amenazas, el terror y la violencia estas familias campesinas vienen defendiendo su dignidad en la siembra de cada semilla que alimenta a sus hijos e hijas. Rostros tostados con el sudor que rosan de incansables luchas, con miradas firme se inquietas por encontrar un horizonte, una utopía, unidad decididas en la conquista de un pedazo de tierra para defender la vida, el bosque, las semillas, la madre tierra, con sus sueños y esperanzas acompañados de identidad y cultura genuina del pueblo paraguayo, de raíces guaranís que siguen en resistencia a la colonización moderna y por la continuación de una lucha por la independencia.
Restauración política Stronista desde el pacto azulgrana y para defender los intereses del gran capital
Esta nueva ofensiva neoliberal se empieza a sentir en lo político, económico, jurídico, militar y policial, golpeando directamente en lo social a las familias más humildes vinculados a los movimientos sociales. Laterza kué fue ocupada en 1968. Después del Golpe de Estado que derribó a la dictadura de Alfredo Stroessner, la declaración de inconstitucionalidad por la Corte Suprema de Justica de una ley que expropiaba la finca a favor de los ocupantes, los campesinos obtuvieron una sentencia favorable por usucapión a favor de Joâo Dias Filho, en representación de sus compañeros del Asentamiento. Sin embargo, Días Filho vendió el título, con sus compañeros dentro, a la firma Arcadia S. A., posteriormente, Arcadia SA transfirió el título a la Santa Basílica, ambas firmas estaban vinculadas al terrateniente griego Euthimios Ioannidis.
En el 2001, Ioannidis tuvo que huir del país acusado del asesinato del intendente electo Rubén Acosta, según la hija Karen Ioannidis, fue sobreseído en el 2003 del caso. Las propiedades del griego pasaron a formar una nueva empresa a cargo de José Odvar Lopes, entre ellas la empresa Entre Ríos, vinculada hoy en día a Bioenergy, que con presiones jurídicas actuaron violentamente en un desalojo policial y comando privado armado quemando las casas y destruyendo los cultivos de las familias campesinas que hasta ese momento poblaban esta comunidad y se negaban a vender sus derecheras, este hecho ocurrió sin ningún orden de allanamiento. Este tipo de amedrentamiento, quema de vivienda y asesinato no es la primera vez que sucede en Laterza kué, inclusive el caso de asesinato del compañero Antonio Moreira “Porcaso”, ocurrido el 30 de junio en la cual fue ejecutado en frente a su casa por un grupo comando por solo hecho de resistirse a no vender su parcela.
Este nuevo acontecimiento en Caaguazú, que no es otra cosa que la continuación de la masacre en Curuguaty para favorecer los intereses de transnacionales, a partir de las instituciones del Estado, quienes debían garantizar los derechos de los campesinos y las campesinas, no hace otra cosa que profundizar las brechas de desigualdad, la expulsión campesina de sus territorios y la pérdida de la soberanía alimentaria.
La producción de agrocombustibles impulsadas por los gobiernos de los países industrializados frente a la crisis de energías fósiles, con la excusa de disminuir la contaminación, el cambio climático, con el llamado “Bioenergía”, con los costos sociales del hambre y la muerte de los campesinos, campesinas, indígenas y afrodescendientes, aumentando la deforestación y contaminación; así se puede ver que América Latina y el Caribe como las regiones con mayor recursos naturales de bosques y biodiversidad, la cifra de deforestación desde 1990 a 2005 fue alrededor de 64 millones de hectáreas de bosques, por causa del agronegocio y las mega minerías.
Con el desalojo de Laterza Kué y otras comunidades del Paraguay se está instalando de manera acelerada el modelo capitalista neoliberal, dominado por las transnacionales del agronegocio, con la complicidad del Gobierno de turno, el poder judicial, la fiscalía y demás instituciones represivas se ponen al servicio de este plan. Frente a este avance el enemigo principal son las comunidades campesinas que defienden sus territorios, razón por la cual, la lucha y resistencia será fundamental para la defensa de la soberanía.

Del Rosario Ignacio Denis es Ingeniero Agroecologico graduado en el Instituto latinoamericano de Agroecologia IALA Paulo Freire. 
PUBLICADO EN:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=175631

Fuentes:
http://www.agronegocios.com.py/?p=9677
http://www.diarioprimeraplana.com/v1/index.php/locales/item/587-conflicto-de-tierra-en-laterza-cue-lleva-m%C3%A1s-de-30-a%C3%B1os-y-sigue-sin-resolverse
http://www.salta21.com/Denuncian-el-peligro-del-biodiesel.html
http://noticias.terra.com.ar/crisis-del-biodiesel-casi-1000-puestos-de-trabajo-en-peligro-en-la-region,b24d945bf6e91410VgnCLD2000000dc6eb0aRCRD.html
http://www.abc.com.py/edicion-impresa/judiciales-y-policiales/acribillan-a-un-colono-brasileno-en-conflicto-por-tierras-en-mcal-lopez-579434.html
http://www.nanduti.com.py/v1/noticias-mas.php?id=78649&cat=Nacionales



lunes, 14 de octubre de 2013

Comida industrial: enfermando a la gente y el planeta


Silvia Ribeiro



Las cinco enfermedades más comunes en México están ligadas a la producción y consumo de alimentos provenientes de la cadena agroalimentaria industrial: diabetes, hipertensión, obesidad, cáncer, enfermedades cardiovasculares. Algunas totalmente, otras parcialmente, ninguna está desligada. Esto se traduce en mala calidad de vida y tragedias personales, pero además en altos gastos de atención médica y del presupuesto de salud pública, un enorme subsidio oculto para las transnacionales que dominan la cadena agroindustrial, desde las semillas al procesado de alimentos y venta en supermercados. Más razones para cuestionar ese modelo de producción y consumo de alimentos.
