Existe una percepción general de que la situación de la humanidad no es buena, pues hay una acumulación de riqueza absurda en pocas manos dentro de un mar de miseria y de hambre. La situación en Brasil no es mejor. Vivimos perplejos por las maldades que se han cometido, anulando derechos de los trabajadores e internacionalizando riquezas nacionales que sostienen nuestra soberanía como pueblo. Los que dieron el golpe contra la Presidenta Dilma Rousseff tienen un plan de corte radicalmente neoliberal y están dispuestos a llevarlo hasta el final a costa de una crisis atroz y de la destrucción de cualquier horizonte de esperanza.