Fabián Pena

Las barreras al desarrollo impuestas por los
países del norte en plena crisis de sus economías se aprecian nuevamente
a través de la información filtrada por Julian Assange en el borrador del capítulo de propiedad intelectual publicado por Wikileaks incorporado al Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP,
por sus siglas en inglés) que define y armoniza las reglas de
protección de derechos a monopolios empresariales en los 12 países
miembros del acuerdo. Los ideólogos del capitalismo depredador
incorporan en los tratados internacionales de libre comercio,
disposiciones relativas a cooperación, marcas, indicaciones geográficas,
patentes, derechos de autor y derechos conexos, diseños industriales y
regulaciones de limitación de las responsabilidades de los proveedores
de servicios de Internet.
Los laboratorios intentan extender el
plazo de vigencia de 20 años de una patente farmacéutica para
“compensar” los supuestos retrasos provocados en las oficinas o la
aprobación por parte de la autoridad sanitaria nacional de los permisos
sanitarios de comercialización de un medicamento o la demora en la
aprobación de los ensayos clínicos para su aprobación y puesta en venta
en el mercado. Las empresas del agro-negocio impulsan las leyes de
propiedad intelectual de las semillas para convalidar el uso y pago de
regalías sobre cultivos transgénicos cartelizados por Monsanto y
subsidiarias.

El
consenso requerido en el seno de los organismos especializados de la
ONU y las resistencias de algunos gobiernos que ven en la propiedad
intelectual un mecanismo de bloqueo de la economía local con destrucción
de riquezas y trabajo nacionales, hicieron que los EE UU y la Unión
Europea desarrollen una nueva estrategia de avance sobre las economías
de los Estados por fuera de los organismos internacionales que requieren
de consenso unánime para la aceptación de acuerdos de propiedad
intelectual indispensables en la nueva guerra económica emprendida por
las empresas transnacionales.
El TPP incluye los denominados
acuerdos ADPIC Plus, Plus II y III: nuevas imposiciones que en el caso
de las farmacéuticas Pfizer, Gilead; Glaxo, AstraZéneca, Bayer, DuPont.
Merck, Bayer tendrán una nueva oportunidad de ampliar sus mercados y
aumentar sus ganancias en los países que adhieran a este acuerdo y al
mismo tiempo golpear a las industrias farmacéuticas nacionales
productoras de medicamentos que en muchos casos representan menores
costos para los Estados y ciudadanos.
Por el lado de las
“industrias culturales”, las restricciones relacionadas con la libertad
de expresión, la transmisión de información y conocimiento, el
entretenimiento o la educación son impulsadas por la Alianza
Internacional para la Propiedad Intelectual (IIPA), una coalición de
corporaciones del sector privado norteamericano que representa alrededor
de 1.900 empresas productoras y distribuidoras de materiales protegidos
por leyes de copyright en los EE. UU, formada por la Association of
American Publishers (AAP), Business Software Alliance (BSA), The
Entertainment Software Association (ESA), The Independent Film &
Television Alliance (IFTA), The Motion Picture Association of America
(MPAA), National Music Publishers’ Association (NMPA) y Recording
Industry Association of America (RIAA).
Al mismo tiempo las
agencias de información de las principales potencias depredadoras
trabajando para las corporaciones, capturan por vigilancia electrónica
los secretos industriales y comerciales de las empresas y gobiernos para
cerrar la ecuación de apropiación de riquezas materiales e
intelectuales creadas de forma colectiva por nuestras sociedades a lo
largo de una historia marcada por la colonización del intelecto, que
ingresa en una nueva fase en su ruta de saqueo global y guerra
económica.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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