En artículos anteriores referí cómo el sistema alimentario agroindustrial solamente alimenta a 30 por ciento de la población mundial, pero sus graves impactos en salud, cambio climático, uso de energía, combustibles fósiles, agua y contaminación son globales.
En contraste, la diversidad de sistemas alimentarios campesinos y de pequeña escala son los que alimentan a 70 por ciento de la población mundial: 60-70 por ciento de esa cifra lo aportan parcelas agrícolas pequeñas, las huertas urbanas el 15-20 por ciento, la pesca 5-10 por ciento y la caza y recolección silvestre 10-15 por ciento. (Ver ¿Quién nos alimentará? La Jornada, 21/9/13 y www.etcgroup.org). Agrego ahora datos complementarios, de la misma fuente.
En términos de producción por hectárea, un cultivo híbrido produce más que una variedad campesina, pero para ello requiere la siembra en monocultivo, en extensos terrenos planos e irrigados, con gran cantidad de fertilizantes y alto uso de agrotóxicos (plaguicidas, herbicidas, funguicidas). Todo ello disminuye la cantidad de nutrientes que contienen por kilogramo. Los cultivos campesinos, por el desplazamiento histórico que han sufrido, ocurren mayoritariamente en terrenos desiguales, en laderas y tierras pedregosas, sin riego. Si comparamos aisladamente la producción de un cultivo campesino con el mismo híbrido industrial, la producción por hectárea es menor. Sin embargo, los campesinos siembran, por necesidad y conocimiento, una diversidad de cultivos simultáneamente, varios del mismo cultivo con diferentes características, para diferentes usos y para soportar distintas condiciones, además de cultivos diferentes que se apoyan entre sí (se aportan fertilidad, protegen de insectos) y como usan poco o nada de agrotóxicos, crecen a su alrededor una variedad de hierbas comestibles y medicinales. Siempre que pueden, los campesinos combinan también con algún animal doméstico o peces. Todo sumado, el volumen de producción por hectárea de las parcelas campesinas es mayor que el de los monocultivos industriales, además de que resisten mucho mejor los cambios del clima y su calidad y valor nutritivo es mucho mayor.
De lo cosechado en la agricultura industrial, más de la mitad va para forrajes de ganado en cría a gran escala y confinada (cerdos, pollos, vacas). Virtualmente toda la soya y maíz transgénico que se produce en el mundo –y también la que quieren plantar en México– no se destina a alimentación humana sino a forrajes para cría animal industrial, dominada también por trasnacionales y cuyo sobreconsumo es otro factor causante de las enfermedades principales.
De los fertilizantes sintéticos usados en la agricultura industrial, la mayoría es justamente para producir forrajes, y la mitad que se aplica no llega a las plantas por problemas técnicos. A su vez, el escurrimiento de fertilizantes es factor fundamental de contaminación de aguas y de gases de efecto invernadero.
Adicionalmente, en la cadena industrial se desperdicia de 33 a 40 por ciento de los alimentos durante la producción, transporte, procesamiento y en hogares. Otro 25 por ciento se pierde en sobreconsumo, produciendo obesidad, entre otras cosas por la adicción que provoca la cantidad de sal, azúcar y químicos agregados.
En Norteamérica y Europa el desperdicio de alimentos per cápita es de 95 a 115 kilogramos por año, mientras que en África subsahariana y sudeste de Asia (con mayoría de agricultura campesina), es de 6 a 11 kilogramos per cápita, 10 veces menor.
Ante el desperdicio y la gravedad de los problemas de salud y ambientales que provoca la cadena industrial de alimentos, urge replantearse políticas que la desalienten y estimulen en su lugar la producción diversificada, sin químicos, con semillas propias y en pequeña escala, que además es la base de trabajo y sustento de más de 80 por ciento de los agricultores del país. En el extremo opuesto está la producción industrial con transgénicos, que exacerba todos los problemas mencionados, y además, al estar en manos de cinco trasnacionales es una entrega de soberanía nacional. La siembra de soya transgénica ya está amenazando de muerte a los apicultores, tercer rubro de exportación nacional, que provee sustento a más de 40 mil familias campesinas. Las solicitudes de siembra comercial de maíz transgénico en millones de hectáreas, amenazan eliminar otros miles de familias campesinas y contaminar el patrimonio genético más importante del país.
Por si estos datos no fueran suficientes, los eventos climáticos extremos que ha sufrido el país –con daños exacerbados por políticas que aumentan la vulnerabilidad–, están directamente vinculados a ese sistema alimentario agroindustrial, que es una de las causas principales del cambio climático.
Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2013/10/05/opinion/025a1eco

La doctrina Obama





La reciente escaramuza Obama-Putin con respecto al excepcionalismo estadunidense volvió a encender el debate sobre la doctrina Obama: ¿se dirige el presidente hacia el aislacionismo o portará con orgullo la bandera del excepcionalismo?
El debate es más estrecho de lo que parece. Existe considerable terreno común entre las dos posiciones, como expresó con claridad Hans Morgenthau, fundador de la escuela realista de relaciones internacionales, exenta de sentimentalismos, que domina hoy día.
