Periodismo en tiempos macabros
Rebelión/Universidad de la Filosofía

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Ejercer el trabajo periodístico con la razón anestésica como editorial oculta, es traficar la ideología del amo a costa, incluso, de los intereses laborales del “periodista”. Se convierten en sirvientes de una máquina de guerra ideológica que cierra toda posibilidad de entendimiento crítico sobre las barbaridades que ocurren y sobre las barbaridades con que se “informa” al “público”, al “consumidor” o a la “audiencia”. Nunca a un interlocutor igual a quien se habla. Pero se hacen los “objetivos”, los “neutros”… ponen carita “inocente” y defienden como fieras su “derecho” a travestirse como seres informativos “autónomos” o “independientes”. Falacias todas de mercado con que se domestica una masa de profesionales que no pueden, que no quieren y que no se interesan por trasformar el mundo que, también a ellos, explota y aplasta.
Incluso en las “mejores intenciones”, hace falta una herramienta autocrítica muy ágil y muy penetrante. Nadie está a salvo si vive en las cloacas del periodismo mercantil acariciando la primicia que lo llevará a la gloria salarial y a la fama entre crápulas. Algunos codician reportajes sobre un buen muerto (o un grupo de ellos) jugoso en amarillismo y suculento para el morbo mediático. Otros anhelan un buen chisme, un episodio escandaloso donde la estrella sea el que pone el micrófono ente los protagonistas más convenientes a la lógica de raiting que calienta las pantallas para una tanda de publicidad postrera. A eso le llaman, orgullosamente, “periodismo”. Y se aplauden entre ellos y algunos de sus familiares.
A eso nos han acostumbrado en México, por ejemplo. A eso nos han sometido inconsulta e inclementemente durante décadas y más décadas. Los monopolios de la “información” atacan a los pueblos diariamente con sus metrallas de mentiras y “noticias” tendenciosas en las que nadie se salva de complicidad estructural y sistémica en la lógica de mercantilizar el horror. Como si fuese eso un logro profesional. Cada episodio macabro es presa de jaurías “periodísticas” que sale a carroñar su pedacito de gloria “informativa” arrancada de las fauces de la injusticia, la impunidad o el desamparo social. Y lo pasan por la tele.
No vamos a quedarnos callados ante este crimen de “lesa humanidad” no tipificado por las “convenciones éticas” ni de los “derechos humanos” de las oligarquías. No nos silenciarán las jaurías burguesas por más que nos ignoren o nos criminalicen por ejercer las capacidades y derechos democráticos de la critica social. No vamos quedarnos callados ante la barbarie del periodismos mercantil que a mansalva arrasa con la verdad y siembra su discurso miserable, mezquino y retrógrada para cobrar unos pesos y ganar palmaditas de sus amos. No vamos a quedarnos callados por el simple y llano hecho de que el silencio, en este como en muchos casos, nos hace cómplices.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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