A lo largo de su obra, Morgenthau describe a Estados Unidos como único entre las potencias pasadas y presentes, en cuanto tiene un propósito trascendente que debe defender y promover en todo el mundo: la instauración de la igualdad y la libertad.
Los conceptos en competencia excepcionalismo y aislacionismo aceptan esta doctrina y sus diversas elaboraciones, pero difieren en cuanto a su aplicación.
Un extremo fue defendido con vigor por el presidente Obama en su mensaje del pasado 10 de septiembre a la nación: Lo que hace diferente a Estados Unidos, lo que lo hace excepcional, dijo, es que estamos dedicados a actuar, con humildad, pero con decisión, cuando detectamos violaciones en alguna parte.
Durante casi siete décadas, Estados Unidos ha sido el sostén de la seguridad global, papel que ha significado más que forjar acuerdos internacionales: ha significado asegurar que se apliquen.
El aislacionismo, en cambio, sostiene que ya no podemos darnos el lujo de realizar la noble misión de correr a apagar los fuegos que otros encienden. Toma en serio una advertencia emitida hace 20 años por el columnista Thomas Friedmanm, del New York Times, de que conceder al idealismo una influencia casi exclusiva en nuestra política exterior puede conducirnos a desdeñar nuestros intereses por nuestra devoción a las necesidades de otros.
Entre estos dos extremos se da el acalorado debate sobre política exterior.
En los márgenes, algunos observadores rechazan las premisas compartidas y sacan a relucir el registro histórico: por ejemplo, el hecho de que durante siete décadas Estados Unidos ha encabezado al mundo en agresión y subversión, derrocando gobiernos electos e imponiendo despiadadas dictaduras, apoyando crímenes horrendos, socavando acuerdos internacionales y dejando estelas de sangre, destrucción y miseria.
Morgenthau dio respuesta a esas criaturas desorientadas. Académico serio, reconoció que Estados Unidos ha violado con consistencia su propósito trascendente, pero explica que oponer esa objeción es cometer el error del ateísmo, que niega la validez de la religión con fundamentos similares.
La realidad, sostiene, es el propósito trascendente de Estados Unidos; el registro histórico no es más que el abuso de la realidad.
En suma, el excepcionalismo y el aislacionismo estadunidenses vienen a ser variaciones tácticas de una religión secular, cuya fascinación extraordinaria va más allá de la ortodoxia religiosa normal en cuanto apenas si es posible percibirla. Puesto que ninguna alternativa es concebible, esta fe se adopta por reflejo.
Otros expresan la doctrina con mayor crudeza. Jeane Kirkpatrick, quien fue embajadora del ex presidente Reagan ante la Organización de Naciones Unidas, desarrolló un nuevo método para desviar las críticas a los crímenes de Estados Unidos. Los que se oponían a considerarlos meros tropiezos o ingenuidad inocente podían ser acusados del equivalente moral a afirmar que Estados Unidos no es diferente de la Alemania nazi o de cualquier demonio que esté en boga. Esta argucia ha sido usada en muchos casos para proteger el poder ante cualquier escrutinio.
Hasta la academia seria se amolda. Así, en el número más reciente de la revista Diplomatic History, el erudito Jeffrey A. Engel reflexiona sobre la significación de la historia para quienes trazan las políticas.
Engel cita Vietnam, donde, dependiendo de la persuasión política que se tenga, la lección es “evitar las arenas movedizas de la intervención –aislacionismo– o la necesidad de dar rienda suelta a los comandantes militares para que operen libres de presión política” al cumplir la misión de llevar estabilidad, igualdad y libertad destruyendo esos países y dejando un reguero de millones de cadáveres.
La cuota mortal de Vietnam continúa creciendo hasta el presente a causa de la guerra química que el ex presidente Kennedy montó allá, al mismo tiempo que aumentaba su apoyo a una dictadura asesina para un ataque en gran escala, el peor caso de agresión ocurrido durante las siete décadas de Obama.
Otra persuasión política es imaginable: una indignación como la que adoptaron los estadunidenses cuando Rusia invadió Afganistán o cuando Saddam Hussein invadió Kuwait. Pero la religión secular nos impide vernos a nosotros mismos bajo una lente similar.
Un mecanismo de autoprotección es lamentar las consecuencias de nuestras omisiones. Así, el columnista del New York Times David Brooks, al reflexionar sobre el deslizamiento de Siria hacia un horror semejante a Ruanda, concluye que el asunto de fondo es la violencia sunita-chiíta que destroza a esa nación.
Esa violencia, afirma, es testimonio del fracaso de la reciente estrategia estadunidense de retirarse y dejar una presencia ligera y de la pérdida de lo que el ex funcionario del servicio exterior Gary Grappo llama la influencia moderadora de las fuerzas estadunidenses.
Los que aún se dejan engañar por el abuso de la realidad –eso es, de hecho– podrían recordar que la violencia sunita-chiíta fue resultado del peor crimen de agresión del nuevo milenio: la invasión estadunidense de Irak. Y los cargados de memorias más ricas podrían recordar que en los juicios de Nuremberg se sentenció a criminales a la horca porque, según el tribunal, la agresión es el crimen internacional supremo, diferente de otros crímenes de guerra sólo en que contiene en sí mismo el mal acumulado del todo.
Ese mismo lamento es tema de un celebrado estudio de Samantha Power, la nueva embajadora de Washington ante Naciones Unidas. En Un problema del infierno: Estados Unidos en la era del genocidio, Power escribe sobre los crímenes de otros y nuestra inadecuada respuesta. Dedica una oración a uno de los pocos casos durante las siete décadas que podría calificar como genocidio: la invasión de Timor Oriental por Indonesia, en 1975. Trágicamente, Estados Unidos miró para otro lado, informa Powers.
Daniel Patrick Moynihan, quien la precedió en el cargo ante la ONU en tiempos de la invasión, vio el asunto de modo diferente. En su libro A dangerous place, describió con gran orgullo cómo llevó a la ONU a ser del todo inefectiva en las medidas que tomó para parar la agresión, porque Estados Unidos deseaba que las cosas resultaran de ese modo.
Y de hecho, lejos de mirar a otro lado, Washington dio luz verde a los invasores indonesios y les proporcionó de inmediato equipo militar letal. Estados Unidos impidió actuar al Consejo de Seguridad de la ONU y continuó prestando firme apoyo a los agresores y sus actos genocidas, entre ellos las atrocidades de 1999, hasta que el entonces presidente Bill Clinton marcó el alto, lo cual pudo haber ocurrido en cualquier momento de los 25 años anteriores.
Pero eso es mero abuso de la realidad. Es muy fácil continuar, pero no tiene caso. Brooks tiene razón en insistir en que deberíamos ir más allá de los terribles sucesos que tenemos a la vista y reflexionar en los procesos subyacentes y las lecciones que derivan de ellos.
Entre éstas, ninguna tarea es más urgente que liberarnos de las doctrinas religiosas que condenan al olvido los hechos de la historia y refuerzan de ese modo nuestros fundamentos para nuevos abusos de la realidad.
Noam Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, (Mass., EU). Su libro más reciente es Power systems: conversations on global democratic uprisings and the new challenges to US Empire. Interviews with David Barsamian (Sistemas de poder: conversaciones sobre levantamientos democráticos en el mundo y nuevos desafíos al imperio estadunidense. Entrevistas con David Barsamian)
Traducción: Jorge Anaya

sábado, 12 de octubre de 2013

12 de octubre: Día de la Resistencia indígena


Reflexionemos sobre nuestra herencia histórica



La identidad nacional cubana está actualmente desconectada de su herencia aborigen. Esa realidad explica por qué no pocos compatriotas vean el tema de la lucha de los hermanos indígenas en América, como algo muy justo, pero lejano. Así la propuesta del movimiento indígena de conmemorar el 12 de octubre como Día de la Resistencia, Dignidad, Rebeldía y Lucha, no se ha generalizado en el país, a lo que se suma que aún hay espacios donde persiste el mito colonialista eurocéntrico “ del descubrimiento realizado por el valeroso y tenaz Almirante Cristóbal Colón , el 12 de octubre de 1492”.
Es cierto que la ausencia de un núcleo poblacional indígena fuerte en Cuba y el Caribe de hoy, limita una acción cultural y política sólida, encaminada a rescatar los aportes a la historia de los primeros descubridores de nuestro archipiélago, pero la dificultad principal está en que la memoria histórica en lo fundamental, se basa en la construcción desde la época colonial, de una falsa conciencia que sustenta la extinción y desvalorización de la población indígena. Así la mayoría de los cubanos y cubanas no asumen sus antepasados indígenas, y perdemos la riqueza de incorporar toda la herencia cultural y cosmovisiva de no menos de siete mil años de historia.
Debemos explicarnos cómo y porqué, lo mejor del pensamiento y liderazgo intelectual y revolucionario cubano, siempre se sintió parte del movimiento de resistencia de los pueblos originarios. Hora es de rescatar los valores del indigenismo revolucionario de José Martí, Julio Antonio Mella, y Fidel Castro.
La presencia indígena
Las culturas indoamericanas, fueron severamente diezmadas por la criminalidad que acompañó la conquista y colonización española. Según afirmaciones del padre Bartolomé de las Casas, el costo mortal de la conquista para los habitantes de Cuba , Jamaica , Borinquén y las Antillas Menores fue de 3 millones de vidas, y solo para Quisqueya , consideraba una pérdida similar 1 . Independientemente de errores en una u otra apreciación de cálculo, el balance es brutal: De veinte a treinta millones de muertos en toda la región!”. En lugar del “encuentro de culturas y civilizaciones” que se ha intentado sustentar, la conquista y colonización fue, como señala Steven Katz el, el peor desastre civilizatorio y demográfico conocido en la historia de la humanidad 2 . Pero a diferencia de lo que comúnmente se ha repetido, la población aborigen en Cuba no desapareció ni fue completamente exterminada.
La sociedad excluyente y legalidad pigmentocrática y racista del colonialismo, que imponía como condición de movilidad y ascenso social la “limpieza de sangre”, determinó el “blanqueamiento” de numerosas familias de colonos, que tenían en su base materna lo indígena y, sus descendientes ya mestizados y transculturados, acompañaron la constitución de la sociedad criolla primero, y la formación de la nacionalidad después, para estar presentes en nuestro actual mosaico etno-sociológico.
No to do fue asimilación. Núcleos significativos de la población aborigen sobrevivieron hasta el siglo XIX, para constituirse en el grueso del primer campesinado cubano. Sus descendientes arribaron al siglo XX, con una presencia que fue documentada por cientistas del calibre de Manuel Rivero de la Calle y Antonio Núñez Jiménez. Hoy están entre nosotros, abriendo como cubanos y cubanas el nuevo milenio de retos y confirmaciones. Los he visto y disfrutado en pueblos de leyenda y heroicidad como Jiguaní, Yateras o El Caney, están en el honrado hacer del campo, en los seres emancipados y cultos de la Revolución, entre maestros y médicos, constructores e ingenieros, en la sonrisa alegre de niños y niñas, trigueños, de cuerpos robustos y bellos, vivaces, felices, en cualquier pueblo o ciudad.
Los genuinos descubridores del archipiélago cubano, nos legaron saberes, conocimientos sobre plantas y modos de cultivarlas y utilizarlas, con distintas funciones de alimentación y salud, así como una rica mitología conservada en la memoria colectiva, en costumbres y hábitos de la vida cotidiana. Está la presencia aborigen en la toponimia, comida, artesanías, arquitectura, creencias, música, fiestas, y espiritualidad popular. Muchos cubanos y cubanas, independientemente del color de su piel, no saben que también tienen lo indígena incorporado en su idiosincrasia, gestualidad y genes.
Hombres y mujeres de combate
El nervio emancipador que rescata el Día de la Resistencia Indígena, nos compulsa a repensar y precisar nuestra comú n historia. El tema adquiere una connotación sumamente actual, cuando hemos comenzado a celebrar en Cuba los 500 años de fundación de las primeras siete villas. No se puede olvidar que estas poblaciones nacieron en medio de la operación militar de la conquista, sobre la ruina de los cacicatos aborígenes, diezmados por el secuestro de sus pobladores para el trabajo forzado en las llamadas encomiendas, sometidos a extensas jornadas –“mientras había luz”- en los lavaderos de oro, apaleados y torturados, vejados con la esclavización sexual de sus mujeres, flagelados por enfermedades mortales portadas por sus verdugos 3 .
Los indígenas que habitaban Cuba, no fueron mansos ni se dejaron victimizar impunemente. En las encomiendas, en acto de rebeldía, no pocos optaron por el suicidio, se ahorcaban en grupos y con ellos a sus hijos. Muchos más optaron por enfrenar y combatir a aquellos demonios que habían asaltado sus vidas y sociedad. Estos hombres y mujeres iniciaron la tradición combativa de nuestro pueblo.
Cr istóbal Colón arriba a nuestras costas al día 27 de octubre de 1492. Al mes de estar explorando la isla de Cuba - el 27 de Noviembre-, el Almirante invasor recoge en su diario el primer encontronazo con los habitantes, que intentaron empuñando sus armas, impedir un desembarco por la hoy costa guantanamera. Como certeramente anotó Hortensia Pichardo este es el primer amago de resistencia de los indígenas en la Isla, y el primero que reporta Colón como cronista a su llegada a América 4 . Colón vuelve a encontrarse con indígenas en son de guerra el 3 de diciembre, pero en esta ocasión actúa con más inteligencia “ por manera que todos se apaciguaron” 5 .
En 1510, la primera batalla victoriosa de nuestros indígenas contra una tropa de invasores, dará desde entonces, el nombre de la bahía y provincia de Matanzas. El cacique Yaguacayex (o Guayucayex) , con la cooperación del cacique Habaguanex, trazó y ejecutó el plan de ataque contra los invasores 6 . Estos fueron nuestros primeros rebeldes.
La guerra de conquista
Cuando en 1510, el teniente Diego Velázquez invadió Cuba, encontró la fuerte resistencia de cacique Hatuey. De Maisí y Baracoa a Bayamo, se extendieron los combates. El 2 de febrero 1512, el cacique quisqueyano fue juzgado como sacrílego y rebelde, y quemado vivo 7 , tal como hacía la Iglesia Católica en la época, con los revolucionarios y hombres de ciencia y cultura europeos. Con Hatuey llegó a Cuba el concepto de cimarrón, de insubordinación y resistencia activa frente a los colonialistas. Desde entonces, los invasores nunca disfrutaron de paz 8 .
Los indígenas afrontaron con espíritu rebelde la represión y el asesinato de la conquista y ocupación territorial, que sucedió al asesinato de Hatuey. Matanzas como la realizada en Caonao (probablemente en las inmedia ciones de las actuales provincias de Camagüey y Ciego de Ávila), donde fueron acuchillados más de 2 mil hombres, mujeres y niños, con el único y bárbaro propósito de sembrar el terror, y paralizar la resistencia a los invasores, dejaron una memoria que mantuvo la constante hostilidad de los aborígenes. Luego de su fundación en 1515, Puerto Príncipe, la villa más cercana al trágico acontecimiento, fue objeto de sistemática hostilidad, ataca e incendiada.
El conocimiento sobre sus enemigos, costumbres y armamento, el saberlos hombres y mortales en lugar de demonios, hizo de la resistencia un hecho mucho más efectivo. A partir de 1520 en Cuba –y también en Quisqueya-, los documentos demuestran que los ataques de los aborígenes ganan en efectividad.
Entre 1522 y 1532 el cacique Guamá también en el oriente cubano, dio una dura pelea contra los encomenderos que explotaban y asesinaban a sus hermanos. Los vecinos de las villas y los hacendados vivieron en constante sobresalto. Ya entre los combatientes de Guamá estaban los cimarrones negros, los primeros esclavos africanos emancipados por rebelión 9 La resistencia a la conquista como subraya el arqueólogo cubano José Jiménez Santander , fue la primera guerra que los habitantes de nuestro archipiélago enfrentaron contra la dominación colonial 10 .
Diez años después de decretarse por el gobierno colonial en 1542, el fin de las encomiendas, aún los encomenderos en complicidad con la jerarquía de la Iglesia Católica en Cuba, se resistían a reconocer la libertad a los aborígenes. Entonces se les compulsó a vivir en pueblos de indios, con el incentivo de otorgarles algunas tierras realengas. Pero esta “paz” no impidió que en 1661 ante la escasez de esclavos, los vecinos de Santiago de Cuba, Bayamo y Puerto Príncipe, solicitaran al Rey hacer la guerra y esclavizar a los indígenas que se negaban a aproximarse a sus villas y se mantenían aislados en palenques, acompañados de negros esclavos fugitivos, petición que es satisfecha por el monarca.
Paradoja y reencuentro
Los terratenientes que dominaban los cabildos y la impartición de justicia, tratarían una y otra vez de arrebatar las tierras realengas otorgadas a los indígenas. El robo y la injusticia, pueden hallarse en los archivos que guardan los documentos más antiguos de la jurisdicción habanera de Guanabacoa. Esta situación se hizo crítica para los avecinados en San Luis de Los Caneyes, lo que los llevó a protagonizar en 1758 una rebelión 11 . La continua situación explosiva, hizo que el Rey Carlos IV interviniera en 1796 a favor de los indígenas de San Luis, en momentos en que se censuraba al protector de indios, por ser ese funcionario cómplice de los hacendados santiagueros.
Los conflictos con los terratenientes continúan 12 y la paradoja de ser el Rey, quien “protegiera” a los indígenas del acoso de los terratenientes criollos, sin dudas estuvo en la base de las relaciones clientelares que se establecen entre los indígenas, algunos campesinos peninsulares – como el líder oriental realista Pedro Garrido-, y la Corona española, y que explica la alineación de los “indios” en el bando colonialista al iniciarse la contienda independentista. Este por demás, fue un fenómeno que también se produce en otras regiones de América Latina.
Recién, en la excelente entrega del seri al histórico Duaba: La Odisea del Honor , muchos compatriotas conocieron de las unidades militares irregulares de indígenas, organizadas por el mando español recién reiniciada la guerra de independencia en 1895, y la oposición que realizaron estos combatientes al General Antonio Maceo y a los expedicionarios que desembarcaron por Duaba. Pienso que merita un esfuerzo de divulgación histórica, de libros y artículos, de seguro que una obra audiovisual tan apasionante como la que nos han hecho llegar el MINCULT, las FAR y la Televisión Cubana, para que también se aprecie la continuidad de aquella historia.
Fue precisamente Antonio Maceo, con su certero sentido de la unidad nacional, quién se propuso recolocar a los indígenas frente a su propia historia. Consciente de la trascendencia más que militar, política, de la alineación junto a los españoles de los descendientes de los pueblos aborígenes, el jefe mambí pidió a varios de los insurgentes que mantenían relaciones con familias indígenas, trabajar en la incorporación de estos a las filas independentistas. Fue Cristina Pérez, una criolla casada con Ramón Ramírez, un cacique menor, la que logró convencer a quienes estaban luchando en el bando equivocado. El éxito de tan brillante operación política, de profundo contenido ético, se concretó en la formación del Regimiento Hatuey. Ya el 31 de agosto de 1895, un centenar de indígenas estaba incorporado al regimiento, y el valor y destreza militar de sus integrantes decide la batalla de Sao del Indio. Estos combatientes terminaron la contienda insurrecta y legaron la leyenda que hasta hoy habla de los "guapos de Yateras" 13 .
Lo hispano
Conmemorar el Día de la Resistencia Indígena el 12 de octubre, no es un acto anti-español. Con la raíz étnica que se reconoce hispana, para identificar a los pueblos del actual Estado español, nos sentimos los cubanos y latinoamericanos íntimamente vinculados.
En medio milenio de colonia, de la Europa ibérica no solo llegaron los genocidas soldados de fortuna que masacraron y robaron a los pueblos originarios, y la plaga de comerciantes, jerarcas eclesiásticos, funcionarios monárquicos y burócratas ladrones que se enriquecieron con las relaciones colonialistas de explotación. También arribaron sujetos portadores de todo lo progresivo y laborioso que latía en los pueblos del Viejo Continente: campesinos y artesanos, intelectuales, maestros y artistas, hombres y mujeres de bien —no pocos sacerdotes y religiosas que como el padre Bartolomé de La Casas, dieron su aporte de entrega humanista y sabiduría—, campesinos y artesanos humildes, que hicieron de estas tierras su nuevo hogar, y con ello las convirtieron en el escenario de sus amores, pasiones, resistencias y luchas 14 .
El encuentro de culturas se dio definitivamente en la sociedad colonial de los siglos XVI y XVII, en la relación profunda con la España humilde, trabajadora, culta y popular, con las civilizaciones, culturas y naturaleza indoamericanas, con los negros esclavos y demás migrantes. La latinoamericanidad vista desde lo indoamericano, lo afroamericano y lo hispano, integra las principales raíces que fundamentan nuestra identidad nacional y regional.
Frente a la España feudalizante, del egoísmo monárquico, frente al anti héroe del pillaje; siempre estuvo –latente una veces, explícita otras- la España antifeudal y antimonárquica, junto al héroe del trabajo honrado y la cultura, no faltaron los que sin titubear, se incorporaron en el siglo XIX, a la causa de la independencia nacional.
Desde la ética y la ideología de la Revolución
La decodificación en clave de emancipación y dignificación humana, nos califica y cualifica el hacer y lo por hacer de la historiografía revolucionaria. De la mano de Martí procuremos privilegiar la historia real, y en vez de “descubrimiento” precisemos que se trató de una invasión. Que renunciemos a la neutralidad genérica del concepto viaje, y puntualicemos sobre las expediciones militares que organizó el Almirante invasor Cristóbal Colón. Así mismo debemos decodificar el mito fundador, y ratificar que no existió un “encuentro de civilizaciones y culturas”, sino un hecho de guerra de rapiña, de apropiación forzada y depredatoria del territorio y sus recursos naturales y humanos, que devino en genocidio y etnocidio.
Precisamente la afirmación sobre la extinción y/o desaparición de los aborígenes cubanos, y los apasionantes debates que sobre esta problemática se pueden sostener, tienen como incuestionable realidad histórica, la criminalidad genocida de los conquistadores europeos. También somos herederos de ese mundo colonial de injusticias y explotación que forjaron los hombres que simboliza el Almirante Cristóbal Colón. De lo que se trata es de saber a qué herencia renunciamos y cual reivindicamos.
Es necesario reconocer la impronta de las personalidades en la Historia, y para quienes trabajamos por un mundo mejor, resulta de particular interés estudiar el universo ético de los sujetos de y en la historia. Cristóbal Colón, sus capitanes y continuadores, fueron audaces e inteligentes soldados, líderes con la capacidad de fundar un nuevo orden de explotación colonialista en esta parte del planeta, que a su vez impactó y reconfiguró el mundo de entonces. En interés de ese orden desataron nuevas fuerzas productivas, fundaron villas, construyeron iglesias y conventos, importaron bienes y tecnología. Jugó un papel fundamental la ambición de victoria y riquezas que movía a aquellos hombres: Son los héroes de la acumulación originaria del capital, anti-héroes frente al humanismo y la dignificación humana.
Nuestros caciques e indígenas rebeldes, también fueron audaces e inteligentes soldados, líderes con capacidad de resistencia, que además de aprestarse a derrotar la tecnología y la experiencia militar de los invasores, tuvieron que vencer sus propios temores y limitaciones cosmovisivas, que si fueron malévolamente utilizadas por los europeos para aumentar su ventaja. Estos primeros rebeldes de América fueron héroes de los derechos humanos, de la emancipación.
Las interesantes polémicas acerca de la llegada por uno u otro puerto oriental, del Almirante invasor Cristóbal Colón, no puede dejar de significar para todos los implicados, que el 28 de octubre de 1492, marcó el acto militar de la ocupación del territorio poblado por nuestros antepasados aborígenes, y en tanto, de la imposición de la lógica egoísta del sistema de dominación del colonialismo europeo.
Con criterio político
El estado de la problemática historiográfica repercute directamente en decisiones concretas en política cultural, comunicacional y educacional.
Los padres de la patria, se fueron a la manigua en 1868, enarbolando el recuerdo rebelde de Hatuey, y desde entonces en Granma es tradición el recuerdo de honor, que ha quedado tangible en hermoso monumento. Hay que felicitar a los matanceros en su certeza de fijar en monumento y sobre todo en la memoria histórica local, la batalla de la bahía que recuerda la estirpe rebelde de sus antepasados indígenas. ¿Cuánto más nos falta? ¿Ahora en vísperas de la fundación de las primeras villas, hemos pensado en el nuevo monumento que merecen las víctimas del exterminio masivo del cacicato de Caonabo? ¿Dónde hacer el obelisco que recuerde esa primera resistencia del 27 de noviembre de 1492? ¿Nuestros primeros rebeldes atacaron con éxito Baracoa, Puerto Príncipe, y otras villas españolas, merecen estas acciones una tarja antes o durante los actos oficiales por los 500 años de fundación? ¿Se ha estudiado esta necesidad de expresión patria a escala de país?
¿Qué efeméride realmente merece que se destaque y honre, el día de protesta armada de noviembre, hasta ahora irrelevante en el universo comunicacional cubano, o el que se celebra generalmente para glorificar la llegada del conquistador? ¿Hasta cuándo el 2 de febrero 1512 y el recuerdo hermoso de Hatuey, va a ser solo un acto de historia local de los granmenses, que apenas merece unas pocas líneas de cobertura periodística?
Aún permanece en Cuba, dando su pelea de conservadurismo, el espíritu del Día de la Raza. Julio Antonio Mella hace 85 años, batió lanzas contra este espectro del colonialismo 15 . Ahora “la Raza” aparece metamorfoseada como “fiesta Iberoamericana”, pero la esencialidad de antaño se mantiene, con blasones y honores de conquista, y teatralidades que “reconstruyen”, el momento primigenio del desembarco del Almirante invasor “de rodillas” en la tierra que acaba de posesionar como propiedad europea! ¿Por qué no celebrar en Cuba, con mucha alegría, la sobrevivencia y el renacer comprometido de nuestros pueblos originarios, y también la presencia irredenta de Afroamérica, de los cimarrones indígenas y negros, que se unieron en la resistencia y el amor a la libertad?
La actual realidad educativa cubana es de sostenida recuperación y avances, y la enseñanza de la Historia constituye uno de los carriles por donde afortunadamente transita el perfeccionamiento. Pero sobre el tema aborigen y el legado combativo de los indígenas, aún es muy débil la propuesta historiográfica escolar. Un hecho sumamente significativo, es que ningún programa de estudios, desde la enseñanza general hasta la universitaria, presenta a los estudiantes y al púbico cubano, una sistematización histórica de la resistencia indígena a la conquista y ocupación.
La primera guerra colonial que se emprendió contra las comunidades aborígenes que poblaban Cuba, no se referencia como tal en nuestras escuelas y universidades. El sujeto de la historia es, en todos los casos, el conquistador español, y los hechos de armas de nuestros primeros rebeldes, a lo sumo se tratan minimizados y con una significativa inconexión.
Los estudios que sobre este tema se han realizado en el país, permanecen fuera del circuito masivo de distribución de la información científico-docente, y hoy solo constituyen rarezas bibliográficas en algunas bibliotecas. Hay propuestas muy serias del Instituto Cubano de Antropología, incluso premiadas como resultados de ciencia por la Academia de Ciencias de Cuba, que aún no se introducen.
La patria Nuestroamericana
Cuando reconstruimos el pasado, aprendemos de sus saberes, y no s autodefinimos como lo que somos, actuales herederos en este archipiélago de siete mil años de historia, realizamos un acto de universalidad, respeto e integración solidaria a esa parte-raíz de nuestro tiempo. Nos auto reconocemos en los esfuerzos revolucionarios que lideran los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, por recuperar la historia y el espacio, la dignidad, los derechos y recursos, que les fueron arrebatados a los pueblos originarios que conforman y enriquecen la vida de estas naciones.
El conocimiento de la historia de los pueblos indoamericanos que poblaron nuestro archipiélago, también nos sitúa en condiciones para interactuar en la complejidad del momento que vivimos, libres de visiones edulcoradas y facilismos. Entendemos por qué con frecuencia, la imagen que muchos indígenas tienen de sí mismos es de impotencia, miseria y abandono, lo que produce marginalidad, deterioro social y hostilidad. Comprendemos cómo tras quinientos años de opresión económica y enajenación ideológico-cultural, no está libre el mundo indoamericano actual, de peligros de mayor desestructuración, de arcaísmo y fundamentalismos, de las relaciones clientelares y el acecho de la demagogia y la manipulación política, de la presión del mercado y la ideología burguesa y egoísta hegemónica.
Veamos el Día de la Resistencia implicados en el cambio progresivo de los pueblos y sus circunstancias, en la historia que forjaron nuestros maestros internacionalistas junto a los misquitos, afines del pasado siglo, en ép oca de la asediada Revolución Sandinista, epopeya de alfabetización, ciencia, cultura y salud, recuperada hoy con nuevos educadores y médicos que trabajan junto a los hermanos nicaragüenses, que se ha multiplicado con la Alianza Bolivariana para las Américas-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), en las selvas y sabanas de la República Bolivariana de Venezuela, y los andes ecuatorianos y bolivianos, que llega a otros muchas comunidades aborígenes de centro y sur américa, y recién se abre a la Amazonía brasileña.
1 Hidefuji Someda: Apología e historia: estudios sobre fray Bartolomé de las Casas . Fondo Editorial PUCP , Lima, 2005, p 61-62.
2 Ver: Steven Katz : The Holocaust in Historical Context , (2 vols.), Nueva York, Oxford Universtity Press, 2003.
3 Así lo describe el padre Bartolomé de las Casas, un testigo excepcional. Ver: Bartolomé de las Casas: Historia de las Indias , Fondo de Cultura Económica. México. 1951, tomo III, p. 326
4 Hortensia Pichardo: El descubrimiento de Cuba. Relación del primer viaje de Cristóbal Colón, Documentos para la Historia de Cuba , Tomo I, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1971, p 23.
5 Iden Ant., p 27.
6 Bartolomé de las Casas: Historia de las Indias , Fondo de Cultura Económica. México. 1951, Tomo. IV, p. 31
7 Ver: César Rodríguez Expósito: Hatuey. El primer libertador de Cuba , Editorial Cubanicen, La Habana, 1944.
8 Ver: Osvaldo Morales Patiño: La rebeldía de los indocubanos , La Habana, 1946; Jorge Ibarra: “Las grandes sublevaciones Indias dese 1520 hasta 1540 y la abolición de las encomiendas”, en Aproximaciones a Clío , Editorial de Ciencias Sociales, Ciudad de La Habana, 1979; Felipe de J. Pérez Cruz: Los primeros rebeldes de América , La Habana, 1988
9 Ver: Juan Jiménez Pastrana: Guamá , Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1985
10 Ver: José Jiménez Santander: La guerra omitida. La guerra digna , Instituto Cubano de Antropología, La Habana, 2012 (inédito)
11 Olga Portuondo: “Una sublevación de indios en 1758”, en revista de la Biblioteca Nacional José Martí. La Habana, No 1, enero-abril, 1981, p. 199-204.
12 Juan Manuel Reyes Cardero: “La inserción del aborigen en la sociedad colonial santiaguera: el caso del pueblo indio de San Luis de los Caneyes”, en Ciencia en su PC, Revista electrónica editada por MEGACEN, Centro de Información y Gestión Tecnológica de Santiago de Cuba. Cuba, Santiago de Cuba, No 1, 2009, http://cienciapc.idict.cu/index.php/cienciapc/article/view/28/92. 13 Miguel Lozano: “Regimiento Hatuey: aporte indígena a la independencia cubana”, en Prensa Latina, marzo 23, 2011, http://martianos.ning.com/favicon.ico
14 Rosario Márquez Macías: La emigración española a América, 1765-1824 . Universidad de Oviedo, Oviedo, 1995.
15 Julio Antonio Mella: La fiesta de la raza, en Mella. Documentos y artículos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p 459-460.